El gesto solidario que hizo nacer una gran amistad

En el barrio porteño de Caballito tiene lugar una ejemplar y conmovedora muestra de amistad, que no entiende de diferencias materiales ni pasados, y que se construyó en base a la solidaridad. Sus protagonistas se conocieron en la calle, porque uno la transita diariamente para cumplir con sus compromisos laborales, mientras que el otro encontró allí un lugar para vivir, dado que sufre todo tipo de carencias.

Ello motivó al primero a preocuparse por el hombre sin techo, y dicha inquietud motorizó un vínculo por el cual ambos no pueden imaginarse sin el otro. Dicen que las casualidades existen por algo, otros prefieran llamarla causalidad, lo cierto es que las dos consideraciones sirven como argumento de ese cambio de trayecto que empleó José Loizaga camino a su lugar de trabajo.

Tomó la avenida Rivadavia, en la zona de Primera Junta, y en su recorrido observó a Alfredo y Rafael, quienes vivían frente a un negocio de electrodomésticos. Su situación le llamó la atención.
"Los empecé a saludar a la mañana y a la noche para establecer un vínculo. Un día me detuve y les ofrecí ayuda. Entonces me cuentan que Rafael necesita un bastón. Por eso, hicimos un video difundiendo esa necesidad, y a los pocos días se lo conseguí".
Señaló Loizaga.

Esa acción despertó una confianza entre el indigente y el vecino, principalmente impulsada por la preocupación que reflejó el joven. Ello permitió que Rafael, de 50 años, le transmitiera su deseo de tener un teléfono celular para comunicarse con su hermana, que constituye el único lazo familiar que le queda.

Un pedido que le fue concedido por la participación de una mujer llamada Luciana, quien se contactó con Loizaga luego de que hiciera diferentes publicaciones en sus redes sociales.

Un lazo cada vez mayor

A su vez, las charlas entre los nuevos amigos comenzaron a frecuentarse y profundizarse. En este sentido, Loizaga reconoció:
"Él me agradece las conversaciones, pero yo me siento muy gratificado porque aprendo mucho". 
En esos encuentros experimentaron diferentes emociones, como tomar conocimiento de que a ambos les gusta leer libros de José Ingenieros.

Más allá de los buenos momentos que compartieron, en una ocasión Rafael manifestó una cruda revelación:
"Un día me contó que perdió a sus seres queridos, pero le dejé en claro que no había perdido todo y le dije que yo lo quería". 
Hace cinco años que este hombre se encuentra en situación de calle, en parte consecuencia del dolor irreversible que le generaron las pérdidas de sus afectos.

Producto de una úlcera en una pierna, pasa sus días sentado en una silla, en la que también duerme, tapándose con una frazada, y sólo se levanta de ella para hacer sus necesidades y bañarse en una estación de servicio, a cambio de cuatro pesos.

Su amistad con José comenzó a fines de mayo pasado, y en poco tiempo generaron una fraternidad que se cristaliza en el cambio de semblante del hombre en situación de calle, quien antes mantenía la cabeza gacha y ahora la levanta cada vez que ve a su nuevo amigo, con una sonrisa.

Por eso para este lunes José ya tiene planificado detenerse en el local de electrodomésticos, pedir la cena y mientras la esperan entablar un nuevo y enriquecedor intercambio de pareceres y vivencias.

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