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La historia detrás del Nobel a Pablo Neruda: la persecución política, el exilio y la fuga que casi termina en tragedia

Un mes y medio después de ser galardonado, cuando el rey de Suecia puso el Nobel de Literatura en sus manos, Pablo Neruda , convertido ya en el gran poeta de América Latina, daría un memorable discurso de aceptación, en el que relató su huida a la Argentina desde Chile , perseguido por el gobierno de Gabriel González Videla, a quien el comunista Neruda había apoyado. En aquel solemne escenario sueco, la narración de Neruda tuvo el sello de una gran película de suspenso. Fue también un retrato simbólico de su vida como poeta y, sobre el final de su vibrante y emotiva evocación, trazó el destello de una luz de esperanza hacia lo que juzgaba el futuro inevitable del hombre.

En esos días, en Neruda todo era esperanza. Los últimos cuatro años de su vida, entre 1969 y 1973, habían sido tan agitados como había sido su existencia de poeta, sus arrebatos amorosos y su historia política: las tres convergían en la figura y el talento de aquel hombre calvo, de voz sonante, de gestos callados y de humor mordaz. En 1969, el Partido Comunista de Chile lo había designado candidato a la presidencia para las elecciones de 1970 ; luego, Neruda había cedido su lugar al socialista Salvador Allende, que las ganó y se convirtió así en el primer presidente socialista de América que llegaba al poder a través de elecciones libres.

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Al año siguiente, ya estaba lanzada la conspiración continental contra el gobierno chileno liderada desde Estados Unidos por el presidente Richard Nixon y su mano derecha, Henry Kissinger. Nixon había destinado cuarenta millones de dólares para “hacer crujir la economía” chilena, y la economía chilena crujió . Ese mismo año, Allende designó a Neruda embajador en Francia . Y fue en la embajada de Francia, el 21 de octubre, hace ya cincuenta y cinco años, donde Neruda recibió la noticia: la Academia Sueca le había otorgado el Nobel de Literatura “por una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y los sueños de un continente”.

El periódico chileno Clarín , que se publicó entre 1954 y 1973, cuando fue clausurado luego del golpe militar que derrocó a Allende, señaló en su edición del 22 de octubre: “El país entero se emocionó. Los rotos pampinos, los campesinos que hacen parir la tierra, los ovejeros de la pampa magallánica, los pescadores desafiando el océano, los arrieros, los mineros, los obreros de la construcción, las mujeres en su casa parando la olla, los intelectuales, los empleados, todos, de capitán a paje, nos sentimos más importantes, más chilenos”.

Todo en Neruda, salud, esperanza, ilusiones, iba a estallar junto con los primeros misiles arrojados por la Fuerza Aérea de Chile contra el Palacio de La Moneda el 11 de septiembre de 1973. Allende se suicidó en el interior de la casa de gobierno; la dictadura del general Augusto Pinochet se instaló en el poder y rigió el destino de Chile hasta 1990. Neruda, ya enfermo de cáncer, murió en su casa de Isla Negra el 23 de septiembre, doce días después del golpe. Su familia sostuvo siempre que había sido asesinado . Sus restos fueron sometidos varias veces a análisis forenses con resultados disímiles.

Por fin, un comité científico internacional formado por expertos de la Universidad McMaster de Canadá y de la Universidad de Copenhague, Dinamarca, afirmó que Neruda fue envenenado . El informe fue dado a conocer el 13 de febrero de 2023, medio siglo después de la muerte del poeta. Su sobrino, Rodolfo Reyes, afirmó: “La bacteria ‘Clostridium botulinum’ encontrada en su cuerpo no tendría por qué haber estado en la osamenta de Neruda; esto quiere decir que fue asesinado, que hubo intervención de agentes del Estado ”.

Pablo Neruda nació el 12 de julio de 1904 como Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto. Recién en diciembre de 1946, a sus cuarenta y dos años, pudo usar en forma legal el seudónimo de toda su vida, Pablo Neruda, con el que había firmado sus primeros poemas y todos los siguientes. Su padre, José, fue un obrero ferroviario y su madre, Rosa, una maestra de escuela que murió de tuberculosis dos meses después del nacimiento de su hijo. El padre se radicó con el recién nacido en Temuco y volvió a casarse con Trinidad Candia Marverde, a quien Neruda llamó siempre “mamadre”.

