Ricardo Barreda, condenado por el asesinato de su esposa, sus dos hijas y su suegra, murió en mayo de 2020, a los 84 años. Casi tres décadas después de la masacre, algunos de los secretos y pensamientos del cuádruple femicida fueron reconstruidos por el periodista Pablo Marti Krenz, quien mantuvo encuentros con él durante más de un año y lo acompañó hasta sus últimos días.
El 15 de noviembre de 1992, Barreda asesinó a escopetazos a Gladys Elena Margarita MacDonald, su esposa; a sus hijas Adriana y Cecilia; y a su suegra, Elena Arreche, de 86 años, en la casa familiar de la calle 48, en La Plata. Después intentó simular un robo y abandonó el lugar para encontrarse con su amante.
La coartada no prosperó. La policía detectó que no faltaban objetos de valor y que incluso había joyas tiradas en el piso. Entonces Barreda cambió su versión y aseguró que había cometido los crímenes porque su familia lo humillaba y lo llamaba “conchita”. Sin embargo, su biógrafo sostiene que esa explicación tampoco reflejaba lo que realmente ocurría.
En 1995 fue condenado a reclusión perpetua. En 2008 obtuvo prisión domiciliaria y tres años después recuperó la libertad condicional. En 2016 la Justicia declaró extinguida la pena y quedó completamente libre.
Durante sus últimos años, Barreda atravesó un fuerte deterioro cognitivo. Marti Krenz recordó que, pese a su estado, tenía momentos de lucidez y llegó a decirle: “Te quiero como a un hijo”. La frase impactó especialmente al periodista, que no podía dejar de pensar que Barreda había asesinado a sus propias hijas.
El femicida murió el 25 de mayo de 2020 en una residencia geriátrica de José C. Paz. Tenía 84 años y murió prácticamente solo. Nadie asistió a su entierro.
Meses antes de su muerte, según recordó Marti Krenz, Barreda había pronunciado una frase que quedó grabada: “Yo creo que voy de cabeza al infierno”.
Su biógrafo asegura que, cuando le preguntaba qué haría si pudiera regresar al pasado, Barreda respondía que no habría esquivado a su familia y que habría hecho las cosas bien. Sin embargo, los verdaderos motivos detrás de la masacre y muchos de sus pensamientos se fueron con él.
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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