La cantidad de nacimientos en Argentina cayó de cerca de 700 mil en 2014 a unos 400 mil en 2024, una reducción cercana al 47% en una década. Al mismo tiempo, los hogares con uno o dos hijos ganaron presencia y las familias numerosas se volvieron menos frecuentes.
El cambio en la natalidad no se explica únicamente por un posible aumento de mujeres que deciden no tener hijos. También tiene un papel central la cantidad de hijos que tienen las familias: mientras los hogares con tres o más hijos pierden peso, crecen aquellos con un hijo único o dos.
Cada vez hay menos familias de tres o más hijos
Los registros del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) muestran variaciones acotadas en la proporción de mujeres de entre 18 y 49 años que son madres. La transformación más marcada aparece en la cantidad de hijos que integran los hogares.
Tener tres hijos es menos habitual que décadas atrás y las familias con cuatro o más también son cada vez menos frecuentes. Entre los factores que pueden influir aparecen las condiciones económicas, la edad al momento de la maternidad y las trayectorias laborales.
La religiosidad también puede explicar una parte de los casos de familias numerosas, aunque los cambios sociales y económicos de las últimas décadas modificaron las condiciones que anteriormente favorecían hogares más grandes.
Con menos familias de tres o más hijos, también disminuye la cantidad de personas que ocupan una posición intermedia entre hermanos.
Qué dicen los estudios sobre el hermano del medio
La relación entre el orden de nacimiento y la personalidad es estudiada desde hace décadas. Un trabajo realizado por los psicólogos canadienses Michael C. Ashton, de la Universidad Brock, y Kibeom Lee, de la Universidad de Calgary, analizó a unos 700 mil adultos para estudiar posibles diferencias vinculadas con la posición que cada persona ocupa entre sus hermanos.
La investigación examinó aspectos como honestidad, humildad, emocionalidad, extroversión, amabilidad, responsabilidad y apertura a nuevas experiencias.
Los resultados encontraron diferencias limitadas entre hermanos mayores, menores y del medio. En los promedios del estudio, quienes ocupaban la posición intermedia mostraron una mayor tendencia a la amabilidad y a determinadas capacidades de negociación, además de menor interés por el estatus y menor inclinación a la manipulación.
Sin embargo, se trata de diferencias promedio entre grupos y no de características que permitan definir la personalidad de una persona según su lugar dentro de la familia.
El estudio también tuvo en cuenta la religiosidad para separar ese factor de las diferencias asociadas al orden de nacimiento. Después de ese ajuste, algunas distancias se redujeron, aunque los hermanos del medio conservaron una mayor tendencia a la amabilidad.
Los hermanos mayores, en tanto, obtuvieron resultados algo superiores en determinadas mediciones de inteligencia. Nuevamente, los resultados describen tendencias generales y no permiten establecer conclusiones sobre individuos concretos.
Ser hijo único no implica una desventaja general
La reducción del tamaño de los hogares también reavivó el debate sobre los hijos únicos. La evidencia disponible no respalda la idea de que crecer sin hermanos implique necesariamente una desventaja durante la infancia ni que los hijos únicos sean más egoístas.
La convivencia entre hermanos ofrece experiencias particulares: compartir espacios, negociar, disputar la atención de los padres y aprender a ceder ante otro integrante de la familia. Estas situaciones pueden funcionar como oportunidades de aprendizaje social, aunque no determinan por sí mismas el desarrol
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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