POR REDACCIÓN CNM - Julio Iglesias soñó con vivir en la Argentina, y Madariaga fue la opción más cercana a concretarlo. El cantante español —hoy mencionado en una causa donde se investigan abusos contra mujeres que trabajaban para él en sus casas de Bahamas y Punta Cana— siempre anheló estar cerca del mar y, al mismo tiempo, de los grandes centros urbanos. La Ruta 2, que por entonces aún no era autopista, aparecía en su imaginación como el camino ideal para unir la playa con Buenos Aires.
Corrían los inicios de la década del 80, cuando Iglesias gozaba de una enorme popularidad en el país. Arrasaba en ventas, llenaba estadios y su vínculo con Las Trillizas de Oro en la película “Me olvidé de vivir” potenció aún más su fama en la Argentina. Sus viajes eran frecuentes y, por eso, le encargó a su hermano la búsqueda de una estancia.
Así fue como compraron “La Felicidad”, por un millón de dólares, sin que el propio Iglesias viajara a conocerla previamente, algo poco habitual para la época. Carlos Iglesias, su hermano, le enviaba videos tras largos recorridos para mostrarle el lugar, ubicado a 22 kilómetros de Las Armas, sobre la Ruta 74, en el partido de Madariaga.
La decisión de rebautizarla como “Momentos” fue un homenaje a uno de sus discos más exitosos, lanzado pocos meses antes de concretarse la operación, en 1982.
En entrevistas posteriores, Julio Iglesias confesó que se imaginaba viviendo allí. Incluso llegó a decir que soñaba con “recorrer las calles del pueblo y que la gente lo salude y lo quiera”. Sin embargo, la realidad fue muy distinta: sólo se comprobó una visita oficial, en 1983, junto a Juan Alberto Mateyko, rodeado de paparazzi. Se estima que pudo haber regresado una o dos veces más, pero apenas por algunas horas.
La estancia iba a ser su tercera residencia, junto a las que ya tenía en Madrid y Miami, donde pasaba gran parte del año.
Fastuosas refacciones
Para transformar el lugar se contrataron unos 130 obreros. La orden era clara: “quiero un quincho amplio para recibir a mis amigos”. Todo adquirió un carácter faraónico, al punto de que las obras parecían no terminar nunca.
El chalet proyectado contaba con tres plantas, decenas de habitaciones con baño privado y un requisito personal del cantante: todos los toilettes debían estar revestidos en mármol de Carrara. Además, se planificaron siete casas para el personal, canchas de tenis y fútbol, y una pileta olímpica.
La arquitecta Angélica Abásolo estuvo a cargo del proyecto. En diálogo con “Madariaguenses Fuera de Casa”, recordó que la construcción original era prácticamente una ruina:
“No se podía rescatar nada. Era un lugar con más de 50 años de abandono. Llegué a ver dos pequeños calabozos y parte de un semisótano. Lo único original que no se tocó fue el gran aljibe con dos brocales. Es cierto: Julio vino una sola vez y compartí un almuerzo con él en 1985”.
El nivel de ambición no se detenía. Se ordenó construir caballerizas para ocho boxes, con capacidad para 100 caballos árabes, y se contrató a un veterinario geselino, “Vasco” Etchepare, para diseñar una reserva natural de ciervos autóctonos y liebres. En total, el campo llegó a albergar unas 3.000 cabezas de ganado.
La propuesta turística
En 1984, una empresa japonesa presentó un ambicioso proyecto: recorridos turísticos de más de 20 días por la Argentina, incluyendo Bariloche, Buenos Aires, la Estancia Momentos y las Cataratas del Iguazú. La parada en Madariaga sería obligatoria para experimentar la vida del gaucho argentino.
El lugar se convirtió en un espacio muy valorado por la familia. Sus hijos Enrique, Julio y Chábeli disfrutaban intensamente del campo, mientras que su abuelo paterno, Julio Iglesias Puga, se quedaba allí durante meses. Cabalgar, jugar con animales, usar la pileta y arrear ganado formaban parte de su rutina veraniega.
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| Enrique Iglesias con un corderito en un establo de Madariaga |
El juicio que marcó el inicio de la decadencia
En 1985, todo comenzó a derrumbarse. La Justicia notificó a Julio Iglesias por una demanda iniciada por el músico argentino Larry Moreno (Norberto Venancio Moreno), quien lo acusó de plagio por la canción “Morriñas”. Según Moreno, el tema era una copia de “Yolanda”, compuesta por él en 1963.
El conflicto derivó en una condena y una indemnización millonaria, que se terminó de resolver en la década del 90. La demanda exigía 300.000 dólares, y la Justicia embargó la estancia, obligando a un remate o venta forzada en 1993.
Una empresaria se mostró interesada en adquirirla, pero puso una condición: que Julio Iglesias se presentara en el lugar y brindara un recital inaugural. Mientras tanto, la Provincia de Buenos Aires reclamó impuestos atrasados por unos 100.000 dólares. Un agente estatal cobró esas cuotas, desvió los fondos y terminó condenado.
Nada salía bien. Iglesias debió vender el ganado para afrontar las deudas y finalmente encontró un comprador. “La vendí porque no iba nunca”, reconoció tiempo después.
El nuevo propietario decidió devolverle su nombre original: “La Felicidad”, como si buscara cerrar definitivamente el vínculo con su pasado.
Años más tarde, el predio fue recorrido por Canal 4, en el programa “Un día en la vida”, conducido por Guillermo Pereyra. Momentos —o La Felicidad— tuvo un rol clave en la historia regional: allí funcionó la primera sede del Gobierno del Partido del Tuyú, con Francisco Cerantes como juez de paz.
Por eso, el lugar conserva calabozos y construcciones subterráneas que datan de 1830, donde incluso se utilizaban cepos para castigar a los detenidos, una huella silenciosa de otra época.
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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