
A los 85 años , Bob Dylan sigue sorprendiendo con su manera de ver la vida. El músico y Premio Nobel, lejos de los mensajes de autoayuda, compartió una reflexión sobre el tiempo que desafía las ideas más comunes: “Cuando eres joven piensas que el tiempo avanza. A los 80 sabes que no: se queda quieto. Somos nosotros los que nos movemos ”.
La frase apareció en un artículo publicado en The New York Times en junio, donde varias personalidades contaron qué aprendieron al llegar a esa edad. Dylan, que había cumplido 85 semanas antes, eligió hablar de lo que se comprende demasiado tarde y de todo lo que uno deja de perseguir con los años.
Para Dylan, uno de los mayores alivios de cumplir 80 es dejar atrás la presión de los relojes y las metas . Ya no existe la urgencia de convertirse en alguien o de alcanzar objetivos que parecían imprescindibles en la juventud. “ Uno deja de perseguir el desfile y se convierte en una especie de rey de un país que ya ha desaparecido” , graficó el músico.
Durante buena parte de la vida adulta, las personas suelen organizarse en torno a logros: estudiar, trabajar, formar pareja, comprar una casa, cumplir sueños. Siempre parece haber una versión futura de uno mismo a la que hay que llegar. Pero, según Dylan, e n la vejez esa carrera pierde sentido y el desafío pasa a ser aceptar quién se ha sido , aunque eso implique descubrir que muchas cosas que parecían decisivas tal vez no lo eran tanto.
Dylan también habló de una de las realidades menos románticas de envejecer: las ganas de hacer cosas permanecen, pero el cuerpo ya no responde igual. “La cabeza puede seguir diciendo que sí mientras el cuerpo empieza a decir que no” , reconoció. Aunque él sigue activo y subiendo a los escenarios, admitió que envejecer no significa dejar de querer, sino aceptar que ya no siempre se puede de la misma manera.
Con los años, además, se pierde la capacidad de sorprenderse. Haber visto tanto ayuda a entender el mundo, pero también hace más difícil conservar ciertas ilusiones. Hay situaciones que empiezan a resultar demasiado conocidas y la novedad se vuelve escasa.
Para Dylan, lo más duro de envejecer es aprender lecciones importantes demasiado tarde. La experiencia llega después de equivocarse, perder oportunidades o pasar años convencido de cosas que luego se ven de otra manera. “Cuando finalmente lo entendés, no siempre puedes volver atrás” , lamentó.
Por eso, su reflexión sobre el tiempo cobra otro sentido: no es el tiempo el que se aleja, sino que somos nosotros los que dejamos atrás etapas, lugares, personas y versiones de nosotros mismos que parecían definitivas. Mientras esperamos que el tiempo cambie las cosas, en realidad, los que cambiamos somos nosotros .
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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