
Los perros son animales que durante años se incorporaron a las familias hasta convertirse, en muchos hogares, en un integrante más. Sin embargo, para Nei Fuentes , educadora y divulgadora canina , existe un aspecto del comportamiento animal que puede pasar inadvertido: algunos perros sufren estrés durante períodos prolongados sin mostrar conductas que llamen la atención de sus dueños.
Así lo explicó Nei Fuentes , educadora canina que acompaña a familias con perros que presentan miedos o dificultades de conducta. La especialista señaló que muchas veces las personas buscan ayuda cuando aparecen comportamientos que afectan la convivencia, aunque antes hayan existido señales de malestar que pasaron desapercibidas.
“Hay dificultades muy silenciosas, que se normalizan con facilidad: perros que evitan, se quedan congelados, jadean sin necesidad real de regular la temperatura, están en hipervigilancia constante o viven en un estado de estrés sostenido que se confunde con mucha energía o necesidad de actividad”, explicó Fuentes.
La especialista advirtió que no todos los perros que atraviesan un malestar emocional ladran, rompen objetos o generan conflictos . Algunos, por el contrario, parecen tranquilos porque evitan determinadas situaciones, se quedan inmóviles o permanecen constantemente atentos a lo que ocurre a su alrededor.
El problema, según Fuentes, es que muchas de estas conductas se interpretan como características de la personalidad del animal o como una necesidad de gastar más energía. Sin embargo, pueden indicar que algo del entorno le resulta difícil de gestionar y que necesita mayor acompañamiento.
Entre las señales que menciona la educadora canina se encuentran evitar determinadas situaciones, quedarse congelado, jadear sin que haya calor o ejercicio que lo justifique y permanecer en un estado de alerta constante.
Estas manifestaciones deben observarse en contexto, ya que una señal aislada no alcanza para determinar que un perro sufre estrés . El jadeo, por ejemplo, también puede relacionarse con el calor, la actividad física, el dolor u otros problemas de salud.
Por eso, es importante prestar atención a los cambios de comportamiento y a las situaciones en las que aparecen. Un perro que empieza a evitar los encuentros con otros animales, se muestra incómodo durante los paseos o tiene dificultades para descansar puede necesitar una evaluación más detallada de su entorno y sus rutinas.
En la entrevista, Fuentes también explicó que las conductas más visibles suelen ser las que llevan a las familias a consultar. Entre ellas se encuentran la reactividad hacia personas u otros perros, los gruñidos, los miedos intensos y las dificultades para quedarse solo.
Uno de los puntos centrales que plantea Fuentes es que un perro inquieto no necesariamente necesita más actividad física. En algunos casos, puede estar sobreestimulado, emocionalmente desbordado o expuesto a situaciones que le generan inseguridad.
La especialista sostiene que el comportamiento debe analizarse teniendo en cuenta el contexto, las necesidades del animal y aquello que está intentando comunicar. Desde esa perspectiva, corregir una conducta sin comprender qué la provoca puede empeorar el malestar en lugar de resolverlo .
Por ejemplo, si un perro se muestra incómodo ante otros animales, obligarlo a acercarse o castigarlo por reaccionar no necesariamente hará que se sienta más seguro. Lo indicado es respetar sus señales, identificar qué situaciones le generan tensión y buscar orientación profesional si el problema se repite.
Fuentes remarcó que, cuando el malestar se detecta a tiempo, es posible trabajar sobre el entorno y acompañar al perro de una manera más adecuada. Si las señales aparecen de forma persistente o se producen cambios repentinos en su conducta, conviene consultar con un veterinario y, según el caso, con un profesional especializado en comportamiento canino.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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