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Las nuevas tendencias para desconectarse: hacer cerámica, pintar y restaurar muebles con las propias manos

“ Sentía que terminaba el día corriendo atrás de todo lo que tenía que hacer , y que no me había dedicado ni un solo minuto. Me costaba dormir, sentía el cuerpo completamente acelerado. Entonces le hice caso a una amiga y busqué algo que me gustara, que no sea una nueva obligación, que sea disfrute, y empecé un taller de cerámica . Ya pasaron tres años desde entonces y no me arrepiento, espero ese momento de la semana porque sé que me calmo”, cuenta Daniela, profesional, mamá y esposa.

Su caso no es una excepción; cada vez crece más el interés por participar de talleres que impliquen creatividad y hacer cosas con las manos: cerámica, restaurar muebles, ilustración y más.

Y no solo tiene que ver con parar la pelota, también muchos buscan rodearse de belleza, y hacerlo a un costo posible : “Me la pasaba guardando fotos en Pinterest, hasta que me decidí a intervenir un mueble que era de mi abuela. No tenía presupuesto para comprar una cómoda nueva, y el proyecto me gustó. Entonces busqué ayuda, y ahora descargo energía lijando o pintando”, se ríe Sabrina, que ya renovó 5 muebles de su casa.

De esto sabe Julieta Giannitti, restauradora y recicladora de muebles, fundadora del taller Petiribí. Ella se acercó a esta actividad a modo de terapia en acción ya en la adolescencia y volvió siendo adulta , y hoy recibe a personas interesadas en recuperar piezas de la familia, pero también que buscan un momento para frenar sus rutinas.

“Mi mamá reciclaba muebles, así que cuando era adolescente la acompañaba cebándole mate. Cuando terminé el secundario no sabía bien qué hacer, y mi mamá me dijo: ‘venís al taller conmigo ”, y la pasé bárbaro con ese grupo de mujeres. Más tarde, tuve una crisis laboral y volví a restaurar como hobby, hasta que una amiga me impulsó a dar clases”, resume Julieta.

Es clara al contar lo que buscan quienes llegan a su taller: “quieren concentrarse. Hacer con las manos te pone en el presente, es como una meditación activa . Poner en valor una pieza puede llevar muchas clases, y al principio cuando vas aprendiendo las técnicas estás muy enfocado y después vas contactando con el entorno. Son mujeres que se encuentran, se hacen amigas. Uno de los grupos salen, hacen actividades que trascienden al taller. Es bueno ver cómo se apropian del lugar, otro grupo, por ejemplo, hacen picadas al final de cada clase”, cuenta esta docente.

Similar es la experiencia de Lari González Garay, fundadora del taller de cerámica Liebre de Marzo. “ La cerámica implica un proceso que es paciente, lento . No te llevás las cosas a tu casa en la primera clase. Acá llegan personas que buscan un poco de desconexión, bajar un cambio; también maternidades colapsadas que quieren un espacio propio, un refugio. Algunos alumnos ni traen celular, algunas mamás vienen con sus bebés”, cuenta la ceramista.

“Es increíble ver cómo llegan con la euforia de la inmediatez y a medida que avanzan en las clases van bajando. Aprenden a hacer cada pieza bien, disfrutando cada paso . Incluso, surgieron emprendimientos. También nos pasa que muchos hijos nos llaman para anotar a sus mamás que ya son adultas mayores”, suma González Garay.

“ A veces todo lo que necesitamos es desacelerar . Y este tipo de procesos, de técnicas, de propuestas son una invitación perfecta para lograrlo. Vivimos en un mundo en donde todo pareciera ser urgente, que nos abruma, que nos hace vivir a una velocidad desenfrenada. Pintar por ejemplo, ver cómo cada pincelada transforma, resulta relajante. A ello sumamos el poder transformador que tiene el color en la vida de las personas. Sabemos, porque lo hemos estudiado, investigado y comprobado, que cuando una pared es pintada de un color, difícilmente vuelva a ser blanca y eso es la prueba empírica, del poder que tienen los tonos en nuestra vida ”, reflexiona la arquitecta Virginia Domínguez especialista en color de Alba Pinturas.

Incluso, la profesional va más allá, señalando que los colores influyen en nuestro día a día . “Nos hacen sentir cosas: mejoran nuestro humor, estimulan el andar, calman o relajan. Y las actividades hechas por nosotros mismos contribuyen no solo con el resultado final y sus ventajas, sino también con todo lo que nos ofrece el proceso”, explica.

