Durante casi cuatro décadas, Mónica Astorga fue monja de las Carmelitas Descalzas. Su historia tomó un rumbo particular cuando comenzó a acompañar a mujeres trans en situación de vulnerabilidad, una tarea que con el tiempo la llevó a impulsar proyectos de capacitación, asistencia y vivienda.
Todo comenzó en 2006, cuando una mujer trans llamada Romina llegó a una parroquia para entregar parte del dinero que obtenía trabajando en la calle. Allí manifestó su deseo de estudiar peluquería y fue puesta en contacto con Astorga, quien decidió escucharla y conocer la realidad que atravesaban otras mujeres del colectivo.
A partir de ese encuentro, la religiosa comenzó a trabajar junto a ellas. Se crearon una peluquería, un taller de costura y una casa de encuentro, además de un espacio destinado a personas con consumos problemáticos. Uno de los proyectos más importantes fue la construcción del primer complejo de viviendas para mujeres trans de Argentina.
El complejo, inaugurado en 2020, cuenta con doce monoambientes. Cada unidad dispone de baño propio, una puerta con llave y condiciones que buscaban garantizar algo que una de las mujeres había expresado años antes: tener un lugar seguro y digno donde vivir.
Astorga también mantuvo durante décadas un vínculo cercano con Jorge Bergoglio, primero como sacerdote y luego como arzobispo de Buenos Aires y papa Francisco. Según contó, intercambiaban correos y cartas manuscritas, y el pontífice conocía y respaldaba su trabajo con las mujeres trans.
En una de esas comunicaciones, Francisco comparó la situación de las mujeres trans excluidas con la de los leprosos rechazados en tiempos de Jesús y alentó a Astorga a continuar con lo que denominaba su “trabajo de frontera”.
Sin embargo, dentro de la Iglesia comenzaron a surgir cuestionamientos por la actividad que desarrollaba fuera del monasterio. En 2020, el obispo Fernando Croxatto le comunicó que algunas religiosas se oponían a su trabajo. Astorga sostuvo que nunca había abandonado sus obligaciones dentro del convento.
La situación terminó llevando a su salida de la Orden de las Carmelitas Descalzas. En 2024, el Vaticano aceptó formalmente su desvinculación, después de aproximadamente 40 años de vida religiosa.
Al dejar el monasterio, Astorga tenía 60 años, sin aportes jubilatorios, ahorros ni un sueldo acumulado. Tiempo después comenzó a formarse en peluquería y barbería y posteriormente estudió podología. Actualmente atiende en una peluquería de Flores y también realiza trabajos solidarios con personas en situación de vulnerabilidad.
Mientras tanto, los proyectos que impulsó continúan. La casa Santa Teresita sigue funcionando y los doce departamentos construidos para mujeres trans permanecen ocupados.
En julio de 2026, al cumplirse veinte años de su primer encuentro con aquellas mujeres, Astorga regresó de manera sorpresiva a Neuquén. Allí volvió a encontrarse con algunas de ellas y aseguró que, si tuviera que comenzar nuevamente su historia, volvería a hacer lo mismo.
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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