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MADARIAGA - Emiliano Larea, tras ganar el Premio Hugo: “Vivo una especie de realidad-sueño”

 


El actor madariaguense Emiliano Larea atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera. El artista fue distinguido con un Premio Hugo por su trabajo como el Hombre de Lata en “El Mago de Oz”, el gran musical que se presenta en el Teatro Nacional Cervantes, y habló con CNM Radio sobre las sensaciones que le dejó el reconocimiento, su trayectoria, el trabajo físico detrás del personaje y el presente de una profesión que, según reconoció, no siempre resulta sencilla para quienes intentan vivir de la escena.


“Estoy muy contento, es un premio importante”, contó Larea durante la entrevista. Sin embargo, lejos de quedarse únicamente con el galardón, el actor puso el reconocimiento en perspectiva y destacó el hecho de haber llegado a uno de los escenarios más importantes del país. “Todavía estoy como tratando de entender qué significa, pero ya de por sí estar trabajando, haciendo esa obra tan hermosa, en ese teatro tan emblemático, ya es un premio en sí mismo”, expresó.


La obra continúa en cartelera del Teatro Nacional Cervantes y tiene funciones previstas hasta fines de septiembre. Además, según explicó Larea, ya está confirmada una segunda temporada para el próximo año, durante junio, julio y agosto.


Se trata de una producción de grandes dimensiones. El musical cuenta con orquesta en vivo, un escenario giratorio y un equipo de producción que supera las 100 personas. Para Larea, la magnitud del espectáculo permite dimensionar todavía más lo que significa formar parte de él.


El actor explicó que el Teatro Nacional Cervantes no funciona solamente como sala de espectáculos, sino también como un verdadero espacio de producción. “Es un teatro taller”, destacó, al explicar que buena parte de los elementos vinculados con la escenografía y las luminarias se fabrican dentro del propio teatro.


Cómo llegó al Hombre de Lata


La llegada de Larea a “El Mago de Oz” no fue producto de una búsqueda casual. El director de la obra, Sebastián Irigo, ya conocía su trabajo anterior y había identificado en el actor una característica que podía resultar fundamental para el personaje del Hombre de Lata: su experiencia en el trabajo corporal.


“Sebastián Irigo, que ya conocía mi trabajo, por Paka Paka y por Jijop, que es un espectáculo que llevé a Madriaga en su momento, que fui nominado a la ACE, conoció el trabajo y había pensado que Lata, por la característica de mi trabajo físico, podía andar muy bien”, explicó.


A partir de allí llegó la convocatoria. Para Larea, recibirla significó la posibilidad de acceder a un escenario que durante mucho tiempo parecía algo difícil de imaginar.


Yo feliz, imaginate que para un actor estar en ese escenario es algo que uno nunca sabe si va a ocurrir. Y bueno, me ocurrió, por suerte”, relató.


El personaje también le permitió poner en escena una faceta de su formación que comenzó muchos años antes, en Madariaga. Consultado sobre su preparación física, Larea recordó que su vínculo con el movimiento viene desde la adolescencia.


Si miro para atrás, te puedo decir que lo arranqué en Madariaga cuando tenía 15 años”, señaló. Desde entonces, explicó, mantuvo “una beta muy enfocada en el movimiento, en lo físico”.


Esa preparación tiene una incidencia directa en la construcción del Hombre de Lata. El traje, la mecánica del personaje y la necesidad de transmitir determinadas sensaciones a través del cuerpo forman parte de una interpretación que va más allá del diálogo.


Yo lo hago medio como si fuese un robot, por momentos. Como si fuese un muñeco a cuerda”, explicó Larea. Según contó, ese recurso corporal contribuye a darle al personaje una cuota de fantasía que genera una respuesta muy positiva en el público.


El momento en que escuchó su nombre


La nominación al Premio Hugo había sido anunciada aproximadamente un mes antes de la ceremonia. Larea sabía que “El Mago de Oz” estaba teniendo una gran recepción, pero no esperaba necesariamente quedarse con el premio.


La obra, además, había recibido numerosas nominaciones y era una de las producciones con mayor presencia entre los candidatos.


“Yo no me lo esperaba”, reconoció.


El contexto, sin embargo, hacía crecer la expectativa. El actor contó que el espectáculo venía realizando funciones con localidades prácticamente agotadas y que los jurados de los premios habían estado asistiendo a las presentaciones.


Pero el momento decisivo fue completamente inesperado.


