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Pidieron que abortara al bebé por una grave enfermedad y la madre sustituta se negó

 



Una enfermera de Alaska que actúa como madre sustituta inició una batalla judicial luego de negarse a interrumpir el embarazo por pedido de los padres biológicos, quienes solicitaron un aborto después de que estudios prenatales detectaran una grave cardiopatía en el feto.

McKenna West, madre de dos hijos, había firmado en septiembre de 2025 un contrato de gestación por sustitución con una agencia especializada. Según la documentación judicial, el acuerdo contemplaba una cláusula que permitía a los padres biológicos solicitar la interrupción del embarazo en determinadas circunstancias.

El conflicto comenzó después de una ecografía morfológica realizada alrededor de la semana 20 de gestación, en abril de 2026. El estudio detectó que el bebé, al que inicialmente habían llamado Gabriel, presentaba una enfermedad cardíaca y otras posibles complicaciones.

Tras conocer el diagnóstico, los padres biológicos, identificados en el expediente como A.B. y C.D., le habrían pedido a West que interrumpiera el embarazo. Sin embargo, la mujer se negó y decidió continuar con la gestación.

Según declaró a medios estadounidenses, West considera que el bebé debería tener la posibilidad de nacer y recibir tratamiento. “Ninguna mujer debería ser forzada a interrumpir la vida del bebé que carga”, sostuvo.

El caso se complicó cuando médicos de Alaska se negaron a realizar el procedimiento debido a lo avanzado del embarazo y a los riesgos que implicaba. Los padres biológicos le habrían solicitado entonces que viajara a Seattle para realizar allí la interrupción, propuesta que West también rechazó.


 

La mujer aseguró que estaba dispuesta a asumir la responsabilidad del bebé y renunciar a cualquier derecho parental, siempre que los padres biológicos aceptaran autorizar las cirugías que pudiera necesitar después del nacimiento. Según su demanda, la pareja rechazó esa alternativa.

Los padres, por su parte, sostienen ante la Justicia que West está tergiversando los hechos y cuestionaron su negativa a realizarse una amniocentesis, un estudio prenatal que permite detectar determinadas alteraciones genéticas. Afirman que sin ese examen no pueden determinar con certeza si el bebé podría beneficiarse de las intervenciones médicas necesarias.

Ahora, la Justicia estadounidense deberá resolver un complejo conflicto que involucra el contrato de gestación subrogada, la decisión sobre la continuidad del embarazo y el futuro del bebé, cuya situación médica todavía requiere evaluación.


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