Cavó una zanja de un kilómetro de largo en su terreno para evitar que lo sigan usurpando


Una mujer, llamada María, y su familia, decidieron realizar una zanja de un kilómetro de largo y casi dos metros de profundidad en un terreno que tienen en Rafael Castillo, La Matanza, para evitar que los vecinos terminen de usurpárselos. Sucede que, desde hace dos años, un grupo de personas tomó un amplio sector del lote y estableció sus casillas.

El lugar, de aproximadamente 26 hectáreas, pertenece a los padres de María desde 1975. Allí llevaban a cabo un emprendimiento familiar: un criadero de pollos. Sin embargo, cerca de 300 familias ya se instalaron en alrededor de 20 hectáreas, toma que comenzó hace más de dos años. En consecuencia, para evitar que esa usurpación se extienda, como sucedió en Guernica, decidieron cavar una zanja extensa.

La excavación, que tiene un kilómetro de largo y dos metros de profundidad, le costó a los dueños 70.000 pesos.

 “Es una trinchera para que avancen. Lo hicimos para delimitar el terreno, para que no digan que no tiene dueño. Esto no estaba abandonado”.

Explicó María en una entrevista con el canal A24.

“Cuando la toma comenzó en 2018 la Policía no apareció y en la Fiscalía nos dijeron que iban a tardar seis meses, que tenían que censar. En ese tiempo, la toma se agrandó”.

Especificó e insistió:

 “Decidimos hacer esto porque no hay seguridad”.
En declaraciones a TN, la mujer contó que los usurpadores comenzaron levantando los alambrados y “fueron tomando la parte de atrás” del predio de 26 hectáreas. En agosto ella intentó junto a su hermano dialogar para que se vayan del terreno, pero la respuesta fue “una lluvia de piedras”. 

“Siempre están con armas, a mi hermano le abrieron la cabeza”.

Contó.

“No hay justicia. Es el mundo del revés. Está todo dado vuelta. Es increíble que, teniendo un título de propiedad, siendo dueño, tengo que llegar a esto que tampoco es gratis porque tuve que pagarle a una empresa 70 mil pesos para que lo haga”.

Agregó María.

A su vez contó que sus vecinos también temen que les roben o que se metan en sus propiedades. La situación es de permanente tensión. 

“Todos en la zona empezaron a hacer zanjas, estamos esperando que el Estado responda. Esto te saca salud, sueño, te genera impotencia y enojo”.
Manifestó.

“Hay noches que no dormís pensando en que no me lo van a devolver. Si es mío, ¿Cómo puede pasar esto? Es muy triste”.

Lamentó frustrada. María pidió que venga una custodia para cuidar la porción de terreno que pudo resguardar con la zanja. No obtuvo respuesta ni del Municipio de La Matanza ni de la Justicia.

“Por internet salen los terrenos a la venta”.

Exclamó. Ella misma lo comprobó porque llamó para preguntar y, como no volvió a comunicarse, la llamaron nuevamente para bajarle el precio. Ni más ni menos que el precio de su propio terreno. 

“Es muy triste vivir así”.

Sostuvo.

 

La zanja divide el terreno que está ocupado del que la familia de María aún mantiene bajo su control. En las imágenes aéreas se puede divisar cómo la gente construyó sus casillas en el terreno que quedó detrás de la zanja y que también le corresponde a sus dueños.
“Quiero que me restituyan mis cosas; es un sostén, es mi vida”.

Lamentó indignada.

María contó el intercambio que tuvo con una de las usurpadoras de su terreno: 

“¿Cuándo se van a ir?”, le preguntó insistente la propietaria. “El día que venga el desalojo nos vamos a retirar tranquilamente”, respondió la ocupa. 

Hasta el momento la Justicia no actúa.



Publicar un comentario