
El vínculo entre madres e hijas suele ser intenso, imaginemos si a la convivencia cotidiana se le suma el hecho de trabajar juntas. Ya sea porque tienen la misma profesión o porque pueden complementar sus saberes. ¿Cómo hacen ambas generaciones para compartirlo todo con alguien con quien se sienten plenamente identificadas?
Muchos de los que son Generación Zeta crecieron viendo a sus mamás trabajando en casa, ya sea porque eran emprendedoras o porque empezaba a crecer la modalidad de ser freelance . Ellos recibieron, sin filtro alguno, la pasión que cada una le ponía a su tarea, a desarrollarse y hasta compartían ya desde la primera infancia datos y costumbres que fueron moldeando sus elecciones actuales. Algo de esto le sucedió a Sofía, que hoy estudia Relaciones Públicas (RRPP), la misma carrera que su mamá, Valeria Magnaldi, y hasta en la misma universidad.
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“Me acuerdo que veía los planes de carrera y hasta me hice un test vocacional, y me salió que siguiera algo orientado a la comunicación. Entonces me anoté en la charla introductoria para la carrera de comunicación global, y le pedí a mamá que me acompañara. Fue divertido, porque llegamos y ella me dice: ‘Acá me dieron el título’ . Al final elegí RRPP, pero no lo hice por mi mamá. Ya en la primera clase contaban cosas que ya sabía”, aclara Sofía.
En paralelo, Valeria se ríe: “Nunca le dije que estaría bueno que estudiara la misma carrera , le decía que le veía habilidades para ser directora de cine”, cuenta la madre. Pero lo cierto es que ambas comparten habilidades para comunicar y sostener conversaciones.
Valeria, que hoy se desempeña como mentora y coach ejecutiva, sumó a Sofía a determinados proyectos, como participar en entrenamientos de voceros. “La primera vez que hice eso me puse nerviosa, porque me dieron preguntas que tenía que hacerles a los CEO (directores de empresas), y pensaba que iba a hablar con los número uno. Hasta que los conocí y me relajé. Pero sabía que tenía que estar al nivel de ser la hija de Valeria; y fue raro llamarla por su nombre”, sonríe Sofía.
Con el avance de los proyectos, Sofía fue descubriendo la faceta profesional de Valeria: “Participó como speaker en una charla que se hizo en la universidad, en la que yo participé de la organización, y cuando la presentaron prensé: ¡Wow, todo esto hizo mi mamá! La tenía con su costado maternal, pero ahora veo que es capa en lo que hace. Ella es una referencia de lo que quiero y lo que no , ya puedo saber que golpes van a venir”, se anticipa Sofía.
“Trabajar juntas es de esas cosas que nunca en la vida imaginás que te van a pasar, pero me veo ayudándola en lo que necesite. Cuando era chica ya me ayudaba a armar los kit de regalo de los eventos, y hoy la veo desarrollándose”, suma Valeria.
Lucía San Clemente creció acompañando a su mamá artista y hoy ambas lideran el taller de cerámica Barro en Flor. “Trabajar juntas es algo que se fue dando, mamá da talleres para adultos, yo para niños. Además empezamos a producir con nuestro estilo , a tener nuestras piezas. Nos llevamos muy bien, incluso en los momentos de producción podemos manejar nuestros tiempos, y cada una tiene roles. También nos divertimos”, cuenta esta artista.
“ No hubo dudas de que iba a seguir una carrera artística , en mi casa había de todo, podías dibujar, jugar con masa, agarrar los pinceles, en mi memoria siempre estaba haciendo algo. Es más, ya en ese entonces compartíamos proyectos domésticos como renovar un mueble”, describe Lucía, especializada en grabado.
Para Alejandra, escultora y mamá de Lucía, es difícil definir qué significa trabajar juntas. “ Es desde siempre, es algo obvio, es una conexión que ni me acuerdo cuándo empezó . Todo lo que hacemos siempre está relacionada con el arte, nos encanta transformar objetos, espacios. Ya cuando estudiaba ella me contaba sus proyectos, y cuando no podía expresar algo, la otra tenía la palabra; charlábamos, compartíamos”, relata.
