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Los últimos 15 días de Maradona: qué reveló el juicio sobre su muerte y cuál era el rol de sus médicos

Diego Maradona murió el 25 de noviembre de 2020, a sus 60 años, de una insuficiencia cardíaca congestiva con edema agudo de pulmón. Fue 15 días después de que le dieran el alta de la Clínica Olivos, donde lo habían operado por un hematoma subdural en la cabeza. Para el momento de su muerte, estaba alojado en una internación domiciliaria, en una casa de la localidad de Tigre. Tenía enfermeros las 24 horas y su cuerpo médico personal monitoreaba su evolución a la distancia con visitas ocasionales. Sin embargo, el fallecimiento del Diez fue repentino.

De ese escenario surgieron incontables interrogantes: ¿A Diego Maradona lo dejaron morir? ¿Sus médicos personales lo abandonaron? ¿Los enfermeros que lo tenían que cuidar lo desatendieron? ¿Se pudo haber evitado su muerte?

Los fiscales Patricio Ferrari y Cosme Iribarren, a cargo de la investigación, respondieron todas esas preguntas con un sí. Así, llevaron su teoría del caso a un juicio oral que durante 45 audiencias buscó reconstruir lo que ocurrió entre el 11 y el 25 de noviembre de 2020 y esclarecer si el personal de salud que cuidaba a Maradona tuvo responsabilidad en la muerte.

Los acusados son Leopoldo Luque (neurocirujano), Agustina Cosachov (psiquiatra), Carlos Díaz (psicólogo), Nancy Forlini (coordinadora de Swiss Medical), Ricardo Almirón (enfermero), Mariano Perroni (jefe de enfermeros) y Pedro Di Spagna (médico clínico) , todos imputados por homicidio simple con todo eventual, delito con una pena en expectativa de 8 a 25 años de prisión.

La prueba contra ellos fue expuesta en cinco meses y medio de debate. Ahora, solo resta escuchar los alegatos finales de todas las partes y aguardar a que los jueces Alberto Gaig, Alberto Ortolani y Pablo Rolón resuelvan sobre la situación de cada uno. Comenzarán a deliberar desde el 22 de octubre.

El juicio reveló varios detalles de las últimas semanas de Diego. Entre ellas, que la internación domiciliaria en la que murió el Diez había sido dispuesta como parte de su rehabilitación por el consumo de alcohol y que él llegó a esa casa con estudios médicos recientes que no habían detectado un riesgo inminente para su salud. Específicamente, los análisis de laboratorio y sus electrocardiogramas habían dado bien.

Su estadía en la vivienda donde murió podría dividirse en dos semanas. La primera fue positiva: estuvo de buen humor, comía, recibía a sus hijos Jana, Gianinna y Dieguito Fernando Maradona , además de a su expareja Verónica Ojeda, y estaba bien de salud. Por esos días también lo visitaron los hoy imputados Leopoldo Luque, Agustina Cosachov, Carlos Díaz y el clínico Pedro Di Spagna, que había ido como médico interconsultor para revisarlo única vez. Lo contactó un conocido a través de Nancy Forlini , la encargada de coordinar todo el dispositivo.

La segunda semana, Diego empezó a desmejorar : casi no comía, se aisló en su habitación, estaba de mal humor y tenía pocos momentos de lucidez y buen ánimo. En ese tiempo varios testigos dijeron haberlo visto muy hinchado, además de que sus hijos dejaron de visitarlo porque el psicólogo Díaz consideró que era lo mejor para su abstinencia. Los enfermeros hacían su trabajo de manera limitada porque, según sus declaraciones, él a veces no quería que lo revisen. Justamente por eso, a la noche y por orden de la psiquiatra Cosachov, no podían tomarle sus signos vitales.

En medio de ese panorama, cinco días antes de su muerte, Maradona tuvo una repentina mejoría y le pidió a su custodio salir a dar una vuelta en auto por el barrio. Después, volvió a encerrarse y a no comer. Así permaneció hasta que murió sin que nadie se diera cuenta el 25 de noviembre.

Ese día estaban en su casa la enfermera Gisela Madrid -también acusada, que será juzgada en un juicio por jurados-, su sobrino Jonhatan Espósito, su asistente Maximiliano Pomargo y un custodio. Todos tomaban mate en el fondo mientras el Diez moría.

Para el mediodía llegaron la psiquiatra Cosachov y el psicólogo Díaz, que iban a revisarlo y luego a tener una reunión con Gianinna y Jana. Pero cuando fueron a despertarlo, él no reaccionaba. Ellos pensaron que no tenía ganas de verlos y no insistieron. Minutos más tarde, entraron a la habitación Espósito y Pomargo y se dieron cuenta que estaba muerto.

En la internación domiciliaria, que es lo que se analizó en el juicio, Leopoldo Luque aclaró que ya no era el médico de cabecera de Maradona y que su rol consistía en solamente controlar el post operatorio de su cabeza hasta que le sacaron los puntos. Agustina Cosachov, por su parte, sí estaba a cargo del tratamiento psiquiátrico del paciente. El documento que los complica es el de la externación de la Clínica Olivos, donde ambos firmaron como médicos tratantes a cargo del dispositivo en la casa de Tigre.

El psicólogo Carlos Díaz aseguró que él trataba la adicción de Diego al alcohol y que para eso no requería un seguimiento diario, por lo que no iba mucho a la casa. Además, era nuevo en el cuerpo médico del Diez y no podía tomar decisiones sobre su salud.

Nancy Forlini, coordinadora de la prepaga Swiss Medical, era quien autorizaba los pedidos para la internación domiciliaria y actuaba de nexo entre los enfermeros y la familia del Diez. Según declaró, lo hacía para organizar la comunicación sobre lo que pasaba en la casa.

El enfermero Ricardo Almirón estaba a cargo de la guardia nocturna. La única indicación que tuvo fue darle la medicación psiquiátrica a Maradona, aunque el también controlaba los signos vitales cuando podía. Le reportaba todo a su jefe, Mariano Perroni, el otro imputado.

Finalmente el clínico Pedro Di Spagna, que no formaba parte del personal de la internación domiciliaria pero acudió una vez para una interconsulta. Intentó volver otro día con un nutricionista para regularle la dieta al Diez, pero él no se dejó atender.


Fuente: Infobae


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