
Muchos suelen creer que sus acciones son consecuencia de lo que piensan . Sin embargo, un experimento realizado en la Universidad de Stanford encontró que, en determinadas situaciones, puede ocurrir el proceso inverso: después de actuar de manera contraria a una creencia, la persona puede modificar sus ideas para que se adapten a lo que hizo o dijo .
El trabajo, publicado en 1959, fue llevado a cabo por los psicólogos Leon Festinger y James Carlsmith . Su objetivo fue demostrar de forma empírica la teoría de la disonancia cognitiva , es decir, qué ocurre cuando alguien siente que sus actos contradicen sus creencias.
La disonancia cognitiva aparece cuando una persona mantiene al mismo tiempo dos ideas o conocimientos que no encajan entre sí . Un ejemplo es el caso planteado por Gestinger y Carlsmith en su experimento: alguien puede considerar que una actividad fue aburrida y, a la vez, decirle a otra persona que le resultó interesante.
Es que la opinión personal, que se mantiene en privado, puede contradecir la conducta que se muestra en público . De acuerdo a la teoría, esa contraposición genera una presión para reducir la disonancia cognitiva . Muchas veces, la solución más sencilla es cambiar la propia opinión para que se adapte mejor con lo que ya se hizo o dijo .
Para poner a prueba esa idea, los investigadores trabajaron con 71 estudiantes de un curso introductorio de Psicología de Stanford . Los participantes se anotaron en una experiencia que fue presentada como un curso de dos horas sobre “medidas de rendimiento”, sin saber realmente que iban a formar parte de un experimento.
En primer lugar, cada participante tuvo que colocar 12 carretes de hilo en una bandeja, vaciarla y volver a llenarla durante media hora . Después, pasó otros 30 minutos girando un cuarto de vuelta 48 clavijas , como las que tienen las guitarras. La idea era que estas tareas fueran repetitivas y monótonas .
En una segunda etapa, se les hizo un pedido especial a algunos estudiantes: hablar con una supuesta estudiante que aún no había comenzado el presunto curso y convencerla de que las actividades habían sido divertidas e interesantes .
En específico, los alumnos fueron divididos en tres grupos : uno no tuvo que hablar con la joven, mientras que a los dos restantes se les ofreció un dólar o 20 dólares para convencerla, a pesar de que las tareas habían sido aburridas.
Luego, un entrevistador que desconocía a qué grupo pertenecía cada participante les preguntó cuánto habían disfrutado las tareas, cuánto habían aprendido, qué importancia científica le atribuían al experimento y si aceptarían formar parte en otro similar.
Las conclusiones principales aparecieron cuando los estudiantes calificaron qué tan divertidas habían sido las tareas , en una escala de -5 a +5 :
Es decir, el grupo con la recompensa más pequeña describió de manera más positiva las actividades, que habían sido diseñadas específicamente para resultar aburridas.
¿Cuál fue la interpretación de los psicólogos? De acuerdo con Festinger y Carlsmith, los 20 dólares sirvieron como una explicación suficiente para haber elogiado las tareas. Es decir que los estudiantes podían explicar lo que habían dicho debido al dinero que habían recibido, sin necesidad de cambiar demasiado su opinión personal .
Por otro lado, la recompensa de un dólar no era una justificación externa tan fuerte . Entonces, ese grupo experimentó una mayor contradicción entre haber considerado las actividades aburridas, pero haberle dicho a la joven que eran interesantes. Para reducir esa tensión, la solución fue convencerse a sí mismos de que las tareas no habían sido tan desagradables .
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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