
Durante años, el blanco fue el color indiscutido para pintar las fachadas: luminoso, versátil y fácil de combinar. Sin embargo, las nuevas tendencias en arquitectura y diseño exterior impulsaron un cambio de rumbo. Hoy, los hogares buscan transmitir más calidez y personalidad a través de paletas inspiradas en la naturaleza y materiales como la madera, la piedra y la cerámica.
En 2026, los colores neutros y terrosos ganaron terreno, desplazando al blanco puro y al beige tradicional. La apuesta es por tonos que aportan profundidad visual y se integran con distintos estilos arquitectónicos, desde casas modernas hasta propuestas rústicas.
Los verdes apagados se convirtieron en una de las grandes apuestas para exteriores. Tonos como el verde salvia, oliva o musgo aportan una sensación de calma y conexión con el entorno, especialmente en viviendas rodeadas de vegetación.
Además de sumar carácter, estos colores se adaptan tanto a casas de líneas modernas como a estilos más rústicos o de inspiración natural.
El beige no desapareció, pero cambió de versión. Los tonos arena, piedra y greige (mezcla de gris y beige) reemplazaron al blanco puro, logrando una estética más cálida y sofisticada.
Combinados con madera, hierro negro o detalles en piedra, estos colores crean exteriores elegantes y acogedores, ideales para quienes buscan una fachada atemporal con mayor profundidad visual.
Los colores inspirados en la tierra , como la arcilla, el terracota suave y los marrones cálidos, volvieron a ganar protagonismo en la decoración y también llegaron a las fachadas.
Estos tonos aportan una sensación artesanal y envolvente, y combinan especialmente bien con materiales naturales. Son la opción elegida por quienes buscan una casa con identidad propia y una presencia más cálida.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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