Una idea sencilla terminó convirtiéndose en una enorme muestra de solidaridad en el Hospital Rivadavia. En apenas cuatro días, más de 500 libros fueron donados para crear una biblioteca destinada a pacientes internados y sus familiares.
La iniciativa fue impulsada por el doctor Mario Fitz Maurice, jefe del Servicio de Cardiología, a partir de una necesidad que detectó junto a Paula, la psicocardióloga del área. Muchos pacientes le contaban que una de las partes más difíciles de la internación era justamente pasar el tiempo.
“Lo que más les costaba era el paso del tiempo”, explicó Fitz Maurice. A partir de esa observación surgió la idea de ofrecerles libros para que pudieran leer durante la espera de estudios, tratamientos o resultados.
El médico contó que publicó la propuesta en redes sociales y que la respuesta fue inmediata. “Esto arrancó hace cuatro días con un tuit y estalló”, relató. Las donaciones comenzaron a llegar a la garita de seguridad del hospital y rápidamente superaron los 500 ejemplares.
Los libros llegaron desde distintos puntos y fueron donados por personas particulares. Hay novelas, cuentos, enciclopedias, diccionarios, libros de autoayuda e historia. Incluso aparecieron dos tomos de Historia Argentina publicados por Santillana en 1972.
La propuesta también se amplió para incluir a los familiares de los pacientes. Una mujer preguntó si podía donar libros infantiles y explicó que pensaba en los chicos que visitan a sus padres internados. “No se me había ocurrido”, reconoció el médico.
La cantidad de ejemplares recibidos fue tal que en una jornada llegaron alrededor de 150 libros y el hospital se quedó sin espacio para almacenarlos. Ahora deberán construir otra biblioteca para poder continuar recibiendo donaciones.
Los estantes fueron instalados en un sector de paso de la sala, con materiales conseguidos por el área de Mantenimiento. El personal de seguridad, médicos y otros trabajadores también colaboraron con la recepción y traslado de las cajas.
La biblioteca ya comenzó a formar parte de la rutina de los pacientes. Uno de los primeros hombres que tomó un libro contó que la lectura le había cambiado la forma de atravesar la internación: “Apagué la radio”.
Para Fitz Maurice, ese pequeño gesto resume el objetivo de la iniciativa. Un libro no puede solucionar una enfermedad, pero sí puede ayudar a que las horas de espera sean diferentes, especialmente para quienes pasan buena parte del día solos.
La propuesta también refleja una mirada más amplia sobre el hospital público. El médico considera que cualquier persona puede necesitar atención en un hospital, independientemente de que tenga o no cobertura médica.
“Estamos tratando de que el que no tiene y el que tiene tengan lo mismo”, sostuvo. En ese sentido, destacó que dentro de una sala todos los pacientes deben recibir el mismo acompañamiento.
La iniciativa contó además con la colaboración de trabajadores del hospital y de las Damas Rosadas, voluntarias que desde hace décadas acompañan a pacientes y familiares.
La historia de los más de 500 libros comenzó con una necesidad concreta y terminó convirtiéndose en una cadena de solidaridad. Como resumió Fitz Maurice: “Cada uno desde su pequeño universo puede ayudar un poquito al otro”.
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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