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Los psicólogos coinciden: las costumbres que parecen inofensivas pero pueden deteriorar una amistad con paso del tiempo

Las amistades se apoyan en la confianza y las experiencias compartidas, pero algunos hábitos pueden desgastar el vínculo incluso sin que sus protagonistas lo adviertan de esa manera. Especialistas en relaciones identificaron una serie de comportamientos que alimentan el resentimiento, desde las bromas hirientes hasta mirar el celular durante una salida.

Uno de los riesgos aparece cuando las cargadas se convierten en la principal manera de demostrar cariño . La entrenadora Hannah Carmichael advierte que el humor deja de ser cómplice si apunta a temas sensibles o ridiculiza la sinceridad.

A su vez, en una nota publicada por The Guardian, la psicóloga clínica Carla Marie Manly coincide en que modificar esas costumbres requiere práctica: propone reemplazar los comentarios sarcásticos por formas de trato más amables.

También puede desgastar la relación dedicarse a organizar encuentros especiales, como brunches, salidas costosas o actividades pensadas para compartir en redes sociales.

La escritora Anahit Behrooz destaca el valor de los llamados “amigos de los mandados” : personas con quienes se comparten tareas corrientes, desde hacer las compras hasta entrenar o resolver trámites.

Para ella, la cercanía no consiste en reservar un momento extraordinario, sino en construir intimidad en la vida cotidiana . Concentrar casi toda la atención en la pareja también puede desplazar a los confidentes: la experta Annabelle Knight recomienda dedicar tiempo a ambos vínculos y cumplir los compromisos. Al mismo tiempo, intentar rescatar a alguien sin preguntarle qué necesita, en cambio, a menudo resulta agobiante.

La psicóloga Jane Halsall explica que esa ayuda insistente puede hacer que la persona se sienta juzgada, mientras quien intenta resolverlo todo termina frustrado. El especialista en adicciones Adi Jaffe , a su vez, lo resume así: cuando un amigo atraviesa un mal momento, necesita un aliado que lo escuche, no una opinión impuesta .

Decir que sí a todos los pedidos tampoco garantiza una amistad saludable. Carmichael observa que algunas personas aceptan favores por temor a parecer egoístas o perder el afecto del otro, hasta dejar de atender sus propios límites. Aprender a decir que no, pero con respeto, permite sostener el lazo sin acumular cansancio ni resentimiento.

La relación también puede resentirse si queda reducida a una sola actividad. La asesora Francisca Francesca Hogi advierte que ser siempre el compañero de fiestas, por ejemplo, puede hacer que alguien se sienta excluido de otros espacios de la vida de sus amigos. En lugar de dar por sentado un rechazo deliberado, recomienda expresar el deseo de participar en otros planes y proponer momentos para compartir.

Los chismes representan otro peligro, porque revelar confidencias puede convertir a alguien en una persona poco confiable. La entrenadora Nonie Leonard señala que, una vez divulgados ciertos detalles íntimos, recuperar la privacidad resulta difícil . Antes de contar una historia ajena, conviene considerar si la otra persona esperaba que quedara en reserva.

La confianza de años tampoco elimina la necesidad de hablar con claridad. Hogi recuerda que ningún amigo puede adivinar siempre las necesidades o los temores del otro; por eso, conversar sobre expectativas y molestias ayuda a evitar interpretaciones equivocadas. Asimismo, Manly aconseja no dar por sentado el apoyo recibido: preguntar qué está pasando en la vida del otro y cederle espacio en las charlas demuestra interés genuino.

Los vínculos también necesitan adaptarse a los cambios personales. La ciberpsicóloga Elaine Kasket llama “phubbing” a priorizar el teléfono por encima de quien está enfrente. Las notificaciones interrumpen la conversación y acumulan frustraciones. Cuidar una amistad supone estar presente, escuchar sin imponer soluciones y permitir que la relación.


Fuente: TN


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