80 años no son nada: Sara es bisabuela y vendió todo para recorrer el mundo en motorhome


‘Lo de Sara’. Así se llama el hogar de cuatro ruedas de Sara Vallejos (82).

Un poco antes de cumplir ocho décadas de vida, esta bisabuela vendió su casa, su auto, y se compró un motorhome para recorrer Latinoamérica. 

“No podía quedarme con lo que tenía, para mí eso era poco. Así que me propuse un proyecto de vida y salir a la aventura”.

Dijo después de haber hecho más de 75.000 kilómetros manejando por las rutas.

La pandemia llegó para poner en pausa todos sus kilómetros rodados. No así sus ganas de descubrir el mundo.

“Esto sí que no me lo esperaba”.

Reconoció con respecto al coronavirus. Pero desde la casa de su hijo en Yerba Buena, San Miguel de Tucumán, no deja atrás su positivismo característico.

“Hay que ponerle buena cara al momento y pasarlo...todavía queda mucho por delante”.

Hasta cumplir sus 44 años, Sara hizo todo lo que se esperaba de una “mujer de mi época”.

Recordó.

 


 


“Me casé joven, tuve a mis tres hijos: los eduqué, les cociné, les planché... y cuando partieron a la universidad, me encontré sola ...”. 

Lejos de quedarse en casa optó por empezar una carrera profesional.

Se anotó en la facultad para poder salir a trabajar.

“Hice el profesorado de inglés en cuatro años. Me recibí, conseguí trabajo y armé un grupo formidable para coordinar el área de estudio del departamento de inglés de una escuela de San Miguel. Fueron años gratificantes en lo personal y laboral”.

Señaló.


Lo que siguió fueron años de trabajo, y un gran crecimiento en todos los aspectos de su vida. Hasta que otro hecho vital le hizo replantear su camino.

“Decidí separarme después de 45 años de casada, y me volví a preguntar: ¿ahora qué hago?”.

Ya jubilada en 2012, Sara hizo de todo: viajó, paseó, incursionó en la gastronomía con un restaurante en su casa, luego tuvo una librería rodante, hasta un delivery de viandas light. Pero no le alcanzaba.

“Veía a mis amigas o compañeras en casa mirando la tele o leyendo. Eso era poco para mí. Amo a mi familia, a mis hijos, mis nietos y mis bisnietos, pero necesitaba tener un nuevo norte”.

Fue así que, sin pensarlo mucho, se propuso “dar la vuelta por Latinoamérica en motorhome”. 

Reunió a su familia para comunicarles que había tomado una decisión. Quedaba vender lo que tenía para comprarse la casa rodante. Antes de cumplir 80 años, se aventuró sin brújula ni destino.

El amor por los motores es heredado. Viene de su padre, también muy curioso. 

“Desde chica me enseñó a manejar y me mostró el funcionamiento de los autos. Por eso entiendo bastante de mecánica”. 

Siempre manejó un auto chico, y ahora domina a este gigante.

El proceso para encontrar la camioneta -cuenta en la charla con Infobae- fue rápido y casi instantáneo.

 “La vi, la elegí por internet, y la pagué. Al poco tiempo llegó en barco a Montevideo”.

Viajó a buscar su nuevo hogar hasta Uruguay con un matrimonio de amigos y su hermano.

“Estaba lista para andar. Me subí, me puse el cinturón de seguridad y partimos sin rumbo, adonde nos llevara el viento. La idea era estar dos o tres meses en la ruta. En total pasaron casi ocho”.

Reveló.



El recorrido incluyó Brasil de punta a punta. Sara es la única encargada de manejar, solo unas pocas veces cedió el volante. 

“No planifico nada, nunca sé que voy hacer al día siguiente.
Mi mapa de ruta depende de muchas variables como el clima, la compañía y el estado de ánimo. En el camino voy buscando amigos, haciendo otros, y se va subiendo gente”. Esté donde esté, no le faltan visitas: el vehículo admite hasta cuatro personas.


En la frontera con Venezuela decidió emprender la vuelta a la Argentina. 

“no tenía por donde seguir así que tomé la ruta para navegar por el Amazonas, luego exploramos Bolivia, Perú, Uruguay.”.

De la Argentina conoce las 23 provincias y la Capital. En estos dos intensos años, ya hizo casi 100 mil kilómetros.

-¿Cómo financiás esta aventura?

-No soy rica. Pero vendí mi casa, que era bastante grande, y ahí me quedaron ahorros. Ojalá pudiera hacer la cuenta de cuanto voy a vivir para administrar lo que me queda. En lo que más gasto es en combustible. También cuento con mi jubilación, no me doy grandes lujos, En este tiempo he aprendido a vivir en forma austera y desapegada de lo material, porque en la motorhome entra lo justo y necesario. Nada extra.

 

 





-¿Tu amigos y familia te frenaron antes de partir?


-Sí. Te llenan de miedo, de sus miedos ¡Imagináte si les hubiera hecho caso! Una vez fui a dar una charla a un geriátrico, días antes de salir. Les presenté mi aventura. y un señor me interrumpió para preguntarme cómo iba a cambiar las gigantescas ruedas cuando se me pinchen... Lo miré, y le respondí: ‘No sé, pero lo resolveré ahí'. En estos años jamás se me pinchó una rueda. Me pasaron cosas que solucioné.


Las anécdotas de viaje -que a esta altura son incontables- las registra siempre el copiloto (si es que va acompañada) o lo hace con la cámara de viaje que tiene y en sus diarios. En este momento de pausa, le dedicó tiempo a recolectar sus experiencias en su libro.

“Tengo tantas historias que las volqué en papel. Ya está el libro impreso, a la venta. Tiene como novedad la posibilidad de escanear el código QR y ver videos inéditos”.

 


 



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