
Hay encuentros que parecen pequeños en el momento en que suceden, pero terminan marcando una vida entera. A veces, el amor aparece donde menos se lo espera, entre desconocidos que comparten una emoción, una alegría o una experiencia difícil de explicar.
Para Claudia y Lorenzo , aquella coincidencia se convirtió en el comienzo de una historia que atravesó los años, los desafíos y la construcción de una familia. Hoy, con la misma fe que los unió, esperan volver a vivir una experiencia que guarda un lugar muy especial en sus recuerdos.
Ella tenía 18 años, él 22 y ambos eran estudiantes de Ciencias Económicas cuando se sumaron al voluntariado que organizaba la recepción del papa Juan Pablo II en Córdoba . Compartieron el mismo equipo de trabajo, se conocieron mientras preparaban los cordones humanos para el paso del papamóvil y, sin imaginarlo, dieron el primer paso de una historia que los llevaría al matrimonio y a formar una familia .
“Estábamos en el mismo grupo en el puente Santa Fe. Al día siguiente nos tocó estar al frente de la Catedral de Córdoba, donde iba a estar el Papa”, recordó Claudia en diálogo con TN .
La coincidencia fue más allá de aquella tarea: los dos estudiaban la misma carrera y con el correr de las horas encontraron varios intereses en común. Después de ese primer intercambio comenzaron a hablar y a conocerse. Para ella, aquel acontecimiento fue mucho más que una experiencia religiosa. “Fue el momento del encuentro, la llegada del Papa, que permitió todo. Yo siempre digo que todo esto da paso a conocer personas, no para que sea tipo app de citas , sino para ver a gente que piensa como vos, para generar vínculos lindos”, contó.
La emoción de aquellos días también quedó grabada en la memoria de Lorenzo. “Después de la venida del sumo pontífice, uno queda encendido en la fe . Recuerdo estar gritando, todos juntos, todos saltando, una fiesta”, describió. Claudia coincidió con esa imagen y resumió el clima que se vivía: “Era un clima de alegría”.
La llegada del Santo Padre los había unido en una experiencia difícil de olvidar. “Eso te hace decir: ‘Che, esto lo vivimos juntos y estuvo lindo’ ”, recordó Lorenzo.
También conservan imágenes muy nítidas de aquel paso del Papa por Córdoba. Claudia contó que verlo recorrer las calles en el papamóvil fue impactante: “La primera vez que lo vimos, pasó sobre el puente. La imagen de él era un santo, todo el mundo se quedaba impactado. Generaba algo muy especial su presencia. El clima de fiesta, la alegría de la gente transmitía, contagiaba. Era increíble, yo lo disfruté enormemente”.
Después de la visita papal, desde el Arzobispado propusieron aprovechar el entusiasmo que había generado la experiencia para formar un grupo de universitarios. Hubo algunas reuniones, aunque la iniciativa duró poco. Sin embargo, el vínculo entre Claudia y Lorenzo ya había empezado a tomar otro rumbo.
Una fiesta de cumpleaños fue el escenario del siguiente acercamiento. La hermana de Claudia organizó una celebración sorpresa, invitó al hermano de Lorenzo y él aprovechó la oportunidad para sumarse, aunque no estaba convocado.
“Fue la primera vez que empecé a activar la relación”, recordó él entre risas. El 20 de julio, por el Día del Amigo, también dio otro paso para acercarse a ella y sumar un nuevo episodio.
Para aquel entonces, Claudia no tenía teléfono, motivo por el que los encuentros eran presenciales. De a poco se sumaron las salidas al cine, los paseos. Lo que había nacido durante una jornada de voluntariado se transformó en un noviazgo que duró tres años.
En 1990 se casaron . Desde entonces, la fe y las actividades comunitarias siguieron ocupando un lugar central en sus vidas. Claudia dirigía un grupo juvenil de adolescentes y organizaba campamentos. Lorenzo comenzó a acompañarla y se sumó a las tareas parroquiales, entre otras cosas, trasladando los elementos necesarios para esas actividades con su auto. Cuando llegó el casamiento, el coro estuvo integrado por los jóvenes que participaban del grupo de Claudia.
Con el tiempo llegaron sus hijos. Tuvieron a Lorenzo, Florencia y Ángeles. También vivieron la pérdida de Josefina, que falleció al nacer. Pero entre los tiempos de alegría y tristeza, aseguran, siempre se mantuvieron unidos. Y hoy, mientras disfrutan de una nueva etapa familiar, esperan la llegada de su primer nieto : Florencia está embarazada.
Al mirar hacia atrás, Claudia considera que uno de los pilares de su matrimonio fue haber enfrentado juntos cada etapa, tanto las felices como las más dolorosas. “Hemos tenido momentos fantásticos y momentos muy dolorosos, pero yo creo que lo que nos fortaleció siempre es que hemos funcionado como equipo . Siempre hemos sido dos, tirando para el mismo lado. Lo que importaba es que éramos una familia”, reflexionó.
