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“Saludos a papá”: la orden en clave que decidió el destino del Che Guevara y la cronología de sus últimas horas en Bolivia

La orden fue directa y llegó de boca del entonces presidente de Bolivia, general René Barrientos Ortuño , en la tarde del 8 de octubre de 1967. Fue transmitida en clave, apenas tres palabras: “Saludos a Papá”. Quería decir: “Maten al Che Guevara” . Se cumplió con estricta rigidez militar. Al día siguiente, 9 de octubre de hace cincuenta y nueve años, Guevara fue asesinado a balazos por un sargento del ejército en una escuela de La Higuera, un pequeño pueblo de los valles bolivianos, al sur de la provincia de Vallegrande y a sesenta kilómetros de su ciudad capital.

Así terminó el sueño de Guevara de exportar al sur del continente la Revolución Cubana de la que había sido líder. Su intención era la de instalar un foco guerrillero en Argentina y así se lo había confiado primero a Fidel Castro en los días de gloria del triunfo revolucionario, en enero de 1959, y luego al presidente Arturo Frondizi cuando lo visitó en secreto, o casi en secreto, en la residencia de Olivos en agosto de 1961.

Guevara había dejado Cuba, sus cargos públicos y su familia; había cambiado su fisonomía hasta hacerse ajeno hasta para quienes lo conocían; también era irreconocible en las fotos de sus falsos documentos personales; había ingresado en Bolivia en noviembre de 1966 como Adolfo Mena González, un economista uruguayo, para liderar un pequeño grupo de guerrilleros cubanos, bolivianos y argentinos , cerca de sesenta, organizados como el Ejército Nacional de Liberación (ENL): esa sería, confiaba el Che, la cuna de la insurrección continental .

El campamento base de Guevara ocupó una propiedad rural junto al río Ñancahuazú, a unos doscientos cincuenta kilómetros de Santa Cruz de la Sierra. Fue un desastre . Guevara y su grupo enfrentaron al ejército boliviano que tenía el asesoramiento militar y de inteligencia de Estados Unidos. Contra lo que el jefe guerrillero esperaba, no tuvo el apoyo de los campesinos locales, pequeños propietarios de sus tierras que en realidad colaboraron con el ejército; el Partido Comunista de Bolivia, también contra todo lo que Guevara esperaba, le retiró su apoyo formal por una disputa de poder sobre quién debía liderar aquella operación política y militar .

Desde antes de la llegada de Guevara a Bolivia, el gobierno de Estados Unidos había desplegado allí a un grupo de sus comandos “boinas verdes” , para que entrenaran, y algo más, a los “Rangers” bolivianos expertos en contrainsurgencia. Cuando la inteligencia boliviana supo de la presencia de Guevara en el país, la CIA destacó a uno de sus agentes, Félix Rodríguez , un cubano que había formado parte del ejército mercenario que había invadido Cuba por Bahía de Cochinos en abril de 1961. Rodríguez se consideraba un enemigo personal de Fidel Castro y de Guevara . Escribió luego un libro, “Shadow Warrior – Guerrero en las sombras” , sobre su experiencia como agente de la CIA y como figura central en la captura y el asesinato de Guevara.

El 8 de octubre de 1967, a la una y media de la tarde, el ejército boliviano cercó en una zona llamada Quebrada del Churo a un grupo de guerrilleros que habían sido delatados por un campesino . Se inició entonces un combate en el que murieron al menos tres irregulares antes de que el resto de la fuerza se perdiera en la selva. Pero dos hombres quedaron aislados detrás de una gran roca en medio de un sembradío de papas. Uno de ellos estaba herido en la pantorrilla izquierda; el otro, Simeón Willy Cuba Sanabria, “Willy” intentó ayudar al herido a escalar la quebrada para huir, pero ambos fueron rodeados.

Entonces, el herido se presentó a los gritos ante quien comandaba el grupo de soldados, el sargento Bernardino Huanca. Dijo: “No dispare. Soy el Che Guevara. Valgo más vivo que muerto” . Se equivocaba.

