
Los efectos de las inyecciones para adelgazar siguen abriendo signos de pregunta en lo que todavía se considera una trayectoria sanitaria históricamente breve, pero que ha calado hondo en las sociedades del mundo. Uno de esos interrogantes es por el efecto que tienen estos fármacos en personas que padecen trastornos alimentarios como la bulimia y la anorexia. Hasta ahora ha sido un terreno poco transitado e investigadores estadounidenses decidieron abordarlo.
Con ese fin la herramienta fue hacer una encuesta para la que reclutaron a 436 personas , de las cuales el 94,2 por ciento eran mujeres con un promedio de edad de 34 años , todas con algún tipo de trastorno alimentario . Según las respuestas obtenidas, más de la mitad con trastorno por atracones y cerca de un tercio con anorexia atípica informaron haber utilizado los denominados fármacos GLP-1.
Incluso, el 22 por ciento utilizaba estas inyecciones en el momento de la encuesta, mientras que el 10 por ciento informó un uso indebido, que entre otras cosas significa haber consumido preparados a través de la Web y sin receta. En este sentido, los autores del estudio, de la Universidad de Louisville, en Kentucky, señalan que la explosión del mercado de la pérdida de peso ha creado un “entorno de riesgo en rápida evolución” , dice el artículo publicado en la revista JAMA.
Cheri Levinson, directora del Laboratorio de Tratamiento de la Ansiedad Alimentaria de la Universidad de Louisville, coautora de la investigación, afirma que “ no existen protocolos para evaluar a los pacientes que solicitan un medicamento GLP-1 para un trastorno alimentario". Sin embargo, advirtió que "los médicos pueden utilizar la herramienta de evaluación SCOFF, que consta de cinco ítems, cuando un paciente solicita el medicamento".
Clarín consultó entre expertos locales cómo se maneja este tipo de situaciones, es decir, cuando aparecen en los consultorios pacientes que sufren trastornos alimentarios más allá de la obesidad. Confirmaron que no existe un protocolo para dicha situación clínica y que siempre hay que ver cada caso puntual porque "hay pacientes que pueden tener compulsión alimentaria y trastorno por atracón y se benefician con semaglutida y tirzepatida". Sin embargo, el trabajo de Louisville interpela esa premisa.
Volviendo al estudio publicado en JAMA, detalla que el uso de GLP-1 fue mayor entre quienes padecían trastorno por atracones, con poco más del 50 por ciento ; seguido de quienes presentaban anorexia nerviosa atípica, alrededor del 42 por ciento ; trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos, alrededor del 30 por ciento ; bulimia nerviosa, más del 25 por ciento ; y anorexia nerviosa, cerca del 11 por ciento .
También se preguntó a los participantes sobre el uso indebido de los GLP-1, definido como tomar más de la dosis prescrita , aumentar la dosis sin una receta médica , tomarlo durante más tiempo del prescrito o compartir su medicamento con otras personas. Aproximadamente el 10 por ciento de los participantes reportaron un uso indebido del medicamento.
Levinson agregó que los médicos deben ser cautelosos si un paciente con un trastorno alimentario conocido o sospechado solicita un GLP-1, incluso si la persona está en remisión. “Aunque algunos médicos afirman que los GLP-1 podrían ayudar a los pacientes con atracones, cualquier medicamento utilizado para ayudar a lograr la restricción alimentaria en esta población es arriesgado ”, asegura la experta en el sitio especializado Medscape.
Y agrega: “La pregunta que el médico de atención primaria debería hacerse es: ¿ Por qué la persona quiere tomar GLP-1 ? Si lo usa para restringir su alimentación, para bajar de peso o para intentar suprimir el apetito -que son efectos inherentes al medicamento- entonces eso va a ser muy problemático …, porque eso es precisamente lo que causa las recaídas y mantiene un trastorno alimentario”.
Editor jefe de la sección Sociedad
Fuente:
Clarín
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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