Su inclinación hacia la poesía viene de la niñez y de los paisajes del sur chileno. En 1920, a sus dieciséis años, conoció a Gabriela Mistral, Nobel de Literatura en 1945: “Ella me hizo leer los primeros grandes nombres de la literatura rusa que tanta influencia tuvieron sobre mí” . En 1921 se radicó en Santiago. Dos años después publicó Crepusculario y, al año siguiente, su ya legendario Veinte poemas de amor y una canción desesperada , aquel que dice en su poema 20:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

No es intención de estas líneas reflejar siquiera la vasta poesía de Neruda, a quien hay que releer y, si es el caso, descubrir. Tampoco es posible narrar parte de su agitada vida social y política, y ni hablar de la amorosa en un hombre que proclamaba:

Amor que quiere libertarse para volver a amar.

Pero aquel discurso ante la Academia Sueca, dicho casi en un pausado murmullo, es el que más ayuda a pintar su retrato, tal vez ya olvidado.

Tuvo una larga carrera diplomática, fue cónsul en Rangún, Birmania, en 1927; en Colombo, Ceylán, hoy Sri Lanka, en Java, en Singapur y, entre 1933 y 1934 en Buenos Aires; se vinculó entonces, mientras desarrollaba su vasta obra poética, con la vanguardia porteña: Raúl González Tuñón, Oliverio Girondo, Norah Lange y Jorge Luis Borges; conoció, y entabló una profunda amistad, a Federico García Lorca, que visitaba Buenos Aires para presentar sus célebres obras teatrales. Fue cónsul en Barcelona en 1934 y al año siguiente en Madrid, donde, además de estrechar su amistad con García Lorca, lo hizo con Rafael Alberti, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre, entre otros miembros de la “Generación del 27” .

Aquel era un mundo que también iba a caer demolido por la Guerra Civil que estalló en julio de 1936 y que marcó para siempre a Neruda, en especial luego del asesinato de García Lorca a manos de las fuerzas franquistas .

Escribió entonces, en 1937, Explico algunas cosas , que evoca la España feliz de antes de la guerra:

Son versos desgarradores que anticipan de algún modo el giro que dará Neruda a su poesía en defensa de la libertad y los derechos humanos:

no nos habla del sueño, de las hojas,

de los grandes volcanes de su país natal

Venid a ver la sangre por las calles,

En 1945 se afilió al Partido Comunista de Chile y fue elegido senador por Tarapacá y Antofagasta. Fue jefe de propaganda de la campaña electoral de Gabriel González Videla, que ganó la presidencia en 1946, en plena Guerra Fría. Dos años después, González Videla promulgó una “Ley de Defensa Permanente de la Democracia”, llamada “Ley Maldita”, que proscribió al Partido Comunista y desató una implacable persecución a sus afiliados, entre ellos a Neruda .

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El poeta no se fijó en simbolismos para criticar al presidente: lo llamó “rata” y lo acusó de ser complaciente y hasta amigo de los nazis durante los años de la ocupación de Francia y cuando González Videla era embajador de Chile en ese país. Escribió también un artículo, acaso premonitorio, “La crisis democrática de Chile es una advertencia dramática para nuestro continente”, que luego fue conocido como “Carta íntima para millones de hombres” y que publicó el diario El Nacional de Caracas.

En 1949, Neruda escapó al exilio, después de vivir en la clandestinidad en Santiago, Valdivia y la comuna de Futrono, en la Región de Los Ríos, que limita al este con la Argentina. Fue un viaje riesgoso y marcado por el azar y la buena suerte: cruzó a caballo el río Curringue y estuvo a punto de ahogarse antes de pasar a la Argentina, y recibió la solidaridad de muchos campesinos y trabajadores chilenos que también conocían su poesía.

Una vez en la Argentina, viajó a Europa ya identificado con las causas antifascistas y pacíficas expresadas también en su obra poética, en especial en su Canto General y en España en el corazón . Sin embargo, años después, luego de la muerte del dictador soviético José Stalin, Neruda le dedicaría una cuestionable oda elogiosa luego de recibir el Premio Stalin de la Paz .

Esa travesía hacia el exilio en la Argentina primero y en Europa después es la que Neruda relató con impresionante vigor la mañana del 10 de diciembre de 1971, cuando recibió el Nobel de Literatura de manos del rey de Suecia, Gustavo VI Adolfo. En aquel ambiente cargado de solemnidad, enfundado en un frac, moño blanco, voz pausada, Neruda anunció: “Mi discurso será una larga travesía” , para abrirse al recuerdo de aquel viaje a caballo hacia el exilio.