Guevara, Willy y un par de prisioneros más capturados en anteriores combates fueron llevados al destacamento que comandaba el capitán Gary Prado Salmón, que avisó de inmediato de la captura ; la noticia llegó al jefe de los rangers bolivianos, mayor Miguel Ayoroa, que la transmitió a Vallegrande y al comandante de la Octava División, coronel Joaquín Zenteno Anaya. Con los años, Zenteno Anaya sería general, comandante en jefe del Ejército y embajador boliviano en París, donde fue asesinado en 1976 por una supuesta y desconocida “Brigada Internacional Che Guevara” : una fachada que ocultaba a sicarios pagados por el entonces presidente boliviano Hugo Banzer Suárez, que pensaba que Zenteno conspiraba contra él. Muchos de los hombres asociados a la captura y asesinato de Guevara murieron de manera violenta, lo que dio origen a una leyenda bautizada como “la maldición del Che” , pero esa es otra historia.

Zenteno Anaya, que usaba “Saturno” como nombre secreto en sus transmisiones radiales, ordenó a “Flaco”, Gary Prado, que llevara a muertos y prisioneros a La Higuera , que quedaba a poco más de dos kilómetros del escenario de los combates. Hasta allí llegó Prado en la tarde del 8 de octubre con su carga un poco lúgubre: guerrilleros muertos, heridos de los dos bandos y el preciado tesoro Guevara y Willy. Los guerrilleros, muertos y heridos, fueron encerrados en la escuela de la aldea , una construcción precaria de adobe y techo de paja y tejas derruidas.

En 1984 entrevisté en Bolivia al ya general Gary Prado Salmón: pasaba sus días en silla de ruedas porque años antes, durante la represión de una insurrección armada en Santa Cruz, lo habían baleado por la espalda y quedó paralizado de la cintura para abajo. Murió en mayo de 2023. Prado dijo entonces: “Mis hombres capturaron a Guevara y yo lo entregué, herido pero vivo, a mis superiores”. Con eso se desligó del asesinato del Che. Aquella tarde, cerca de su despacho, su secretaria pasaba a máquina parte de los diarios de campaña de Guevara .

En la escuelita de la Higuera, una estructura rectangular de una sola planta, con tres puertas delanteras y una ventana, el Che fue interrogado cerca de las siete y media de la tarde por el entonces teniente coronel Andrés Selich, que también moriría de manera trágica en 1973. Selich era subjefe del regimiento Pando de ingenieros militares con sede en Vallegrande. Guevara estaba tendido en el suelo de tierra de una de las aulas, atado de pies y manos; a su lado habían colocado los cadáveres de dos de sus hombres, los cubanos René Arturo Martínez Tamayo (Arturo) y Orlando Olo Pantoja (Antonio). En la sala de al lado, vivo e ileso estaba Willy Cuba Sanabria.

“Comandante –le dijo Selich– lo encuentro algo deprimido. ¿Puede explicar las razones por las que tengo esta impresión?”. El relato de ese interrogatorio, tomado de los apuntes de Selich, figura en la gran biografía de Jon Lee Anderson Che Guevara – Una vida revolucionaria . “ Fracasé –dicen los apuntes de Selich que dijo Guevara– Se acabó. Esa es la razón por la que me encuentro en este estado ”. Selich intentó en vano obtener más información sobre la guerrilla que lideraba el Che, que contestaba: “Coronel, tengo muy mala memoria, no lo recuerdo; ni siquiera sé cómo responder a su pregunta”.

Selich le preguntó luego si él era cubano o argentino. Y Guevara contestó: “ Soy cubano, argentino, boliviano, peruano, ecuatoriano … Usted me entiende…”

Al día siguiente, 9 de octubre, a las seis y cuarto de la mañana, un helicóptero aterrizó en La Higuera. Llevaba al coronel Zenteno Anaya y al agente cubano de la CIA, Félix Rodríguez, que usaba el nombre de “Capitán Ramos” y vestía uniforme de las fuerzas bolivianas. Su presencia en La Higuera era mirada con desconfianza por el coronel Selich, que notó que el “Capitán Ramos” llevaba encima un poderoso transmisor de campaña y una cámara con una lente especial para fotografiar documentos .