“ Desde hace un tiempo viene creciendo la demanda de talleres . Hay muchos interesados en hacer cosas con las manos; el trabajo manual exige presencia. En el cotidiano estás en muchas cosas al mismo tiempo, en cambio acá estás solo creando tu pieza, das forma con las manos”, define Lucía San Clemente, artista y quien lleva el taller de cerámica Barro en Flor junto con su madre.

Para esta creativa hay un extra en los talleres: “ La gente ve la transformación . Hay algo mágico que es ver el cambio desde que se amasa el barro, darle forma con las manos y pasa a ser objeto. Después en el horno pasa a ser cerámica”, describe.

Alejandra Clutterbuck, ilustradora y periodista gráfica, coincide en que poner las manos a la obra ayuda a concentrarse y encontrar cierta relajación . “Pintar tiene algo de mindfulness. Cuando diseñamos un dibujo, cuando lo pintamos, estamos completamente concentrados en esa actividad. No nos permite pensar en otra cosa más que en las pinceladas, en la observación atenta de lo que se está produciendo”, dice profesional fundadora del espacio Tres en Línea, que también ofrece talleres, incluso online a modo de after office.

En esta actividad hay cierto descanso mental, muy valorado en estos días. “En la ilustración eso sucede mucho una vez que ya está terminado el boceto (que es la parte que requiere mayor estrategia y cabeza). Cuando se pinta, incluso podemos estar escuchando música o podcasts, y se llega a un estado de flow, de mucho disfrute . Pasan las horas y no nos damos cuenta”, indica Clutterbuck.

Y suma: “ Lo más importante es que empezamos a estar con nosotros mismos, a conocernos, a acompañarnos . Y dejamos de mirar lo que hacen otros para pasar a ser los que hacemos, tomar un poco las riendas de nuestro día. Y también nos convertimos en creadores, algo muy satisfactorio que se conecta mucho con el niño interior”.

“Hace algunos años y principalmente post pandemia, las personas han resignificado profundamente el vínculo con sus hogares . Entendimos que la casa ya no es solamente un espacio funcional, sino también un refugio emocional, un lugar donde buscamos bienestar, calma y conexión con nosotros mismos”, define la arquitecta Viviana Insaurralde, especialista en Comunicación de Marketing para la línea Woodcare (Cetol) AkzoNobel en Sudamérica.

Incluso, esta experta asegura que luego de 2020 “ aprendimos que hacerlo nosotros mismos, puede tener un beneficio extra . En su momento el contexto nos obligó, pero si hay algo que también nos enseñó es que ciertos procesos, para ciertas personas, pueden ser terapéuticos. Hacer algo con nuestras propias manos o dar nueva vida a un objeto puede generar una sensación muy gratificante porque nos conecta con el presente, con la creatividad y también con la historia de aquello que estamos restaurando”.

Un punto importante es animarse a empezar. “ Lo que decimos siempre, más que nada a nuestras alumnas que vienen a los talleres, es animarse . No estamos tratando con órganos vitales de un ser humano, sino con madera, con muebles. Entonces hay que dar ese primer paso y, por supuesto, que te equivocás, aprendés y no lo volvés a repetir”, impulsa María del Pilar Pérez Mulattieri, creadora de Vade Retro Muebles.

Por su parte, su socia Carolina Manera recuerda que en sus redes tienen “ un montón de tutoriales donde pueden aprender cómo hacerlo , porque contamos. Mostramos todo el proceso y además compartimos qué productos usamos. En el mercado hay un montón de productos, lo importante es considerar usar aquello que garantice la durabilidad y proteja eso que tanto queremos”.

“ No hace falta ser un experto ni tener un presupuesto enorme . Hoy hay muchísima información para aprender y también materiales y productos que hacen que sea bastante accesible empezar. Y muchas veces lo más económico es justamente aprovechar lo que ya tenemos. En lugar de tirar un mueble porque está viejo, podés darle una nueva oportunidad y terminar teniendo algo completamente distinto”, añade Florencia Vazzano, de Gaetana Deco.

Por último, tal como indica Fernanda Smith, gerente de Comunicación y Marketing de HAFELE Argentina, “la casa es nuestro reflejo, o debería serlo. Es crucial no caer en modas o lo que se usa y encontrar ese ritmo, alma que nos representa , porque solo así la casa será hogar. En un mundo en la que la validación externa ha tomado una preponderancia nunca antes vista, en el que un like es el que muchas veces define el éxito, volver a la autenticidad a saber que la verdadera validación es la propia y la de realmente los nuestros, resulta fundamental para lograr estar bien”.


Fuente: TN


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