Cuando me dijeron mi nombre, creo que no lo llegué a escuchar siquiera”, contó entre risas. El motivo fue la reacción de sus propios compañeros: “Se armó tanto griterío de mis compañeros alrededor, que me empezaron a abrazar y todo, y ahí entendí que me la habían otorgado”.


De repente, tuvo que subir al escenario frente a un auditorio completo y con la ceremonia siendo televisada.


Te parás en el escenario, ante un auditorio completo que te está escuchando y te están televisando, decís, bueno, no quiero meter la pata, espero hablar bien”, recordó.


No había preparado un discurso. Decidió hablar desde la emoción del momento. “Realmente hablé con lo que sentí en ese momento, no tenía nada preparado”, relató.


La preocupación llegó después. Una vez que bajó del escenario, buscó la opinión de sus compañeros: “Che, ¿hablé bien? ¿Dije bien las cosas?”. Recién cuando pudo observar la repetición de la ceremonia se quedó tranquilo: “Ah, bueno, bueno, estuve bastante bien”.


Un año de crecimiento profesional


Para Larea, el Premio Hugo no aparece como un hecho aislado, sino como la consecuencia de un año que ya venía siendo particularmente importante en su carrera.


Siento que este ha sido un año, viene siendo un año muy importante a nivel profesional”, afirmó.


El desembarco en el Cervantes tuvo además un efecto que trascendió esa producción. El reconocimiento de su trabajo por parte de un público más amplio hizo que otras obras en las que participa también incrementaran su convocatoria.


“El hecho de estar trabajando en El Cervantes, me puso en relevancia a mi trabajo, mucha gente que no me conocía me empezó a conocer”, explicó.


Y agregó: “Eso hizo también que, por añadidura, las otras obras en las que participo, como Tamorto o Gijop, se llenaran”.


La descripción que hizo de este proceso es la de una carrera que comenzó a expandirse en distintas direcciones: “Estoy como trabajando en salas grandes, llenas de gente, con mi obra, con obras con amigos, en El Cervantes”.


Por eso entiende el Premio Hugo como un reconocimiento a algo que ya venía sucediendo. “Ya viene siendo un año así, en donde todo empezó a expandirse. Y ya para mí es un logro enorme. Y esto viene a ser un reconocimiento, eso que viene pasando”, sostuvo.


En ese recorrido aparece también una frase de Sebastián Irigo que Larea recordó especialmente. El director, según relató, siempre lo había conocido por su trabajo en el teatro independiente y consideró que su llegada al Cervantes constituía “un acto de justicia artística”.


“Así que muy feliz”, resumió Larea.


“Vengo con viento a favor”


El premio también produjo una consecuencia inmediata: la repercusión pública.


“Ahora me está estallando el celular, de gente que escribe, y gente que de repente se empezó a fijar en mí”, contó.


No sabe todavía exactamente qué puertas puede abrirle el reconocimiento. “Puede ser que me abra puertas, no lo sé”, admitió. Pero sí tiene claro que el momento profesional que atraviesa es especial.


“Ya la verdad que vengo con viento a favor, en el sentido de que me vienen pasando cosas hermosas”, expresó.


Esa mirada aparece acompañada por una idea que atraviesa toda la entrevista: disfrutar el presente sin dejar de pensar en lo que viene.


“Ni idea de qué es lo que viene, yo siempre estoy a pleno, dando lo mejor, y todo de mí”, afirmó.


Vivir del teatro: una profesión con altibajos


El reconocimiento también abrió la puerta a hablar de una cuestión menos visible detrás de los escenarios: cómo se sostiene económicamente un actor.


Larea fue claro al respecto. “Vivir de la escena es muy complicado”, aseguró.


Explicó que existen momentos en los que diferentes proyectos funcionan simultáneamente y generan una verdadera “racha”, pero que esa situación no necesariamente garantiza estabilidad.


“Tenés estos momentos de racha en donde todo funciona, y de repente se te arma bien”, señaló.


En ese contexto, la docencia ocupa un lugar fundamental. “Siempre la base del sostén son las clases, la docencia, los espacios propios que uno pueda generar, eso es lo que siempre te da el sostén”, explicó.


Pero para él enseñar no constituye simplemente una herramienta económica. También es una forma de transmitir experiencia y continuar creciendo.


“Uno viene con mucha experiencia, y en la docencia también uno aprende mucho”, sostuvo.


Y encontró además una satisfacción particular en comprobar que su manera de entender el trabajo escénico puede servirle a quienes recién están comenzando.


“La manera que yo tengo de encarar la escena, a muchos les resuena, y entonces también yo puedo compartir mi experiencia con las nuevas generaciones”, explicó.