En sus memorias, Rodríguez no sitúa a Selich frente a Guevara esa mañana y Anderson lo hace notar en su biografía de Guevara. De manera que Guevara fue interrogado por el coronel Zenteno Anaya, o por Selich, o por ambos. Rodríguez trazó un retrato del estado del Che: “Estaba acostado de lado en el suelo, con los brazos atados detrás de la espalda y los pies atados juntos. Cerca de Che yacían los cadáveres de dos guerrilleros (…) La herida en la pierna de Che era visible y rezumaba sangre. (…) Era un desastre . Su ropa estaba sucia, rota en varios lugares y le faltaba la mayoría de sus botones. Ni siquiera tenía zapatos adecuados, solo piezas de cuero envueltas alrededor de sus pies y atadas con un cordón (…)”

Guevara no contestó ninguna de las preguntas de los militares bolivianos. Rodríguez dice en sus memorias que Zenteno Anaya le preguntó cómo había entrado a Bolivia: “(…) ¿Por qué elegiste venir a Bolivia? ¿Por qué luchas contra mi gobierno?” La única respuesta del prisionero fue su respiración agitada por el asma y por el dolor de la herida en la pierna. Resignado, Zenteno Anaya dijo: “Lo menos que podías hacer es responder a mis preguntas. Después de todo, eres extranjero y has invadido mi país ”.

La decisión de asesinar a Guevara y al resto de los guerrilleros apresados ya había sido tomada en La Paz y en el seno del Estado Mayor boliviano. Si bien nunca quedó aclarada cuál era la posición de cada uno, los generales Alfredo Ovando Candia, jefe del Ejército, y Juan José Torres, jefe del Estado Mayor, los dos murieron años después de forma trágica, llegaron a un punto de no retorno en sus argumentos. La decisión la tomó entonces el presidente René Barrientos Ortuño y envió la orden en clave: “Saludos a Papá” . En eso había errado Guevara: no valía más vivo que muerto. La cúpula militar boliviana lo quería muerto .

Un dato muy curioso, citado por Jon Lee Anderson en su biografía de Guevara, dice que en La Higuera nadie quería matar al Che . Anderson, que en 1996 tuvo acceso a los papeles del coronel Selich gracias a su esposa, Socorro, afirma que en uno de esos documentos el militar dejó muy en claro que ninguno de los oficiales de La Higuera —incluidos Félix Rodríguez y él mismo— estaba de acuerdo con la decisión de ejecutar a Guevara. Y cita a Selich: “Pensábamos que era mejor conservar al señor Guevara con vida porque a nuestro juicio hubiera sido más ventajoso presentarlo ante la opinión pública mundial derrotado, herido y enfermo , y obtener una compensación (de Cuba) por los gastos incurridos en el combate con los guerrilleros (…)”.

Rodríguez dice en sus memorias que fue él, y no el coronel Zenteno Anaya, quien recibió la orden de matar al Che y que intentó disuadir al militar. Anderson afirma que el gobierno de Estados Unidos quería “conservar al dirigente guerrillero con vida cualesquiera que fueran las circunstancias”, y que aviones estadounidenses estaban preparados para llevar a Guevara a Panamá para interrogarlo.

El agente de la CIA, que había estado “cara a cara con uno de mis mayores enemigos” , afirma en sus memorias que el coronel Zenteno Anaya le sugirió que matara a Guevara. “La forma en que trates a Che depende de ti –dice Rodríguez que le dijo Zenteno Anaya–. Puedes hacerlo tú mismo si quieres: sé cuánto daño hizo a tu país”. Rodríguez contestó: “Coronel, haz que intenten cambiar de opinión. Si no puedes conseguir la contraorden, te doy mi palabra de que a las dos de la tarde te traeré el cadáver del Che Guevara ”.

