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Tenía 25 años, salió a comprar y desapareció para siempre


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La misteriosa desaparición de la joven millonaria Dorothy Arnold ocurrió en diciembre de 1910 en Manhattan, cuando salió de su hogar y se desvaneció sin dejar rastros.

La joven, de veinticinco años, era hija de un influyente importador de perfumes y sobrina de un magistrado del Tribunal Supremo.

Su vida transcurría entre los eventos más exclusivos de la élite de Nueva York , aunque ella buscaba una independencia esquiva a través de su gran pasión: la literatura .

A pesar de su posición privilegiada, Dorothy Arnold se sentía asfixiada por las normas sociales de la época. Intentaba publicar sus relatos de forma anónima para evitar el juicio de su familia, la cual consideraba que una mujer de su rango solo debía aspirar al matrimonio aristocrático .

El 12 de diciembre de 1910, Arnold salió de su residencia en la calle 79 con la intención de comprar un vestido. En su camino, adquirió una caja de chocolates y un ejemplar de un libro de ensayos. Varios conocidos la saludaron en la Quinta Avenida , notándola de excelente humor.

Sin embargo, tras ese último avistamiento cerca de las dos de la tarde, la mujer desapareció por completo. Lo que siguió fue una serie de decisiones erráticas por parte de su padre, quien inicialmente ocultó la noticia para proteger el prestigio familiar del escrutinio público.

La familia Arnold tardó semanas en dar aviso a la policía, prefiriendo recurrir a la Agencia Pinkerton . Esta demora inicial resultó fatal para la preservación de pruebas y permitió que cualquier rastro físico de la joven se perdiera entre la nieve y el bullicio de la metrópoli.

Una de las líneas de investigación más sólidas apuntó hacia George Griscom Jr., un hombre con quien Dorothy mantenía un romance secreto .

Se descubrió que habían pasado tiempo juntos en hoteles meses antes, desafiando las estrictas prohibiciones de sus padres, quienes rechazaban la unión.

Griscom fue interrogado exhaustivamente en Europa, pero su coartada parecía sólida. El hombre entregó cartas donde Arnold expresaba su depresión por los constantes rechazos de las editoriales, lo que alimentó la teoría de un posible suicidio o un exilio voluntario para empezar de nuevo.

Otra hipótesis perturbadora sugería que la joven podría haber muerto durante un procedimiento médico clandestino que salió mal. Aunque se realizaron allanamientos en diversas clínicas privadas de la ciudad, nunca se halló evidencia que confirmara que Dorothy Arnold hubiera ingresado a alguno de estos centros.

Incluso tras el fallecimiento de sus padres, la fortuna familiar continuó siendo un motor para la investigación. Se ofrecieron recompensas astronómicas que atrajeron a cientos de oportunistas y videntes, pero ninguna de las pistas recolectadas en ciudades como San Francisco o incluso en México logró aportar un dato certero sobre su paradero.

A lo largo de las décadas, surgieron supuestos avistamientos en diferentes partes del mundo, pero ninguno fue verificado. El caso de la heredera desaparecida permanece hoy como un recordatorio de las limitaciones de la criminalística antigua y el peso del estatus social en la justicia.


Fuente: TN


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