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La abandonaron al nacer y 32 años después quiere encontrar al hombre que la salvó: “¿Dónde estás?"


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Para muchos, el 6 de enero es el día de los regalos y la ilusión. Para Florencia Rotondale , es el día en el que un hombre le dio una segunda oportunidad. En 1994, en la vereda de España al 500 , en Avellaneda, el llanto de una beba envuelta en una manta improvisada rompió el silencio de la noche. Unos chicos que jugaban en la calle lo escucharon y corrieron a avisarle a un vecino.

Luis, que entonces tenía 39 años, no siguió de largo. Se involucró, llamó a la policía y la cargó en sus brazos. Hoy, 32 años después, ella lo busca para reconstruir su historia. “Mi primera página del libro está en blanco y el primer nombre que aparece es el suyo; él me ayudó a escribir las primeras líneas” , le cuenta Florencia a TN .

Sus padres, que llevaban años en lista de espera para adoptar, recibieron el llamado del juzgado en pleno enero, justo cuando estaban por irse de vacaciones. No lo dudaron: en pocos días, la familia estaba completa.

El relato de sus padres sobre su origen fue natural, casi poético. “No hubo una charla formal. Tengo grabado estar acostada con mi mamá y que me dijera: ‘Vos sos hija de acá’ y se señaló el pecho, ‘y no de acá’ y se señaló la panza . Con eso entendí todo", recuerda.

Al hablar de sus padres, la voz de la joven de Banfield se llena de orgullo. Describe a su madre como “el ser más bueno de la tierra” y una mujer de “ternura silenciosa que no hace ruido pero sostiene todo”.

Su padre, que falleció hace dos años, era quien le aportaba el carácter y las lecciones de vida . “Él no me contaba cuentos, me contaba historias de su barrio. Éramos muy compañeros. Soy una mezcla perfecta de los dos: de ella heredé lo amorosa y de él el carácter”, dice emocionada.

Cuenta que una prima la definió una vez como “la más esperada y amada”. Ella siente que esa frase resume su infancia mejor que cualquier descripción. Sin embargo, en la adolescencia empezaron las preguntas.

A los 16 o 17 años, aprovechó un trabajo práctico de la materia Derecho para indagar cómo había sido su adopción. Su mamá solo respondía lo básico: que la habían abandonado en la calle. No había más detalles. Fue a los 23, después de una jornada electoral, que su papá sintió que ella estaba lista y le entregó la sentencia de adopción . Fue la primera vez que leyó un nombre, una dirección y una hora.

Florencia descubrió que su hallazgo no había sido “visible” o a plena luz del día como ella imaginaba, sino en la soledad de la noche y gracias a la curiosidad de esos chicos que alertaron a Luis.

“Me encontraron llorando, envuelta en una mantilla (así lo describe la sentencia) y apoyada en el suelo. De ahí me llevan a la seccional policial y después me trasladan al Hospital Fiorito, donde, según las evaluaciones médicas, tenía entre 24 y 48 horas de nacida . También detallan que esa mantilla no correspondía a ningún hospital, que era más como un pañal o una sábana casera”, describe.

El impacto de conocer el lugar exacto del hallazgo fue tan profundo que decidió grabárselo en la piel: se tatuó las coordenadas de la calle España al 500 . “Es mi punto de inflexión. Es el primer dato concreto de mi existencia”, reflexiona.

Y agrega: “Tener esas coordenadas tatuadas es reconocer ese inicio que siempre va a formar parte de mí, aunque no tenga todos los detalles previos. Es también reconocer que, gracias a ese momento, se construyó todo lo que vino después: mi familia, mi hogar, mi historia ”.

En 2020, en plena pandemia, con el mundo en pausa, Florencia sintió que era el momento de iniciar su búsqueda. Hubo un disparador inesperado: la serie “Anne with an E ”, la historia de una niña huérfana adoptada que enfrenta muchos prejuicios. “Me despertó una incomodidad linda”, explica. Publicó su historia en el grupo de Facebook “¿Dónde estás?“ y en horas, se volvió viral.

De Luis sabe poco: nacionalidad uruguaya y 39 años al momento del hallazgo. Nada más. “A lo largo de estos años me ha llegado muchísima información que me hace sentir cerca de encontrarlo”.

Florencia busca a Luis para agradecerle y volver a sentir algo especial: “Creo que, si alguna vez me levantó en brazos y hoy llego a repetir ese abrazo, mi cuerpo lo reconocería. Ese calorcito debe estar guardado en algún rincón mío “.

La joven explica que en la zona donde fue abandonada había conventillos uruguayos: “Tal vez él recuerde algo, alguna situación, algún detalle mínimo, que pueda aportar a mi búsqueda. A veces, un dato chiquito puede abrir una puerta enorme”.

A la par de Luis, Florencia espera encontrar algún dato sobre su familia biológica, pero aclara con firmeza que lo hace lejos del odio y los rencores : “Es curiosidad, no reclamo. Quiero entender qué pasó, cuál era el contexto. Si no encuentro nada, al menos me queda la paz de haberlo intentado”.

A los 32 años, con el apoyo de su madre y el recuerdo de su padre, Florencia sigue caminando las calles de Avellaneda para completar sus “páginas en blanco”. “Es eso, es recuperar piezas que son mías, conocer mi origen y seguir escribiendo mi historia con más verdad”, cierra.


Fuente: TN


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