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La última visita de un papa: el viaje de Juan Pablo II en 1987, cuando recorrió diez ciudades en seis días


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Treinta y nueve años pasaron desde la última visita de un Papa a la Argentina . Fue entre el 6 y el 12 de abril de 1987, cuando Juan Pablo II llegó por segunda vez al país y fue recibido por el entonces presidente Raúl Alfonsín. Fue una visita pastoral esperada, en la cual el pontífice polaco recorrió diez ciudades, muy distinta del apretado viaje de apenas 30 horas que había realizado en junio de 1982, cuando llegó por primera vez en los días finales de la guerra de Malvinas.

Si en 1982 el Papa había sido recibido por la Junta Militar, encabezada por el presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri , quien se arrodilló al saludarlo al descender del avión, la visita de 1987 fue en un clima político y social muy diferente. Habían pasado cuatro años de la recuperación de la democracia. A pesar de ello, pocos días después de la histórica visita de Juan Pablo II se produjo la primera rebelión de los militares carapintadas que jaqueó al gobierno de Alfonsín.

Incluso, dos meses después, en junio, en un tiempo político en el que la relación en entre el gobierno radical y la Iglesia atravesaba tiempos de conflicto, fue sancionada en el Congreso la ley de divorcio vincular.

Al llegar al Aeroparque Jorge Newbery, procedente de Chile, el papa Karol Wojtyla expresó su “profunda alegría y gran emoción al pisar por segunda vez esta bendita tierra de la Argentina”. Y abundó : “Vuelvo ahora en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión que el Señor me ha encomendado, de evangelizar y ser maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos”.

A lo largo de su visita pastoral, un multitudinario fervor acompañó al Papa en su recorrida por el país. Además de los encuentros en la Catedral metropolitana y en la Jornada Mundial de la Juventud que se celebró en la esquina de las avenidas Santa Fe y 9 de Julio, Juan Pablo II convocó a fieles de distintas edades y culturas las en las celebraciones que lo llevaron a Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario. Fue un recorrido frenético y en muchos casos llegó a tres ciudades en la misma jornada. Por ejemplo, al día siguiente de su llegada viajó a Bahía Blanca, Viedma y Mendoza.

El pontífice, elegido en el cónclave de octubre de 1978, ya era considerado un “papa viajero”. Fue su viaje apostólico número 33 fuera de Italia –concluyó su papado de 27 años con 104 viajes internacionales– y pronunció 26 mensajes pastorales frente a casi cuatro millones de personas que se acercaron a escucharlo en los seis días de su visita. Sus mensajes no eludieron temas ríspidos, desde los desafíos que enfrentaba la viuda humana y la unidad familiar hasta la paz, el amor, la justicia, la reconciliación, la dignidad del hombre y la evangelización de los pueblos.

El Papa mantuvo encuentros con obispos, sacerdotes, religiosos, laicos y agentes de pastoral, diplomáticos, políticos, dirigentes sindicales, empresarios, campesinos, inmikgrantes, enfermos, aborígenes, representantes de otras confesiones religiosas y el mundo cultural, además de las celebraciones multitudinarias.

A los 67 años, Juan Pablo II mostró su carisma para entablar un diálogo activo con los jóvenes que en la noche del sábado 11 de abril cubrieron la avenida 9 de Julio, desde Santa Fe hasta el Obelisco. Quedó grabado en la multitud el cántico “Juan Pablo II, te quiere todo el mundo”.

El Papa se movilizó por las calles en el “Papamóvil” y, luego de visitar el primer día la Catedral porteña, el presidente Alfonsín lo recibió en la Casa Rosada, donde compartieron una audiencia, tras la cual se dirigió al Salón Blanco, donde ofreció un mensaje a dirigentes políticos y de la oposición y a las autoridades del Poder Judicial. “Corresponde ciertamente al Estado prestar una particular atención a la moralidad pública, a través de oportunas disposiciones legislativas, administrativas y judiciales, que aseguren un ambiente social de respeto de las normas éticas, sin las cuales es imposible una digna convivencia humana”, sentenció.

Unas 130.000 personas recibieron al Papa en Bahía Blanca, donde habló sobre la “evangelización del mundo rural”. El obispo Miguel Esteban Hesayne, una de las voces de la Iglesia más comprometida con la defensa de los derechos humanos, lo recibió en Viedma y de allí partió a Mendoza, donde rezó por la paz, dos años y medio después de haber cerrado con su mediación el conflicto con Chile por el Canal de Beagle.

En Córdoba, donde recibió a personas enfermas y con discapacidad, Juan Pablo II habló de “la realidad del matrimonio y de la familia en este tiempo de prueba y de gracia”, cuando ya se había lanzado en el país el debate por la ley de divorcio.

Unas 80.000 personas lo aclamaron en Tucumán, donde meditó sobre “los cristianos y la patria” y se probó en Salta un poncho tradicional. Allí habló sobre la evangelización cristiana, mientras lo escuchaban representantes de comunidades de pueblos originarios. En tanto, la religiosidad popular fue el tema de su mensaje en Paraná.

Ya en Buenos Aires, celebró una multitudinaria misa en el estadio de Vélez Sarsfield, ante sacerdotes, religiosos, laicos y agentes pastorales. Y tuvo un encuentro con el mundo del trabajo en el Mercado Central, al que concurrió el entonces secretario general de la CGT, Saúl Ubaldini, quien pronunció unas palabras. Allí, Juan Pablo II proclamó: “No podéis conformaros con unos objetivos de corto alcance, cuya única finalidad se reduzca a la concertación colectiva de las remuneraciones y a la disminución de las horas laborales. Es justo que exista una noble contienda sindical, pero encaminada a conseguir los objetivos propios del mundo laboral, dirigida a fortalecer la solidaridad y elevar el nivel de vida material y espiritual de los trabajadores”.

El Papa tuvo, además, una reunión con empresarios en el Luna Park. Ante ellos, destacó el “espíritu emprendedor” y les pidió “servir al bien común en el vasto y complejo campo de la producción de bienes y servicios”.

En otra de sus presentaciones, ante el Monumento a la Bandera, en Rosario, Juan Pablo II se refirió a la misión de los laicos en la Iglesia, un tema que sus sucesores mantuvieron siempre en pensamiento y acción.


Fuente: La Nación


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