Mientras el cubano al servicio de la CIA intentaba resolver cómo sería asesinado el Che, oyó unos disparos que llegaban desde la escuela de La Higuera , corrió y encontró a Guevara, vivo, que lo miraba desde el suelo desde su celda improvisada; fue entonces a la habitación contigua y encontró a un soldado boliviano con su arma humeante y al guerrillero Willy muerto sobre una pequeña mesa. Con temor, el soldado le dijo: “Mi capitán, quiso escapar”. Rodríguez afirmó en su libro: “El escape era imposible: el soldado estaba cumpliendo órdenes. Los bolivianos no querían prisioneros .”

Luego, Rodríguez habló con Guevara. “ A mí nadie me interroga ”, le dijo el Che con sarcasmo. Hablaron durante una hora y media hasta que Guevara, un poco sorprendido de los conocimientos que tenía Rodríguez sobre su vida, le dijo: “Tú no eres boliviano”. “No –dijo Rodríguez–. ¿De dónde crees que soy? Y Guevara respondió: “Podrías ser puertorriqueño o cubano. Y por el tipo de preguntas que hiciste, creo que trabajas para el servicio de inteligencia de Estados Unidos. ¿Cómo es tu nombre?”. Y Rodríguez contestó: “Félix. Comandante. Sólo Félix ”.

Unos minutos después y con su cámara Pentax, Rodríguez se hizo tomar una foto junto al Che: es la última foto con vida de Guevara y la única tomada el día de su muerte. “Comandante, mire el pajarito”, dijo el agente de la CIA, pero la ocurrencia no hizo sonreír a nadie, ni a él mismo.

Sonaron luego varios disparos: “Aniceto había sido ejecutado”, reveló Rodríguez en referencia a Carlos Coello, un cubano que había sido dado por muerto en el Churo. Las versiones son contradictorias y afirman que ese guerrillero fusilado era Juan Pablo “Chino” Chang. Guevara sacudió la cabeza lentamente de izquierda a derecha: “Tal vez fue en ese instante que se dio cuenta de que él también estaba condenado , a pesar de que no se lo dije hasta antes de la una de la tarde”.

La decisión de Rodríguez de fusilar al Che fue impulsada sin intención por el maestro de la escuela de La Higuera, que salió a su encuentro para preguntarle cuándo le iba a disparar a Guevara. A Rodríguez le extrañó la pregunta, y el maestro reveló: “La radio ya dice que murió por las heridas recibidas en combate ”. Rodríguez entonces volvió a enfrentar a Guevara: “Comandante –dijo–, hice todo lo que estaba a mi alcance, pero las órdenes han venido del Comando Supremo Boliviano. Su cara se volvió tan blanca como el papel. ‘Es mejor así, Félix, nunca debí haber sido capturado vivo ”.

El Che hizo luego un par de consideraciones políticas, pidió a Rodríguez, como si el agente de la CIA pudiese cumplir su encargo, que le dijera a su mujer que volviera a casarse . El relato del agente de la CIA sigue: “Luego nos abrazamos. Fue un momento tremendamente emotivo para mí . Ya no lo odiaba. Su momento de la verdad había llegado y se comportaba como un hombre. Enfrentaba a la muerte con coraje y gracia ”.

A la una de la tarde, Rodríguez salió al sol primaveral para encontrar al sargento Mario Terán que había sido elegido como verdugo de Guevara por Zenteno Anaya y a un teniente de apellido Pérez. “Miré a Terán, cuya cara brillaba como si hubiera estado bebiendo. Le dije que no le disparara a Che en la cara , sino desde el cuello hacia abajo. Luego subí la colina. Cuando escuché los disparos, miré mi reloj. Era la 1:10 p. m. Che estaba muerto ”.

Años después, el matador de Guevara, uno de los pocos implicados en el caso que murió en su cama en marzo de 2022, evocaría aquel instante: “ Fue el peor momento de mi vida . Vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sentía que se me echaba encima y, cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido el Che podría quitarme el arma. ’¡Póngase sereno —me dijo— y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!’ Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé ”.

