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Tiene síndrome de Down, una imagen despertó su vocación de ser bombero y decidió perseguir su sueño pese a las dudas de su familia

Ser bombero voluntario implica entrenarse, estar disponible las 24 horas y enfrentar situaciones de riesgo, desde incendios hasta rescates. Hace 12 años, Santiago Sequeira decidió asumir ese compromiso y, desde entonces, nunca dio un paso atrás.

Tiene 29 años, vive en Daireaux y tiene síndrome de Down . Además de trabajar como camillero en el Hospital Municipal Dr. Pedro Mario Romanazzi, integra el cuerpo de Bomberos Voluntarios de la ciudad, donde hoy se desempeña como cabo primero tras años de formación y servicio.

Su historia comenzó cuando un compañero del secundario era cadete del cuerpo. Esa experiencia despertó en él el deseo de seguir el mismo camino. Estudió, rindió los exámenes y convirtió ese sueño en una realidad que hoy combina con otra vocación: asistir a los pacientes del hospital de su ciudad.

En diálogo con TN , Santiago recordó cómo nació su pasión por el cuartel, habló del incendio forestal que más lo marcó, del compañerismo que encontró entre sus colegas y de su deseo de seguir vistiendo el uniforme para ayudar a quienes más lo necesitan.

Mientras cursaba el secundario, un compañero de Santiago era cadete del cuartel de Bomberos Voluntarios de Daireaux. Verlo desempeñarse en esa función despertó su interés y descubrió cuál era su vocación: “ Quise ser bombero ”, recuerda Santiago.

Poco después, ingresó como cadete al cuartel y empezó a prepararse para cumplir su objetivo: estudió en la Federación de Bomberos Voluntarios, rindió los exámenes correspondientes y, finalmente, logró convertirse en bombero.

Cuando terminó el secundario, también se formó como camillero e hizo la residencia. Desde entonces, combina ambas vocaciones de servicio. Lleva más de 10 años trabajando en el Hospital Municipal y hace 12 integra el cuerpo activo del cuartel, donde recientemente ascendió al cargo de cabo primero.

La decisión de Santiago tomó por sorpresa a toda la familia . Al principio, su mamá, María, sintió temor por los desafíos que implicaba la profesión: “Yo pensé un poco: ‘¿Cómo los bomberos van a tomar a Santiago con síndrome de Down? ¿Qué va a hacer este chico ante un incendio inmenso? ’”, expresa.

Sin embargo, con el paso del tiempo, las dudas se transformaron en aprendizaje para todo el entorno familiar. “ Aprendí a soltar, a confiar , a que los bomberos siempre se cuidan entre ellos”, explica María.

El cuartel no solo le abrió las puertas a Santiago, sino que también se terminó convirtiendo en una segunda familia para todos: “ A Santiago le cambió totalmente la vida . Los bomberos siempre me dicen que todos aprenden de él”, afirma su mamá.

Hoy, el temor inicial dio paso al orgullo: “Estamos sumamente agradecidos y muy orgullosos de Santi. Siempre le decimos que nos cambió la vida para bien ”.

La rutina de Santiago va mucho más allá de responder a las emergencias. De lunes a viernes participa en las tareas de mantenimiento: limpia los vehículos, el equipamiento y, junto a sus compañeros, se capacita de manera permanente. “ Estudiamos. Nos formamos ”, destaca el bombero.

Los operativos donde más se desempeña Santiago son en los incendios forestales. Durante los 12 años que lleva en el cuerpo de bomberos, hay uno que aún permanece intacto en su memoria: “ Estuvimos 48 horas en un incendio forestal ”, recuerda.

Más allá del fuego, lo que más le impactó fue lo que ocurría a su alrededor. “Los animales”, responde al recordar aquella experiencia. Durante ese operativo, vio escapar liebres, mulitas y aves que huían desesperadas de las llamas . Esa imagen quedó grabada para siempre en su memoria.

Después de pasar más de una década en el cuartel, Santiago asegura que nunca sintió miedo durante un operativo . Cuando le preguntan si alguna vez dudó ante una emergencia, responde con un contundente: “No”. Para él, la explicación de esa seguridad está en el grupo que lo acompaña día a día.

“ En el cuartel realmente formó una familia y todos formamos parte de ella ”, afirma María. Con el tiempo, ella misma también empezó a colaborar con la institución: integró la comisión directiva y hoy su esposo es el presidente de la comisión.

“Es nuestra forma de agradecer y apoyar a los que le dieron un muy buen lugar en la sociedad y en su ámbito laboral a Santi”, expresó María.

Santiago ya pasó de ser bombero raso a cabo primero y no piensa detenerse. Cuando le preguntan cómo se imagina el futuro, su respuesta es sencilla: quiere seguir siendo bombero , incluso después de jubilarse, como ya hacen algunos de sus compañeros.

Porque, más que una profesión, encontró un lugar donde ayudar a los demás y una familia que lo acompaña desde hace 12 años.


Fuente: TN


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