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Sigmund Freud: “La mayoría de las personas no quieren realmente la libertad, porque la libertad implica responsabilidad”

Una de las ideas más potentes atribuidas a Sigmund Freud , creador del psicoanálisis, gira en torno a la relación entre libertad y responsabilidad: “La mayoría de las personas no quieren realmente la libertad, porque la libertad implica responsabilidad, y la mayoría de las personas tienen miedo de ella” .

Según el célebre médico austríaco esto implica que ser libre es hacerse cargo de las propias decisiones y afrontar sus consecuencias . Esta reflexión atraviesa buena parte de sus estudios sobre la tensión entre los deseos individuales, las normas sociales y el sentimiento de culpa.

Para el psicoanálisis, el ser humano no se guía solo por la razón. Freud planteó que gran parte de la conducta está determinada por deseos inconscientes, experiencias de la infancia y conflictos internos que muchas veces pasan inadvertidos.

Desde esta perspectiva, la libertad no consiste simplemente en hacer lo que uno quiere, sino en reconocer los propios deseos, aceptar sus consecuencias y no delegar la responsabilidad en otros . Esa autonomía puede resultar incómoda porque obliga a preguntarse qué se quiere realmente, qué cambios se está dispuesto a asumir y qué consecuencias pueden traer las elecciones personales.

Freud observó que muchas personas encuentran tranquilidad al seguir reglas, costumbres o expectativas externas , ya que eso reduce la incertidumbre y el temor al error. Elegir un camino propio implica dejar atrás ciertas seguridades, aceptar posibles errores y enfrentar críticas.

Por eso, desde la mirada freudiana, algunas personas prefieren que otros decidan por ellas. La responsabilidad aparece como el precio de la autonomía : cuanto más poder se tiene sobre la propia vida, mayor es la carga de hacerse cargo de las propias decisiones.

Uno de los conceptos centrales en la obra de Freud es el conflicto entre los impulsos personales y las normas sociales . En su libro “El malestar en la cultura” (1930), analizó cómo la vida en sociedad exige renunciar a ciertos deseos individuales a cambio de seguridad y orden.

Desde esa óptica, la libertad total puede chocar con la necesidad de pertenecer, sentirse protegido y formar parte de un grupo. Los límites sociales, aunque necesarios para la convivencia, pueden generar culpa o frustración en quienes sienten que deben reprimir sus deseos.


Fuente: TN


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