
No hay paciencia en el Monumental. Demasiado viene durando tras un indigno 2025 donde no se logró ni siquiera la clasificación a la Copa Libertadores . Caminan la cancha los jugadores de River mientras que los de Tigre corren con hambre de gloria. Los goles caen uno tras otro para un 1-4 histórico. “Jugadores/la con... de su madre/a ver si ponen huevos/que no juegan con nadie”, cantan los hinchas al compás del baile de los visitantes. La leve mejoría que evidenció River en el comienzo del año quedó en nada con este paso de kilómetros en falso. Y si la bronca no alcanza a Marcelo Gallardo es por esa estatua que se ganó en el ciclo pasado. Porque una actuación como la de este sábado no resiste absolutamente nada.
Mucho se habló en la semana de la prueba de fuego que podía ser Tigre para el nuevo River. Y el Matador de Victoria desnudó al conjunto de Marcelo Gallardo a puro contragolpe. Fue una lección de fútbol. La postal que regaló el Monumental fue la de un equipo enloquecido, sin ideas y rápidamente frustrado contra otro inteligente, concentrado y plenamente seguro del plan orquestado por su entrenador Diego Dabove. El 2-0 con el que se fue la visita al descanso tal vez fue injusto porque pudo anotar alguno más, especialmente con un cabezazo del potente David Romero que se fue apenas arriba del travesaño.
El juego del huevo y la gallina está ahí desde el tiempo de los tiempos y no tiene solución. ¿Por qué Gallardo apostó por un cambio de esquema justo cuando el equipo parecía entregar buenas señales después de las victorias ante Barracas Central y Gimnasia y el valioso empate contra Central en Rosario? Afuera el 4-3-3 y adentro el 4-3-1-2 con Juanfer Quintero de enganche y con Maximiliano Salas y Facundo Colidio por todo el frente de ataque. A veces, los entrenadores sobreanalizan demasiado el juego. Porque seguramente el Muñeco tuvo sus razones para modificar el dibujo. ¿Pero era el momento?
Fue un cachetazo tras otro el que sufrió River. Matías Viña y Lautaro Rivero cumplirán 80 o más años y recordarán lo que padecieron las corridas de los atacantes de Tigre. Por el sector izquierdo decidió perforar la visita y fue la fiesta de la pelota al espacio. Cuesta entender cómo el local quedó siempre mal parado. La solidez defensiva había sido lo mejor de las primeras tres fechas. Romero la guapeó y habilitó a Tiago Serrago en el primero. Fue floja la respuesta de Santiago Beltrán, aunque hubo un pequeño desvío en Viña. El segundo llegó después de una mala entrega de Juanfer a Aníbal Moreno y Romero definió luego de la habilitación de Ignacio Russo. Y así, con el pase largo al callejón del lateral uruguayo jugó toda la tarde la visita.
Iban 26 minutos cuando explotó el Monumental con el “movete, River, movete”. La sensación fue de vuelta al pasado, con murmullos para Salas, Viña y Colidio. En esa espantosa etapa inicial, solo se puede destacar la rebeldía de Tomás Galván (estrelló un derechazo en el travesaño) para encarar y la entrega de Fausto Vera, otra vez muy errático con la pelota en los pies.
Gallardo intentó acomodar la piezas con el ingreso de Marcos Acuña por Viña y con Moreno armando una línea de tres con los centrales. Pero el Huevo entró a caminar la cancha y el ex Palmeiras le sirvió el gol a Ignacio Russo a los 4 minutos con un insólito pase al medio. ¿Arrastrará River a Moreno, ese volante que regresó al país con la idea de sumar rodaje y entrar en la consideración de Lionel Scaloni?
Lo que siguió fue el concierto dentro del desconcierto. Romero jugó el mejor partido de su vida y en su enésima corrida le sirvió otro gol a Russo. Habrá festejado su papá Miguel desde el cielo. Un rato antes se había ido expulsado Vera. Pudo para la hemorragia River y descontó con un disparo lejano de Rivero. Pero la goleada de Tigre pudo ser más grande. Los silbidos se repartieron para todos y solo se salvaron Juanfer, los pibes y Gallardo. “Esto se pareció al 5-0 de Colombia a Argentina”, resumió un plateísta entrado en años. Y no le faltó verdad. Aquella jornada de 1993 fue coronada con una emblemática tapa de la revista El Gráfico. “¡Vergüenza!”, destacó la portada con fondo negro. Y bien podría ser esa palabra el resumen del duelo. Aunque sería injusto para Tigre, que bailó a River en Núñez.
Redactor de la sección Deportes
Fuente:
Clarín
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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