Las escasas pertenencias de Guevara, de treinta y nueve años, se repartieron entre los soldados. Los jefes militares bolivianos habían partido en helicóptero hacia Vallegrande con lo poco de valor militar que el Che llevaba encima cuando fue capturado: documentos, su diario de campaña, fotos, microfilmes, una lista de direcciones de alojamientos en París, México y Uruguay, dos pequeñas libretas con códigos numéricos para ser usados una única vez en el cifrado y descifrado de mensajes, los dos impresos en fino papel de seda y en tinta negra, para transmitir mensajes, y en tinta roja para recibirlos. Félix Rodríguez se adueñó del Rolex GMI Master de Guevara y le entregó a Terán la pipa de madera del jefe guerrillero.

Por la tarde, el cadáver ensangrentado del Che fue colocado en una camilla que fue atada al tren de aterrizaje de un helicóptero y trasladado a Vallegrande. Lo colocaron acostado sobre una estructura de hormigón en el lavadero del jardín del hospital Nuestro Señor de Malta y fue exhibido esa noche y todo el día siguiente . Allí le tomaron las célebres fotos que lo muestran con la cabeza alzada, los ojos marrones muy abiertos.

Para detener o demorar la descomposición, un médico le abrió la garganta y le inyectó formaldehído . Jon Lee Anderson reveló en su biografía: “El teniente coronel Andrés Selich y el mayor Mario Vargas Salinas se hicieron fotografiar junto al cuerpo. Selich se llevó el portafolio de cuero del Che y uno de los varios relojes Rolex; el capitán Gary Prado se quedó con otro. El verdugo Mario Terán se llevó la pipa. El coronel Zenteno Anaya se llevó como trofeo personal la dañada carabina M-2 (del Che) y autorizó a Prado a repartir el dinero hallado en poder del Che, varios miles de dólares y una buena cantidad de pesos bolivianos, entre los suboficiales y la tropa”.

La noche del 10 de octubre se hicieron dos máscaras mortuorias de Guevara , se tomaron sus huellas digitales y se amputaron sus manos para conservarlas. En las primeras horas del 11 de octubre, el Che fue enterrado por el coronel Selich, el mayor Mario Vargas Salinas y otro oficial como testigo, en un lugar secreto. En 1996, la viuda de Selich dijo a Jon Lee Anderson que su marido le había mostrado una vez un mapa con las coordenadas del sitio del enterramiento, vecino al pequeño aeropuerto de Vallegrande. El secreto se mantuvo durante casi tres décadas .

En noviembre de 1995, al parecer inspirado por alguna bebida espirituosa, el ya general Mario Vargas Salinas admitió que los restos de Guevara habían sido sepultados en una fosa común . El entonces presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada ordenó la búsqueda del cadáver. En junio de 1997, un equipo de forenses argentinos y cubanos excavó en la vieja pista del aeródromo de Vallegrande. El 25 de ese mes, el chofer del camión con volquete que en 1967 había transportado los cadáveres de Guevara y del resto de los guerrilleros, dijo que la búsqueda debía realizarse a setecientos metros de donde se había iniciado.

El 28 de junio aparecieron los primeros restos humanos que, se pensó entonces, podían corresponder a entre tres y siete cadáveres . En la búsqueda participaba el Equipo de Antropología Forense de Argentina encabezado por Alejandro Incháurregui, Carlos Somigliana y Patricia Bernardi. El 5 de julio se exhumaron siete cadáveres. El del Che Guevara fue identificado en principio porque se hallaron restos de su ropa verde de combate y porque era al único de los allí enterrados al que le faltaban las manos . El resto de los cuerpos pertenecían a los guerrilleros Pancho, Aniceto, Willy, el Chino Chang, Arturo y Antonio. El 12 de julio, los restos llegaron a Cuba.

Guevara fue sepultado el 17 de octubre de 1997, como un héroe nacional cubano , en Santa Clara y junto a otros veintinueve guerrilleros que murieron en Bolivia. Fue una ceremonia íntima presidida por Fidel Castro, la cúpula del gobierno y los hijos de Guevara. Santa Clara fue la ciudad tomada por Guevara el 31 de diciembre de 1958, el día del triunfo de la Revolución Cubana.


Fuente: TN


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