
La rutina de los hospitales nunca les fue ajena. De hecho, para Mayra y Daiana , dos hermanas gemelas de 14 años que viven en la localidad bonaerense de Gregorio de Laferrere, el pasillo de un hospital era casi un paisaje cotidiano.
Las chicas nacieron conectadas por ese lazo inexplicable que une a los gemelos al nacer, enfrentando casi el mismo reto ante médicos y enfermeras, pero también por una batalla silenciosa: una enfermedad genética llamada poliquistosis renal autosómica recesiva , una afección de origen hereditario que daña el tejido provocando múltiples quistes en ambos riñones, aumentando su tamaño y causando hipertensión arterial, sangre en la orina y, a menudo, insuficiencia renal crónica.
A pesar de las complicaciones, las chicas intentaban llevar una vida relativamente normal. Realizaban controles mensuales y seguían una dieta estricta que les prohibía la sal y otros alimentos procesados. Su mamá, Nidia, y su hermana mayor, Evelyn (21), se encargaban de cocinarles platos especiales para cuidarlas, mientras compartían los días en su casa con el resto de la familia.
Sin embargo, en el último tiempo, las cosas cambiaron y la salud de ambas empezó a desgastarse más rápido. “Íbamos más seguido al hospital porque teníamos más controles. Igual, siempre nos cuidábamos entre nosotras ”, detalla Daiana sobre esos días de cuidados extremos, previos a que en el Hospital Garrahan decidieran inscribirlas en la lista de espera para trasplante.
El doctor Juan Ibáñez, médico y jefe de Clínica del Servicio de Nefrología del Hospital Garrahan, explicó que uno de los principales objetivos del centro de salud es agilizar la evaluación de pacientes con enfermedad renal avanzada para su ingreso a la lista de espera, permitiendo que reciban un trasplante renal y evitando así el inicio de la diálisis. Según el especialista, este abordaje preventivo garantiza una mejor evolución clínica y, sobre todo, una mayor calidad de vida a futuro.
El proceso de espera no fue fácil. Pasaron meses de incertidumbre y temores compartidos donde la fortaleza de una sostenía a la otra. “ Yo me puse muy feliz cuando entramos en lista de espera porque me quería operar, no quería entrar en diálisis . De todas maneras tenía mucho miedo a la operación”, admite Daiana. Pero el temor no era solo por lo que pudiera pasarle a una en el quirófano, sino por el destino de su compañera de vida: “Mi miedo era que le pasara algo a Dai” , confiesa Mayra.
El destino se aceleró a mediados de abril. Las chicas habían viajado desde La Matanza al Garrahan para un control de rutina y terminaron quedando internadas de urgencia. Desde la ciudad de La Plata estaba llegando la oportunidad de sus vidas. Un solo donante contenía los órganos perfectamente compatibles para salvar a las dos .
La noticia las conmovió en plena sala de control, pero la probabilidad de que ambas recibieran el trasplante al mismo tiempo parecía baja al principio: Mayra estaba en el segundo lugar de la lista de prioridad, Daiana en el tercero, y adelante de ellas había otro nene . “Nos enteramos cuando estábamos en la sala por control, nos dijeron que había un donante y quedaron todos callados, y fui la única que dijo ‘¡qué bien!’. La doctora nos dijo que nos quedemos, que había un donante y podía que sea para nosotras”, recuerda Daiana sobre ese instante de silencio y sorpresa en el consultorio.
La idea de separarse en un momento tan crucial sumó una angustia inesperada para las adolescentes. “Por la posición de cada una en la lista había probabilidades de que no nos operaran juntas” , explica Mayra. El miedo a atravesar el proceso solas quedó reflejado en la reacción inmediata de su hermana: “Yo estaba retriste, no quería que te operaras sin mí ”, le dijo Daiana.
Finalmente, tras hacer distintos estudios, los médicos resolvieron que ambos riñones serían para las hermanas. Lo que siguió fue un operativo contrarreloj que comenzó a las seis de la tarde del miércoles. Las horas previas estuvieron cargadas de preparativos intensos y una noche en vela, en la que los nervios se instalaron en la habitación del hospital.
La madrugada avanzaba y los procedimientos médicos no se detenían. “Esa noche nos sacaron sangre, nos pusieron una vía, nos hicieron unos urocultivos, nos dijeron que a las seis íbamos a cirugía”, relata Daiana. Mientras el tiempo corría hacia el amanecer, el sueño se volvió esquivo para una de ellas: “Yo no pude dormir. Dai, sí. Estábamos juntas, pero yo estaba nerviosa y tenía miedo de que le pasara algo a ella”, se sincera Mayra.
El jueves 16 de abril, exactamente a las seis de la mañana, ingresaron al área quirúrgica. Allí comenzó un despliegue de alta complejidad inédito para la historia del hospital en el caso de hermanos gemelos. Las adolescentes entraron en forma simultánea a dos quirófanos , donde se conformaron dos equipos de anestesia integrados por técnicos, circulantes, urólogos, especialistas cardiovasculares y nefrólogos. En total, unas 20 personas participaron de las cirugías.