Después de describir los paisajes desolados, de verde intensidad, con tumultuosos ríos cordilleranos, recordó su momento de mayor peligro: “Teníamos que cruzar un río. Esas pequeñas vertientes nacidas en las cumbres de los Andes se precipitan, descargan su fuerza vertiginosa y atropelladora (…) Los caballos entraron, perdieron pie y nadaron hacia la otra ribera. Pronto mi caballo fue sobrepasado casi totalmente por las aguas, yo comencé a mecerme sin sostén, mis pies se afanaban al garete mientras la bestia pugnaba por mantener la cabeza al aire libre. Así cruzamos. Y apenas llegados a la otra orilla, los baqueanos, los campesinos que me acompañaban, me preguntaron con cierta sonrisa: ‘¿Tuvo mucho miedo?’ ‘ Mucho. Creí que había llegado mi última hora’ , dije. ‘Íbamos detrás de usted con el lazo en la mano’, me respondieron. ‘Ahí mismo –agregó uno de ellos– cayó mi padre y lo arrastró la corriente. No iba a pasar lo mismo con usted’”.

Dijo luego, fue un monólogo íntimo de poco más de media hora, que había narrado esos sucesos del pasado porque: “(…) en el curso de mi vida he encontrado siempre en alguna parte la aseveración necesaria, la fórmula que me aguardaba, no para endurecerse en mis palabras, sino para explicarme a mí mismo (…)”. Y luego resumió: “ No hay soledad inexpugnable. Todos los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos. Y es preciso atravesar la soledad y la aspereza, la incomunicación y el silencio para llegar al recinto mágico en que podemos danzar torpemente o cantar con melancolía; mas en esa danza o en esa canción están consumados los más antiguos ritos de la conciencia: de la conciencia de ser hombres y creer en un destino común.”

No eludió citar “los errores que me llevaron a una relativa verdad y las verdades que repetidas veces me recondujeron al error; unos y otras no me permitieron, ni yo lo pretendí nunca, orientar, dirigir, enseñar lo que se llama el proceso creador, los vericuetos de la literatura”. Expresó su visión de América Latina, y citó con sutileza la realidad de su patria, Chile: “(…) Heredamos la vida lacerada de los pueblos que arrastran un castigo de siglos (…) Nuestras estrellas primordiales son la lucha y la esperanza. Pero no hay luchas ni esperanzas solitarias (…) ¿Cómo podría yo levantar la frente, iluminada por el honor que Suecia me ha otorgado, si no me sintiera orgulloso de haber tomado una mínima parte en la transformación actual de mi país? (…)”

Luego definió el espíritu que había signado su obra creadora y hasta su vida tumultuosa: “(…) Yo escogí el difícil camino de una responsabilidad compartida y, antes que reiterar la adoración hacia el individuo como sol central del sistema, preferí entregar con humildad mi servicio a un considerable ejército que a trechos puede equivocarse, pero que camina sin descanso y avanza, cada día enfrentándose tanto a los anacrónicos recalcitrantes como a los infatuados impacientes (…)”.

Terminó con una cita profética y un llamado esperanzado: “Hace hoy cien años exactos, un pobre y espléndido poeta, el más atroz de los desesperados, escribió esta profecía: ‘Al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos a las espléndidas ciudades’. Yo creo en esa profecía de Rimbaud, el Vidente. Yo vengo de una oscura provincia, de un país separado de todos los otros por la tajante geografía . Fui el más abandonado de los poetas y mi poesía fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre confianza en el hombre. No perdí jamás la esperanza . Por eso tal vez he llegado hasta aquí con mi poesía, y también con mi bandera. En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: solo con una ‘ardiente paciencia’ conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano”.

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Fue una gran pieza literaria y también un apasionado mensaje político , tal vez signado ya por los malos augurios. Dos años después, tras el golpe militar en Chile, de todo aquello quedaba nada. Pero esa mañana de 1971, un conmovido rey sueco, de ochenta y nueve años, se acercó emocionado a Neruda para estrecharle la mano.

En Confieso que he vivido , las memorias de Neruda que se publicaron tras su muerte, en 1974, recordó con divertida vanidad la escena compartida con quien era entonces su mujer, Matilde Urrutia: “El anciano monarca nos daba la mano a cada uno; nos entregaba el diploma, la medalla y el cheque (…) Se dice, o se lo dijeron a Matilde para impresionarla, que el rey estuvo más tiempo conmigo que con los otros laureados; que me apretó la mano con evidente simpatía. Tal vez haya sido una reminiscencia de la antigua gentileza palaciega hacia los juglares”.


Fuente: TN


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