
De cada diez puestos privados registrados que se perdieron en el país en los últimos tres años, ocho correspondieron a trabajadores de entre 18 y 29 años . La cifra refleja un deterioro que va más allá de la dificultad habitual para conseguir el primer empleo : para los jóvenes también se volvió más difícil conservar un trabajo formal, sostener ingresos y proyectar una vida independiente.
Entre marzo de 2023 y el mismo mes de 2026, en el sector privado se perdieron un total de 142.610 aportantes, de los cuales 116.041 eran menores de 30 años, según un informe de la consultora Analytica con base en registros de la seguridad social. En términos porcentuales, la masa de jóvenes asalariados formales cayó un 7,9%, casi el triple que la contracción del 2,4% que registró el conjunto de los trabajadores.
En el sector público, rubro que sufrió los mayores recortes de personal para ajustar las cuentas del Estado, los puestos ocupados por personas de entre 18 y 29 años disminuyeron un 19,2% en el mismo período. Esto fue equivalente a otros 27.288 aportantes menos.
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) mostraron el cambio en la forma de trabajar. Entre el primer trimestre de 2023 y el mismo período de este año, la cantidad de asalariados jóvenes con descuento jubilatorio se redujo 14,7% . En paralelo, el número de cuentapropistas aumentó 30,6%, aunque ese crecimiento compensó menos de cuatro de cada diez puestos perdidos entre los asalariados jóvenes. En el primer trimestre de 2026, apenas el 38,3% de los ocupados de hasta 29 años tenía un empleo formal, 5,3 puntos porcentuales menos que un año antes.
El desempleo cuenta solo una parte de esa historia . Según Analytica, en el primer trimestre alcanzó al 15% de las personas de hasta 29 años, frente al 6% entre quienes tenían de 30 a 49. Sin embargo, respecto del mismo período de 2023 también cayó la proporción de jóvenes que trabajan o buscan activamente empleo: la tasa de actividad bajó 2,1 puntos porcentuales entre los varones y 1,4 puntos entre las mujeres. Quienes dejan de buscar ya no figuran como desocupados, por lo que la consultora advirtió que ambas cifras debían analizarse juntas.
La dificultad juvenil también sobresale en la comparación regional. Si bien la economía argentina se caracteriza por tener altos niveles de informalidad laboral, la situación entre los más jóvenes es incluso más notoria. De acuerdo con un análisis de la consultora Equilibra con base en datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa de informalidad alcanzó al 52,8% de los argentinos en 2025, pero ascendió al 68,3% entre los de 15 a 24 años. En ese rango etario, el país quedó solo por detrás de Perú (85,7%), Ecuador (84,9%) y Paraguay (76,9%) entre los países de la región relevados.
Con la misma fuente, Equilibra calculó una tasa de desempleo juvenil del 19,2% para el primer trimestre de 2026, frente al 7,4% general. La diferencia respecto del 15% calculado por Analytica responde, entre otros factores, a que los estudios consideran distintos rangos de edad y fuentes estadísticas. En cualquier caso, el país tiene la tercera tasa de desempleo en jóvenes más alta de América Latina, por detrás de Uruguay (26,5%) y Chile (22%). En otras palabras: las nuevas generaciones no consiguen empleo y, si lo logran, suelen estar precarizados.
Las oportunidades, además, dependen del hogar de origen. Un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, realizado con datos de 2021 a 2025 sobre personas de 18 a 25 años, encontró que el 20,7% no estudiaba ni trabajaba. Esa situación alcanzaba al 34,2% en el estrato socioeconómico muy bajo y al 8,3% en el medio alto. El informe distinguió, a su vez, a quienes estaban fuera del mercado laboral porque podían dedicarse a estudiar de quienes habían quedado desvinculados tanto de la educación como del trabajo. Con estos datos de fondo, se explica por qué la mora afectó especialmente a los jóvenes.
Incluso entre los jóvenes que conservaron un puesto registrado hubo una pérdida de poder adquisitivo. En marzo, su remuneración promedio se ubicó un 9,1% por debajo del promedio de 2023 en términos reales cuando Analytica la midió con una canasta de consumo específica para jóvenes que viven solos. Un cuentapropista de entre 18 y 29 años, por su parte, percibía en promedio un 51,4% menos que un asalariado formal de la misma edad.
“Estas cifras te hablan de precariedad y de que es muy difícil ingresar al mercado laboral. En general, siempre hay una barrera del crédito porque no se tienen aportes, sueldos, historial. Así, es inviable que te den crédito. El sector fintech avanzó mucho en esto, apareció crédito que antes no tenían disponible, por eso también vemos una mayor penetración en los jóvenes. Después hay que ver a qué tasa… En países desarrollados se puede sacar un crédito hipotecario y tener una casa propia, acá vemos problemas hasta para tener una garantía de alquiler ”, señaló Lorenzo Sigaut Gravina, director de análisis macroeconómico de Equilibra.
Al cierre de julio, el 39,1% de los deudores de entre 18 y 30 años registraba algún grado de mora, frente al 28,3% del total de los deudores del sistema financiero, según el análisis de Analytica sobre datos del Banco Central. Al desgranar aún más estas cifras, un relevamiento de Provincia Microcréditos mostró que el problema era todavía más pronunciado entre los más chicos: la mora alcanzaba al 44% de los tomadores de crédito de 19 años y descendía al 31% entre los de 21. Se trata de mediciones distintas, aunque ambas reflejan mayores dificultades de pago en las primeras edades. Provincia Microcréditos encontró, además, que en nueve de cada diez casos el acceso al crédito se producía antes de la inserción laboral formal.
“Este endeudamiento juvenil no puede analizarse como una cuestión individual. Cuando una proporción tan importante de jóvenes toma crédito sin empleo formal y más de un tercio termina en situación de mora, estamos frente a un fenómeno macroeconómico. El crédito está funcionando como una respuesta a la falta de ingresos y no como una herramienta para potenciar proyectos de vida. El desafío es construir condiciones para que la inclusión financiera vaya de la mano de la inclusión laboral”, analizó Alejandro Formento, presidente de Provincia Microcréditos y director de Banco Provincia.
Hasta sostener una casa propia se encareció más que el consumo general. Desde noviembre de 2023, los precios de la canasta de personas de hasta 34 años que viven solas aumentaron 387,9%, frente al 359,8% de una canasta general calculada con ponderadores actualizados. La principal diferencia está en los servicios vinculados con la vivienda: el agua, la electricidad, el gas y otros gastos de ese rubro representan el 26,6% del consumo de los jóvenes independientes, casi el doble que en la canasta general.
Como consecuencia directa, los jóvenes encuentran cada vez más difícil irse a vivir solos. Analytica estimó que la proporción de jóvenes de 18 a 29 años que viven en hogares encabezados por alguien de su edad y sin convivir con padres o suegros bajó del 26% al 23,3% entre el segundo trimestre de 2023 y el primero de 2026, al considerar promedios móviles de cuatro trimestres. Sobre la población relevada por la EPH en los aglomerados urbanos, la diferencia equivale a unos 140.000 jóvenes menos en hogares independientes de los que habría si se hubiera mantenido la proporción de 2023.
Claudio Caprarulo, director de Analytica, pidió cautela con esa última estimación porque surgía de una muestra pequeña. Sin embargo, sostuvo que su dirección coincidía con la del resto de los indicadores: más dificultades para obtener un empleo estable, ingresos que rinden menos, mayor morosidad y un costo más alto para sostener una vivienda.
Fuente:
La Nación
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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