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Henry David Thoreau, filósofo: “Si construiste castillos en el aire tu trabajo no está perdido, pero debes ponerles cimientos”

El filósofo Henry David Thoreau acuñó una frase que encierra un pensamiento que vincula lo mucha veces intangible como la expectativa con lo concreto de la realidad: “Si construiste castillos en el aire tu trabajo no está perdido, pero es tiempo de ponerles cimientos” .

Antes de cualquier cambio real suele existir una imagen íntima, casi secreta, de una vida posible. Alguien se imagina dejando un trabajo que ya no soporta , escribiendo un libro, mudándose, aprendiendo algo nuevo, empezando un proyecto o reconstruyendo una relación. Desde afuera, esos pensamientos pueden parecer castillos en el aire , fantasías sin base, planes demasiado grandes para la realidad cotidiana.

El estadounidense Thoreau , sin embargo, propone mirarlos de otro modo. Para él, esos castillos no son un error . Son el primer dibujo de algo que todavía no tiene estructura.

La frase atribuida al filósofo estadounidense resume muy bien esa tensión. Si construiste castillos en el aire, tu trabajo no está perdido. Allí es donde deben estar. Pero ahora hay que ponerles cimientos .

La primera parte rescata el valor de imaginar. La segunda impide quedarse atrapado en la fantasía. Thoreau no desprecia los sueños, pero tampoco los confunde con logros . Les reconoce una función inicial, la de abrir una posibilidad, y luego exige el paso más difícil, convertir esa posibilidad en hábitos, decisiones, renuncias y acciones concretas.

Esa mirada encaja con su propia vida. Thoreau, nacido en 1817 y fallecido en 1862, no entendía la filosofía como un ejercicio puramente teórico. En Walden , su obra más conocida, relató el experimento de vivir durante un tiempo en una cabaña cerca de un lago en Massachusetts para comprobar qué pasaba cuando la existencia se reducía a lo esencial .

Thoreau veía a muchas personas ocupadas, aceleradas y absorbidas por obligaciones que quizás nunca habían elegido del todo. Por eso su consejo no apunta a abandonar toda responsabilidad, sino a recuperar una pregunta básica. Qué vida quiero construir y qué estoy haciendo hoy para acercarme a ella .

La psicología moderna llegó, por otros caminos, a una conclusión parecida. La investigadora Gabriele Oettingen estudió durante años el efecto de las fantasías positivas y encontró algo interesante.

Imaginar un futuro ideal puede aliviar en el presente, pero también puede reducir la energía para actuar si la persona se queda solo en la imagen del resultado. Ver mentalmente el éxito sin mirar los obstáculos puede generar una sensación engañosa de avance, como si una parte del trabajo ya estuviera hecha.

La alternativa que propone Oettingen se conoce como contraste mental. Primero se imagina el futuro deseado, pero luego se identifica con claridad el obstáculo principal que existe ahora mismo. No es pesimismo. Es una forma de realismo útil . En términos de Thoreau, significa conservar el castillo, pero empezar a mirar dónde irían las bases, qué materiales hacen falta y qué grietas podrían aparecer.

Algo similar observaron los psicólogos Lien Pham y Shelley Taylor al comparar la imaginación centrada en el resultado con la imaginación centrada en el proceso.

No es lo mismo decir “voy a lograrlo” que preguntarse “qué haré hoy, cómo me voy a organizar, qué distracciones debo evitar”. La segunda forma suele ser más eficaz porque transforma el deseo en planificación y reduce la ansiedad frente a una meta grande.

Por eso la frase de Thoreau es una defensa de la esperanza con método. El psicólogo C. R. Snyder definía la esperanza como una combinación entre empuje y caminos posibles. Hace falta querer llegar, pero también encontrar por dónde. Los castillos en el aire dan el para qué. Los cimientos responden el cómo.


Fuente: TN


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