Con el paso del tiempo, esa tarea también puede transformar al propio actor en una referencia para otros. “Sentirse que uno se va transformando en un referente es muy gratificante también”, afirmó.

Teatro, cine y televisión


Aunque el teatro ocupa hoy el centro de su actividad, Larea no descarta otras experiencias. “Me encanta el teatro, la verdad, es lo que más disfruto hacer”, afirmó.


También reconoció que le gustaría volver a trabajar en televisión o cine, aunque consideró que actualmente el escenario para esas industrias en Argentina es más complejo.


“Ahora en este momento justo no es un momento muy fructífero para el cine y la televisión, porque se está produciendo mucho menos acá en el país, se está trayendo todo de afuera”, opinó.


En contrapartida, entiende que esa situación está generando un impulso importante para el teatro. “Eso está dando un impulso fuerte al teatro, por lo menos acá en Buenos Aires, el teatro está floreciente”, sostuvo.


De todos modos, su objetivo sigue siendo ampliar experiencias. “Siempre uno quiere diversificar y vivir muchas experiencias en todas las que se pueda actuar”, señaló.


Del teatro independiente al escenario del Cervantes


Hay una tensión que Larea disfruta especialmente: la diferencia entre el teatro independiente y las grandes producciones.


No elige uno sobre el otro.


“Las dos cosas tienen lo suyo”, explicó. Sin embargo, reconoció que el teatro independiente mantiene un lugar especial para él: “Yo siempre en el teatro independiente tengo como mi corazoncito, porque es de donde puedo hacer más mis locuras”.


Al mismo tiempo, la experiencia de una producción de gran escala le permitió descubrir una dimensión diferente del trabajo.


En “El Mago de Oz”, el escenario gira mientras los actores desarrollan sus escenas, hay una orquesta en vivo y cientos de espectadores frente a ellos.


“Ahí en el camino amarillo del Mago de Oz, estás en un escenario giratorio, que está girando, y vos estás caminando ahí, y decís, ¡buah, re flashero!”, describió.


La experiencia se vuelve todavía más impactante cuando aparece la música en vivo.


“Estás cantando y tenés una orquesta de 15 músicos acompañándote, y mirás para la platea y hay 800 personas en un teatro que es totalmente precioso, y se te cae la mandíbula un poco, es hermoso”, contó.


Por eso encontró una definición muy gráfica para describir lo que está viviendo: “Yo siento que desde que estoy ahí en El Cervantes, vivo una especie de realidad-sueño”.


Madariaga, siempre presente


A pesar de estar trabajando en uno de los escenarios más importantes de Buenos Aires, Larea mantiene un vínculo muy fuerte con su ciudad de origen.


Durante la ceremonia de los Premios Hugo había agradecido a su familia en Madariaga. Pero para él, esa familia excede a sus vínculos directos.


“Mi familia en Madriaga, no solamente es mi mamá y mis hermanos, sino son todos mis amigos y amigas que están allá, y todos los madriagenses en sí”, explicó.


La razón está relacionada con la sensación que conserva cada vez que regresa a la ciudad: “Yo cada vez que voy ahí, me siento en casa”.


Por eso entiende el premio como algo que también puede compartir con la comunidad que lo vio crecer.


“Es también compartirlo con toda la comunidad”, afirmó.


Y esa relación con Madariaga no quedó solamente en el recuerdo. Durante la entrevista anticipó que tiene pendiente llevar nuevamente un espectáculo a la ciudad.


Se trata de una propuesta de humor que, según explicó, ya fue vista por algunos madariaguenses y recibió buenos comentarios.


“Siempre pienso, uy, en Madriaga esto explota, porque es un espectáculo muy de humor”, contó.


Varios vecinos que lo vieron le insisten para que lo lleve a la ciudad: “Me dicen, tenés que traerlo, porque es increíble”.


Larea aseguró que la intención está presente y que en algún momento buscará concretarla.


“Ya en algún momento lo voy a lograr, y va a ser una fiesta”, prometió.


Mientras tanto, el Hombre de Lata continúa recorriendo el camino amarillo del Teatro Nacional Cervantes. Detrás del traje, los movimientos de robot y las funciones frente a cientos de personas hay una trayectoria que comenzó en Madariaga cuando Emiliano Larea tenía apenas 15 años y que hoy encuentra uno de sus reconocimientos más importantes.


El Premio Hugo llegó en un escenario nacional, pero para el actor todavía tiene una dimensión íntima: la de poder compartir un logro profesional con la comunidad que considera parte de su propia familia.



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