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Tiene 25 años, se hizo 15 cirugías y contó cómo fue su transformación: “Me siento una Barbie”

 





La historia de Nikkita Slayer está marcada por una profunda transformación personal. A los 25 años, la joven asegura que atravesó un proceso en el que dejó atrás una etapa de su vida para construir la identidad con la que hoy se siente cómoda.

Actualmente se define como una “Barbie” y vive rodeada de una estética completamente rosa, con un enorme vestidor, maquillaje, perfumes y pelucas. Para alcanzar la imagen con la que se identifica, se realizó alrededor de 15 cirugías.


 

Detrás de esa transformación hay una historia atravesada por abusos durante la infancia, bullying, conflictos familiares, ansiedad social y dificultades para aceptar su propia identidad.

Nikkita contó que durante su infancia vivió situaciones que recién pudo comprender muchos años después. Según relató, cuando tenía alrededor de ocho años, su hermana mayor se metía en su cama y realizaba actos que ella, por su edad, no podía comprender.


 

Con el paso del tiempo, pudo reinterpretar aquellos recuerdos y, durante un proceso terapéutico, entendió que se había tratado de una situación de abuso. A los 15 años decidió hablar por primera vez con su hermana.

Según su relato, aquella conversación permitió conocer una historia familiar más compleja, ya que su hermana también había atravesado situaciones de abuso. Nikkita sostuvo que con el tiempo pudo comprender que existía un patrón de violencia que se había repetido dentro de la familia.

El bullying y el miedo a salir a la calle

Durante su adolescencia también sufrió bullying, una experiencia que tuvo un fuerte impacto en su vida cotidiana.

Cuando comenzó su transición, todavía estudiaba Diseño de Indumentaria en la FADU. Mientras atravesaba los cambios físicos y psicológicos, también debía enfrentarse a situaciones en las que otras personas todavía la trataban en masculino.

“Empecé a sufrir mucha ansiedad social”, contó. Ir a una farmacia, comprar un café o simplemente caminar por la calle podían convertirse en situaciones difíciles.

Según explicó, el rechazo y las dificultades para relacionarse terminaron provocándole un profundo aislamiento. “Me dio muchísima depresión y me encerró en mi casa, literalmente”, relató.

Con el tiempo buscó acompañamiento psicológico y comenzó a comprender que la transición era un proceso que requería tiempo.

“Algo tan fuerte como una transición de género no sucede de un día para el otro. Son meses, son años, es dinero invertido en cirugías”, explicó.


 

A los 20 años decidió comenzar su transición

Nikkita contó que alrededor de los 20 años comprendió que quería ser mujer. Había crecido en colegios católicos y llevaba consigo ideas religiosas que hicieron que el proceso de aceptación fuera todavía más difícil.

Cuando decidió contárselo a su familia, primero habló con sus hermanas. Según relató, ellas le dijeron que ya lo sabían y que no les resultaba algo inesperado.

Con su padre, en cambio, la situación fue diferente.


 

En ese momento vivía con él en Recoleta. Cuando le contó que quería comenzar su transición, su padre le respondió que no tenía problemas con que hiciera lo que quisiera, pero estableció una condición respecto de lo que podía hacer mientras viviera bajo su techo.

Nikkita decidió entonces irse de su casa. Tenía unos 400 dólares ahorrados y no sabía cómo afrontar la mudanza, pero contaba con un auto que su padre le había regalado a los 18 años.

Vendió el vehículo para conseguir el dinero necesario para alquilar un departamento en Microcentro, pagar un seguro de caución y comprar los elementos básicos para comenzar una nueva vida.

“Tuve que independizarme a la fuerza”, recordó. Y agregó: “Hice todo yo sola”.


 

OnlyFans, independencia y una nueva forma de sostenerse

En paralelo con el comienzo de su transición, Nikkita empezó a crear contenido para adultos. Al principio tenía su propia cuenta de OnlyFans, aunque los ingresos no eran demasiado importantes.

Después conoció a una pareja que también era influencer y decidió trabajar junto a ella administrando su cuenta de OnlyFans.

Las dos comenzaron a vivir de esos ingresos. Aproximadamente un año después, la relación terminó y Nikkita decidió retomar su propio perfil.

Para entonces, su transición estaba más avanzada y su imagen había cambiado. Con su regreso a la plataforma también aumentaron sus ingresos.

Ese trabajo le permitió financiar parte del estilo de vida que construyó posteriormente y ahorrar para realizarse las cirugías que quería.

“Viajé por Europa, Tokio, China y el sudeste asiático”, contó.

Quince cirugías para acercarse a la imagen que soñaba

Nikkita calcula que desde que comenzó su transición pasó alrededor de 15 veces por el quirófano.

Entre sus primeras intervenciones se realizó una feminización facial que incluyó distintos procedimientos, entre ellos frentoplastia, bichectomía, mentoplastia y rinoplastia. Después llegaron los implantes mamarios y de glúteos.

Durante años también buscó conseguir una figura de reloj de arena. Sin embargo, explicó que por su contextura delgada los médicos le indicaban que necesitaba aumentar de peso para realizar una lipotransferencia.

Finalmente encontró una alternativa que consideró adecuada para sus objetivos y decidió someterse a una intervención de gran magnitud.

La última cirugía fue realizada hace un mes y tuvo un costo aproximado de 50.000 dólares. Combinó una lipotransferencia, modificaciones en las costillas y un cambio de implantes mamarios. La intervención duró alrededor de once horas.

Nikkita explicó que durante su adolescencia había sufrido burlas por su cuerpo y que la forma de su cintura siempre había sido una de sus mayores inseguridades.

Después de años de transformaciones, aseguró: “Me encanta cómo me veo”.


 

El reencuentro con su pasado

El alejamiento de su padre fue uno de los momentos más difíciles de los primeros años de su transición. Nikkita contó que estuvieron aproximadamente dos años sin hablar.

Con el tiempo volvieron a encontrarse. Para ese momento, ella ya había atravesado buena parte de su transformación y se había realizado diferentes intervenciones.

Según relató, no hubo una escena de rechazo. Salieron a cenar y su padre le dijo que lamentaba no haber estado presente durante aquellos años.

Nikkita sostuvo que pudo comprender que él pertenecía a otra generación y que había sido criado bajo valores diferentes. Finalmente, ambos pudieron recomponer el vínculo.

También volvió a tener contacto con sus hermanas.

El sueño de llegar a la televisión

Además de su actividad como creadora de contenido, Nikkita tiene nuevos proyectos. Actualmente realiza un taller de teatro y sueña con desarrollar una carrera artística.

“Me encantaría ser vedette, ser bailarina, trabajar en el medio”, contó.

Después de una infancia marcada por situaciones difíciles, una adolescencia atravesada por el bullying y un proceso de transformación que implicó cambios físicos y personales, Nikkita asegura que hoy se siente cómoda con quien es.

Mientras continúa recuperándose de su última cirugía y retoma de a poco su actividad, tiene una nueva meta: llevar su imagen y su historia de las redes a un escenario.


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