Lorenzo también destacó esa idea de equipo, que se mantuvo a lo largo de los años y que hoy se refleja en la relación con sus hijos. Para ambos, los vínculos que construyeron alrededor de la Iglesia fueron otro sostén importante. “Tenemos un grupo de matrimonios con el que siempre nos reunimos y te ayuda a vivir, a compartir las cosas. La vida tiene muchos desafíos, momentos difíciles, pero cuando los compartís es más fácil ”, añadió Claudia. Además, hoy viven frente a una parroquia, un espacio que sigue formando parte de su vida cotidiana.
La relación también se alimentó de las cualidades que cada uno reconoce en el otro. “En la vida hay tiempo para todo, vas madurando y disfrutando cosas diferentes. Cuando sos joven hay más fuerza y empuje, pero algo que siempre rescato de Lorenzo es que es muy alegre, optimista y contagia. Hace que la vida sea muy fácil y fluida, consagra siempre esa alegría y buen humor”, contó ella. “Y Claudia siempre tiene mucha fuerza e iniciativa para todo, para emprender cualquier cosa ”, agregó él.
Con los años también llegaron nuevos desafíos y otra manera de disfrutar el tiempo juntos. El año pasado hicieron su primer viaje solos, tras la partida de todos sus hijos de la casa familiar, una experiencia que Lorenzo definió como el comienzo de una etapa diferente. “Fue un desafío y lo disfrutamos un montón”, dijo.
Los dos son contadores y también encuentran en las actividades solidarias y religiosas una forma de compartir. Participan de algunos retiros y suelen ayudar a otras personas a organizarse en cuestiones económicas. Para ellos, colaborar implica tanto dar como recibir. “Te vas feliz porque vos vas a colaborar y, en definitiva, a recibir un montón. Por eso creo que es muy importante hacer cosas juntos y te une muchísimo. En la Iglesia hay muchas cosas para hacer juntos”, sostuvo Lorenzo.
Claudia, por su parte, no duda cuando le preguntan si volvería a elegir el camino que recorrieron: “Siempre hemos actuado en función de lo que creíamos. Si tuviera que vivir de nuevo, yo volvería a elegir la vida que tuvimos y cómo hicimos las cosas”.
La próxima visita papal los encuentra en otro momento de sus vidas, pero con el mismo entusiasmo que los llevó a participar del voluntariado cuando eran jóvenes. Esta vez, Claudia y Lorenzo volverán a colaborar, aunque desde otro lugar: serán ministros de la comunión , es decir, ayudarán con la distribución de la Eucaristía durante la misa.
“Estamos felices con la visita de León. La de Juan Pablo II fue muy buena, contagió mucha felicidad, trajo alegría y estamos seguros que esta vez va a ocurrir lo mismo. Siempre pensamos que, si venía, íbamos a ir”, sostuvo Claudia.
La convocatoria, además, tiene para ellos un sentido que va más allá de cumplir una función. Quieren que otras personas se animen a participar y puedan experimentar lo que significa compartir una celebración de estas características. “Hay que ir, son cosas que no te podés perder en la vida . El espíritu que se vive en esas misas es contagioso, hay que vivirlo”, alentó Claudia. Lorenzo también aprovecha cada oportunidad para invitar a quienes conoce: “A cada uno que veo le digo: ‘Vamos’”.
En sus reflexiones sobre esta nueva visita, los dos coinciden en que el mensaje de los pontífices sobre la paz y la unión tiene una importancia especial. Lorenzo recordó que Juan Pablo II era conocido como el mensajero de la paz y consideró que León XIV también transmite ese mensaje.
“Nos hace falta un poco más escucharnos el uno al otro” , señaló. Y puso como ejemplo la propia relación con Claudia: “No es que seamos iguales, cada uno tiene su forma de pensar, pero nos escuchamos y eso genera una sinergia que da un resultado mucho mejor que separados”.
Claudia también expresó su deseo de que la visita sea una oportunidad para el país: “Para todos es una felicidad enorme. Yo creo que a la Argentina le hace falta un momento de alegría, felicidad, paz, unión, compartir, vivirlo. Es importante alimentar la fe, participar. Para todos nosotros es una nueva oportunidad”, expresó.
Al final, cuando vuelven sobre el origen de su historia, no dudan en agradecerle a aquel acontecimiento que los reunió cuando apenas eran dos jóvenes universitarios. “Le damos gracias a Juan Pablo, que nos dio la oportunidad de conocernos” , dijeron.
Hoy, con una vida compartida, una familia que creció y nuevos proyectos por delante, Claudia y Lorenzo se preparan para volver a encontrarse con esa experiencia que los unió por primera vez. Para ella, el sentido más profundo de este encuentro está claro: “La verdadera historia es que nos visita Dios y que hay que participar y disfrutar”.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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