Lo último que sintió Daiana antes de dormirse por completo fue música ambiental en el quirófano, aunque no tuvo tiempo de distinguir qué canción era. El verdadero analgésico contra el miedo había sido el gesto previo que tuvieron en el pasillo: “Antes de entrar al quirófano nos dimos un abrazo y nos dijimos que nos queríamos mucho” , rememora.
El primer operativo simultáneo en hermanas gemelas del Garrahan concluyó con total éxito a las 10:30 de la mañana con una diuresis normal en ambas pacientes, según informaron desde el hospital, y destacaron el trabajo de todo el equipo de trasplante renal y de las áreas de soporte que hacen posibles hitos como este. Al despertar de la anestesia, la primera petición de Mayra fue saber el estado de su gemela, necesitando comprobar con sus propios ojos que todo había salido bien. “Yo la vi a Dai después de la operación porque lo pedí. Ella seguía durmiendo y tenía miedo, pero mi mamá me avisó que había salido todo bien. Ella nos acompañó mucho ”, relata Mayra.
Para Nidia, la mamá de las nenas, la intervención fue el cierre de un largo calvario que empezó cuando las bebas tenían apenas meses de vida. En aquel entonces fueron derivadas desde el Hospital de Niños de San Justo, donde les diagnosticaron la enfermedad después de detectar que sus pancitas se hinchaban mucho, lloraban sin parar y sufrían reiteradas infecciones urinarias acompañadas de fiebre alta.
“Tuve miedo, pero siempre tuve mucha fe en Dios, fuimos a este hospital y ahí confiamos en los buenos médicos. Fueron muchos años de hospitales, se enfermaban mucho de chiquitas”, recuerda Nidia, conmovida por el recuerdo de tantos años de lucha.
El día de la cirugía simultánea, la tensión acumulada durante catorce años se transformó en un llanto constante para la madre, que esperaba en los pasillos sin poder creer lo que estaba viviendo. “El día de la operación yo me lloré todo porque tenía mucho miedo y cuando las vi que salieron del quirófano, me tranquilicé”, confiesa.
El resultado superó incluso sus propias expectativas, ya que se imaginaba un escenario completamente diferente: “Ahora van a estar bien, me siento más tranquila, solo queda cuidarse mucho, tomar su medicación y cuidar sus riñoncitos”.
La mamá, además, dejó un especial mensaje: “Le agradezco mucho a la familia del donante. Gracias a ese ángel donante ahora mis hijas están así, les dieron otra oportunidad de vida”.
Hoy, Mayra y Daiana ya tienen el alta médica tras una muy buena evolución y están de regreso en su casa de Laferrere, con la función renal mejorada y recibiendo todos los cuidados necesarios y habituales para un postrasplante. Aunque todavía deben mantener ciertos resguardos porque tienen las defensas bajas debido a la medicación inmunosupresora, su evolución es óptima y ya proyectan todo lo que quieren hacer de ahora en adelante.
“Ahora estamos mejor, nos sentimos mejor, tenemos las defensas bajas, pero los médicos nos dijeron que cuando las levantemos vamos a poder empezar a salir. Igualmente yo me siento muy bien”, dice Daiana entusiasmada, mientras su hermana asiente y ya piensa en recuperar el tiempo perdido y ponerse en movimiento: “Ahora yo quiero hacer algunos deportes porque antes no nos dejaban” , planea.
Si cumplen con todos los controles y cuidados, pronto estarán recuperadas para cumplir un gran sueño pendiente: ir a ver en concierto a los BTS, la banda de K-Pop de la que son fanáticas.
Pero la experiencia que atravesaron en los hospitales también las marcó a futuro y despertó en ellas una vocación muy clara de servicio. “ Queremos ser enfermeras , nos gusta mucho. Cuando era chiquita y me ponían vacunas, me llevaba jeringas a mi casa y se las ponía a mis peluches”, revela entre risas Daiana.
Con la madurez de quien creció entre camillas, Mayra mira hacia atrás con agradecimiento y sin resentimientos respecto a su dolencia: “Yo creo que mi enfermedad no es tan mala, hay nenes peores y me pongo triste por ellos. Además, valoro mucho a mi mamá que estuvo siempre” , reflexiona. Su hermana coincide en la inmensa felicidad que significó el regreso al hogar: “Nos sentimos muy orgullosas de lo que pasamos. Cuando me dieron el alta fue el momento más feliz ”, asegura.
El servicio de Trasplante Renal del Hospital Garrahan alcanzó en 2025 el récord anual de 55 intervenciones , 14 de las cuales fueron simultáneas, pero esta es la primera vez que se produce en hermanas gemelas y con órganos provenientes de un mismo donante. El éxito de este operativo reafirma la excelencia de los equipos del hospital en la alta complejidad infantil, quienes trabajan de manera interdisciplinaria para brindar los mejores tratamientos a chicos de todo el país.
Al final de este largo camino, las dos dejan de hablar de sí mismas para mirar hacia adelante y enviarle un mensaje lleno de esperanza a quienes, en algún rincón del país, todavía están en una camilla esperando ese llamado que les cambie la vida para siempre: “A quienes están en lista de espera, no tengan miedo, es normal tenerlo, pero tengan fe de que va a salir todo bien y paciencia porque aunque tarde, el órgano llega”, concluye Mayra.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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