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Habla el vecino de La Boca que se hizo viral cuando la hinchada le cantó: “Vendé la casa, la p.. que te parió”


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Caminar por la calle Del Valle Iberlucea al 800 es, para cualquier futbolero o futbolera, transitar por el epicentro de un sismo emocional. Pero para Guillermo , vivir allí durante 26 años ha sido una mezcla de orgullo xeneize y una espera que parece no tener fin. Hoy, su casa, esa propiedad centenaria que aparece en las fotos en blanco y negro de cuando el estadio era apenas un proyecto, tiene un cartel de venta.

La historia dio un vuelco viral cuando un viejo video de 2017 resurgió en las redes: la hinchada de Boca, en un cántico improvisado y cargado de ese humor ácido del tablón, le gritaba a uno de los propietarios frentistas: “¡Vende la casa, la p... que te parió!”. Lo que empezó como una broma de tribuna terminó siendo el empujón final para una decisión familiar y comercial.

Guillermo no es un vecino cualquiera; es un hincha de ley. Sin embargo, su realidad es un tanto irónica. “Soy socio adherente porque no me puedo hacer activo por la cantidad de socios que tiene el club. Imaginate vivir acá enfrente y no poder entrar a la cancha cuando hay partido ”, explica a TN , con una sonrisa agridulce.

Desde su ventana, el espectáculo es total, pero también invasivo. “Los días de partido los vidrios se sienten como si temblaran. No es que la casa vibre; son construcciones nobles de más de 100 años, pero el sonido es atronador. No podés ver el partido por tele porque tenemos un delay de un minuto y medio respecto a lo que escuchamos afuera”, relata.

Su deseo, como el de miles, es ver la Bombonera terminada. Pero la falta de comunicación de las sucesivas dirigencias lo agotó: “ Hace más de 15 años que esperamos que alguien se acerque a charlar. Pasan las gestiones, prometen en campaña que van a cruzar a hablar con los vecinos y después se olvidan. Es una toma de pelo”.

Hay algo en la luz de la tarde que pega en las estructuras de la cancha que no se ve en ningún otro lado de Buenos Aires; es como si el estadio te cuidara la espalda “, comenta con nostalgia, recordando las décadas de mates compartidos con otros vecinos frentistas que hoy, al igual que él, forman parte de este recambio generacional que busca nuevos horizontes sin soltar del todo la pasión.

Sin embargo, la decisión de mudarse no borra el sentido de pertenencia que lo llevó a resistir tanto tiempo. Guillermo recuerda con lujo de detalle las veces que tuvo que explicarle a algún visitante distraído que su casa ya estaba allí antes de que el cemento de la cancha de Boca terminara de cerrarse frente a su puerta.

Esa herencia de identidad es la que hoy pone en juego: “No es solo vender ladrillos, es entregar una parte de la historia de la Boca. El que venga tiene que entender que este metro cuadrado late de una forma especial”. Para él, vender es una necesidad económica y de paz mental, pero se asegura de que quien tome la llave comprenda que no está comprando solo una casa.

La propiedad es un complejo de siete departamentos (PH) que se ofrece tanto en bloque como por unidad. Con un valor total de 400.000 dólares (aproximadamente 1.000 dólares el metro cuadrado), se presenta como la oportunidad definitiva para el club (que debe comprar 200 metros de casas para poder ampliar su cancha) o para un inversor con visión.

Mariano, el martillero encargado de la venta, describe la unidad principal: “Es una propiedad con detalles antiquísimos muy lindos. Tenemos un departamento en primer piso de 120 metros cuadrados y dos en planta baja de 85 metros, todos con balcón a la calle y vista directa al estadio”. Además, en el fondo, el complejo suma otros cuatro departamentos.

Aunque están reciclados y listos para habitar, Mariano ve un destino claro: “Esto tiene un sesgo comercial total. Está para un local gastronómico de una. La zonificación lo permite y el flujo de turistas es constante”.

Gabriel, dueño de la inmobiliaria Vigore y encargado del marketing, es quien le puso “picante” a la venta. Fue su equipo el que rescató el video de la hinchada para viralizar la propiedad. “ Aprovechamos la situación política interna y el sentimiento del hincha. No queremos especular; la condición para tomar la propiedad fue que los dueños no pidieran de más. Si pedís locuras, no vendés nunca”, asegura.

Con un tono distendido pero directo, Gabriel lanza el guante a la dirigencia actual: “Ya no tienen más excusas. La hinchada lo pedía, nosotros cumplimos y pusimos el cartel. Vení y comprá, no seas ratón”, bromea, haciendo eco del sentimiento de los vecinos que ya no quieren promesas, sino realidades.

Para Guillermo, el cierre de esta etapa tiene un tinte de nostalgia y esperanza. “ Me encantaría que la compre el club para ampliar la cancha. Pero si no es Boca, que sea un hincha fanático que ponga un local lindo, algo que le haga bien al barrio”, confiesa mientras mira, por última vez desde su balcón, esa mole de cemento que durante un cuarto de siglo fue su jardín delantero.


Fuente: TN


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