MAR DEL PLATA: Le daba de comer a 150 vecinos y le robaron hasta las ollas

En una pequeña muestra de humor que le surge a Susana Figueroa en medio de la angustia, debe estar la raíz de su fortaleza para llevar adelante un comedor comunitario en uno de los barrios más humildes de Mar del Plata.

El miércoles entregó 150 viandas, pero quizá ya no pueda seguir abriendo sus puertas. Durante la madrugada del sábado, ladrones lo desvalijaron, se llevaron desde bolsones de alimentos y garrafas hasta los enseres de cocina.

Al llegar este sábado al comedor, ella y sus colaboradoras descubrieron que habían roto la puerta a patadas y que se habían llevado todo, hasta la bomba de agua que habían instalado y cuya perforación estaba dentro de la edificación, precisamente para que no se la robaran.

"Acá no hay agua corriente, es agua de pozo, tener una bomba es fundamental y es algo caro que nosotros no podemos pagar", explicó la mujer.
 Cuenta que en los últimos días estaba llegando cada vez más gente al comedor, "gente que tenía trabajo y que hoy tiene que venir a golpear la puerta con un tupper en la mano, gente que la pasa mal, que vive al día".

Al comedor va a buscar la vianda gente del barrio que se ofrece para cortar el pasto, changarines, cartoneros: "Muchos viven del predio, pero hoy está cerrado, reciclan cosas, comida, lo que pueden".

Se refiere al predio de disposición final de residuos de la ciudad, del que el comedor se encuentra muy cerca. Por la cuarentena, el predio está cerrado y tanto trabajadores formales como informales no pueden ingresar.
Desde hace cuatro años, todos los días, dos equipos de una decena de mujeres se reparten tareas, no solo en la cocina: "Tenemos huerta, roperito, merendero, guardería, hacemos mucho, hacemos el incansable trabajo de ponernos en el lugar del otro, porque a veces no solo es dar, también es escuchar, contener".

El comedor se encuentra en el barrio Santa Rosa del Mar, en las calles 431 y 38. De un lado tiene al predio de basura, del otro a uno de los barrios privados más grandes y coquetos de Mar del Plata, Rumencó.

"Siempre digo, como un chiste, que estamos al lado del barrio privado que tiene todo, y nosotros estamos privados de luz, agua, de un colectivo saludable, no uno hecho pedazos que pasa cada dos horas, y ahora también privados de seguridad".

De momento, lo único que consiguió Figueroa para el comedor es que el lunes un camión de Obras Sanitarias le lleve agua para cargar su tanque, nada más: "Ninguna autoridad llamó, nadie de la municipalidad, de donde nunca hemos recibido ayuda, ni cuando estaba Arroyo ni ahora con Montenegro", aseguró.  

Se quiebra al contar lo que siente, solloza: "Es impotencia, una angustia muy grande, cuando llegamos y vimos todo tirado se nos rompió el corazón. Llamó mucha gente conmovida, por eso tenemos fe que en algún momento nos den una mano".



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