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En 1944 llevaron 29 renos a una isla desierta y 19 años después ya eran 6000, pero casi todos murieron de forma inesperada

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Guardia Costera de Estados Unidos llevó 29 renos a la remota isla St. Matthew, en el mar de Bering, frente a Alaska . La idea era sencilla: que funcionaran como una reserva de alimento para los hombres que trabajaban en una estación de navegación instalada en ese lugar. Pero el pequeño grupo de animales terminó protagonizando uno de los casos más sorprendentes de crecimiento y colapso de una población animal.

Los renos fueron trasladados a la isla en agosto de 1944. Eran 24 hembras y cinco machos y quedaron en un territorio prácticamente deshabitado, con abundante alimento y sin una presión significativa de depredadores. Las condiciones permitieron que la población creciera de manera extraordinaria: en 1957 ya había unos 1350 ejemplares y, apenas seis años después, los científicos contaron 6000 .

El crecimiento, sin embargo, tenía un límite. Cuando los investigadores visitaron nuevamente la isla en 1963, encontraron señales de que la enorme cantidad de animales estaba ejerciendo una fuerte presión sobre la vegetación. Los líquenes, una fuente fundamental de alimento para los renos durante el invierno, habían disminuido considerablemente y los animales también mostraban cambios físicos respecto de los que habían sido observados años antes.

La situación se volvió dramática durante el invierno de 1963-1964 , que fue especialmente severo. Una revisión científica publicada años después concluyó que la combinación entre las condiciones climáticas extremas y la dificultad para acceder al alimento disponible provocó una mortandad masiva. Cuando los investigadores regresaron a St. Matthew en el verano de 1966, encontraron la isla cubierta de esqueletos: de los 6000 renos que habían sido contabilizados tres años antes, solo sobrevivían 42 .

El caso no terminó allí. Entre los sobrevivientes había apenas un macho , que presentaba anomalías en sus astas y probablemente no podía reproducirse. La población nunca logró recuperarse y, con el paso de los años, desapareció por completo de la isla. El último ejemplar conocido murió en 1981 , según el Servicio Geológico de Estados Unidos. La historia de los 29 renos de St. Matthew quedó así como uno de los ejemplos más extremos de cómo una población puede crecer de manera explosiva en un ambiente aislado y derrumbarse en muy poco tiempo.


Fuente: TN


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GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo