
Esperar el colectivo, caminar varias cuadras hasta la escuela o subir una escalera interminable podía convertirse en un desafío para cualquier chico. Para combatir el aburrimiento, muchos inventaban un juego tan simple como efectivo: contar baldosas, escalones, postes de luz o cualquier objeto que se repitiera en el camino.
Lo que durante años pareció una costumbre sin importancia hoy despierta el interés de psicólogos y especialistas en desarrollo cognitivo . Diversas investigaciones sostienen que este tipo de actividades espontáneas podrían haber contribuido a desarrollar una habilidad cada vez más valiosa: mantener la atención durante períodos prolongados .
Cuando una persona centra toda su atención en una secuencia repetitiva, el cerebro deja temporalmente de prestar atención a otros estímulos del entorno . Ese ejercicio obliga a sostener el foco y a evitar distracciones , dos capacidades que forman parte de las llamadas funciones ejecutivas.
Según especialistas en neuropsicología, estos pequeños desafíos cotidianos también estimulan la memoria de trabajo y el control de los impulsos , habilidades fundamentales para el aprendizaje y la resolución de problemas.
Además, al tratarse de un juego elegido por el propio niño, la actividad suele realizarse de forma natural , sin presión ni exigencias externas.
Los investigadores encontraron un punto en común entre este hábito infantil y algunas prácticas actuales de atención plena o mindfulness .
En ambos casos, la propuesta consiste en dirigir voluntariamente la atención hacia un único estímulo del presente para disminuir la dispersión mental. Mientras que en el mindfulness muchas veces se utiliza la respiración como punto de referencia, algunos chicos lo hacían contando baldosas, escalones o farolas durante un recorrido.
Aunque el objetivo era simplemente entretenerse, el mecanismo mental resulta muy parecido .
Un trabajo publicado en Frontiers in Psychology analizó distintas tareas de conteo utilizadas para medir la estabilidad de la atención.
Los autores observaron que seguir secuencias simples favorece los mecanismos cerebrales vinculados con el control ejecutivo y ayuda a reducir la tendencia a que la mente se disperse constantemente.
Los investigadores aclaran que estos ejercicios no convierten por sí solos a una persona en más inteligente ni garantizan un mejor rendimiento cognitivo, pero sí representan una forma sencilla de entrenar la capacidad de concentración .
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

.jpg)

Redes