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Tiene 35 años, vive con parálisis cerebral y cuenta cómo una asistente sexual le cambió la vida: “Antes tenía miedo”


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La asistencia sexual existe desde hace décadas , aunque sigue siendo poco conocida. La falta de información se debe, en gran medida, a los tabúes y prejuicios que rodean la sexualidad y la discapacidad.

La persistencia de un estigma social que infantiliza a las personas con discapacidad dificulta el reconocimiento de su sexualidad como un derecho humano esencial para el bienestar y el desarrollo personal.

“Muchas personas, cuando conocen a alguien con discapacidad, pueden sentirse atraídas. Pero al momento de concretar un encuentro, aunque te quieran mucho, se autoexcluyen porque no saben qué hacer, porque no se habla del tema ”, cuenta Fran Orcellet en diálogo con TN .

Fran tiene 35 años y parálisis cerebral como consecuencia de una mala praxis médica durante su nacimiento, lo que le impidió caminar. Sin embargo, eso no lo detuvo: vive solo y es un artista integral que escribe, canta y actúa. Además, milita por los derechos de las personas con discapacidad y del colectivo LGBT+.

A diferencia de muchas otras personas, Fran creció en un entorno donde la sexualidad podía abordarse con naturalidad. Como persona trans, hablar sobre estos temas nunca fue un tabú en su casa. Conoció la asistencia sexual durante un viaje a Europa que realizó junto a su hermana como regalo familiar por haber terminado sus estudios.

“Me permitieron viajar unos días a Europa con mi hermana. Estábamos en Ámsterdam y visitamos la zona roja . Ahí nos comentaron que existían personas que trabajaban específicamente con personas con discapacidad y así conocí este servicio”, cuenta sobre aquel primer acercamiento.

Cuando regresó a la Argentina comenzó a buscar a alguien que ofreciera un acompañamiento similar. Tras encontrarla, decidió mantener varias entrevistas para comprender mejor de qué se trataba antes de animarse a vivir la experiencia .

“La asistencia, en mi caso, empieza con una entrevista previa. Hablamos de la vida, de cualquier tema, para conocernos. No hay un objetivo específico al que llegar ; se trata, sobre todo, de pasarla bien y tener un espacio propio de disfrute”, explica.

Para Fran, esos encuentros construyen una intimidad diferente a la que existe con amigos o familiares. La experiencia también le permitió comprender la importancia de contar con espacios propios.

“Antes me costaba cerrar la puerta de mi cuarto porque tenía miedo de que no me escucharan durante la noche. Desde que empecé a contratar asistencias entendí la importancia de cerrar la puerta y sentirme cómodo estando solo. Hay personas adultas que ni siquiera pueden elegir su propia ropa. Por eso entiendo que la asistente sexual también funciona como un puente hacia la autonomía”.

La experiencia también inspiró parte de su obra artística . Fran escribió dos poemarios a partir de los vínculos y reflexiones surgidos de esos encuentros. De allí nacieron los fanzines Todas las victorias y Por amor a Racing , donde aborda la discapacidad y la sexualidad en primera persona.

La asistencia sexual tiene como objetivo brindar apoyo a las personas con discapacidad para que puedan explorar, expresar y ejercer su sexualidad de manera autónoma , segura y respetuosa.

Laura Miller trabaja en el ámbito sexual desde hace 33 años y se dedica a la asistencia sexual para personas con discapacidad. Entre sus clientes hay un hombre al que acompaña desde hace una década. Tiene baja visión y actualmente supera los 90 años.

“Él ya me presentó ante sus hijos, nietas y bisnietas. Porque, aunque no lo creas, nosotras no solamente brindamos un servicio sexual. También ofrecemos escucha, contención y respeto ”, asegura.

Según explica, el acompañamiento no siempre implica relaciones sexuales . Muchas veces se trata de ayudar a las personas a reconocer y descubrir sus propias sensaciones corporales. “Se empieza explorando si sienten cuando les tocás las manos, los pies, el pelo o la panza. No se va directamente a los genitales. En el trabajo sexual tradicional muchas veces existe otra dinámica. Acá se necesita tiempo, paciencia y atención a los procesos de cada persona”.

Su trabajo abarca tanto a personas con discapacidad motriz como a personas con distintos diagnósticos de salud mental. Laura recuerda el caso de un cliente con esquizofrenia , en el que la familia participó activamente para garantizar la seguridad de todos los involucrados.

Las familias cumplen un rol fundamental para que estos encuentros puedan llevarse a cabo. “Una abuela me pidió que conociera a su nieto con síndrome de Down que se masturbaba con frecuencia . Pensó que podía ayudarlo a vivir su sexualidad de una manera más saludable. Lo acompañé durante aproximadamente un año, hasta que la familia se mudó”, cuenta Laura.

La especialista sostiene que muchas personas descubren aspectos vinculados con la autonomía a través de estos encuentros, ya que se genera un espacio donde deben valerse por sí mismas y tomar decisiones sobre su propio cuerpo: “Tenés que tener la empatía suficiente para entender que una persona quizás no tenga una reacción la primera, segunda o cuarta vez. Y vos tampoco podés frustrarte. Se trata de comprender qué le sucede a cada uno y acompañar ese proceso”.

Actualmente, Laura integra la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) y coordina Casita Roja, un centro de asistencia integral ubicado en el barrio porteño de Constitución para trabajadoras sexuales. Desde esos espacios impulsa la visibilización de una práctica que busca derribar prejuicios sobre la sexualidad y la discapacidad .

Existe una gran incongruencia entre lo que la legislación permite y lo que efectivamente reconoce en la práctica. La falta de claridad jurídica dificulta que la asistencia sexual sea considerada formalmente una actividad legítima y regulada.

Anabella Mazzini, consultora en comunicación inclusiva y social especializada en discapacidad, diversidad y derechos, trabaja desde hace años en la promoción de una mirada basada en la inclusión y el acceso a derechos .

Según la especialista, cuando una persona contrata este tipo de apoyo, aun cuando exista consentimiento entre las partes, la actividad carece de protección legal, laboral e institucional . “La Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad protege acciones destinadas a garantizar el bienestar de las personas con discapacidad. Además, la legislación argentina reconoce que la sexualidad es una parte fundamental de la salud. Por lo tanto, podría interpretarse que prácticas como la asistencia sexual están amparadas por ese marco normativo. Sin embargo, en la práctica no existe un reconocimiento claro de esta actividad, lo que evidencia una contradicción legal ”, explica.

Para Mazzini, visibilizar estas experiencias implica abordar cuestiones profundamente vinculadas con la dignidad humana, la salud mental y la igualdad de derechos .


Fuente: TN


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