“Tengo la bendición de que tanto Lucía como Clarita, mi otra hija, son muy sensibles, y a eso le sumo la bendición de poder trabajar con Lu, y en este proyecto tan hermoso que es de las dos, pero yo la estoy acompañando porque ella tiene una visión enorme, tiene su camino y sabe lo que quiero hacer; es su momento ”, cuenta orgullosa esta madre.
Tiziana tiene apenas 14 años, pero ya lleva años viendo a su mamá Natalia Maksymiv amasando y decorando tortas y delicias dulces. ¿Qué aprendió? Tiene su propio emprendimiento de cookies que vende entre sus compañeros de colegio .
“En un momento empezó a preguntar qué hacer, entonces le daba las recetas para que lea, y ella empezó también a buscar las que le gustan por Tik Tok. Se hizo su propio cuaderno para guardarlas y ya está aprendiendo a calcular los costos de producción para poder ponerle precio a lo que hace”, relata Natalia, que desde 2023 está al frente de Simona Cakes.
Como siempre le gustó cocinar, en 2017 esta pastelera empezó a estudiar cocina, hasta que en 2021 renunció al banco donde trabajaba y se tomó los siguientes dos años para recuperarse de un cáncer de páncreas y también para preparar el nacimiento de su emprendimiento. “La enfermedad vino a abrirme los ojos” , afirma.
En Simona Cakes trabajan las tres: Natalia, Tiziana y Valentina, su hija mayor. “Es un trabajo que lleva mucho tiempo. Cuando tenemos pedidos grandes corremos las tres. Tizi empezó a ayudar jugando, y hoy le veo ya que disfruta de cocinar. Valen hace todo lo de redes. Hacemos todo a pulmón, pero me encanta, porque no me imaginaba estar juntas en un proyecto”, cuenta Natalia sonriente.
Otro ejemplo es el de María Laura Charnik y su hija Melanie. “Hace 20 años que soy conductora, siempre lo hice de forma profesional y siempre me fui reinventando. Así, desde que llegó DiDi al país uso la app y también tengo mi emprendimiento de traslados tanto empresariales, como para recitales, a aeropuertos y más. Hasta cree una red de conductoras, porque creo que empoderar a las mujeres es importante ”, inicia así la charla María Laura.
Queda claro que se trata de una emprendedora inquieta, y eso lo evidenció su hija desde chica. “Hace unos meses ella me dijo que quería empezar a manejar porque se quería mudar sola y para eso necesitaba generar ahorros. Melanie tiene dos trabajos, y en las horas libres entre uno y otro empezó a salir con mi auto, porque yo manejo de noche”, cuenta Charnik.
Así su hija logró la independencia gracias a sumarse al oficio de la madre. “Obviamente antes de que saliera a su primer viaje hablamos sobre cómo tenía que calcular el precio de su hora de trabajo, cuánto tenía que ganar para llegar a su objetivo a tiempo, le conté mis tips de seguridad para estar en la calle y más. Creo que lo mejor que le puedo dejar es el ejemplo, y ella siempre me dice que eso la inspira ”, añade esta mamá y conductora.
Claudia Ocampos es gerente de Finanzas y Administración en Together Business Consulting, la consultora empresarial que fundó su marido. Y aunque no fue planificado, el ingreso de Agustina Ocampos se dio de un modo muy natural. Así, madre e hija comparten el día a día, y hasta se miran cómplices cuando los varones de la familia (padre e hijo) no pueden parar de hablar de trabajo en los espacios familiares.
“Cuando Agustina empezó en la empresa fue un desafío, porque siempre está el sesgo de ‘es la hija de’ , pero también fue descubrirla desde otro lado. Por ejemplo, ella es muy tímida y verla en reuniones o exponiendo en capacitaciones, fue un cambio que no me hubiera imaginado ”, detalla Claudia.
Como mamá, esta experta en números, quería que su hija primero terminara la universidad antes de empezar a trabajar, pero el padre enseguida vio que Agustina era ideal para cubrir una vacante. “Empezó de a poco y se fue metiendo en todos los temas. Por como es ella, este primer trabajo le sirvió para sacarse ese miedo a enfrentar a la gente , y también sabe que tiene su camino abierto”, cuenta Ocampos.
“Cuando me lo propusieron no sé si tenía en mente empezar a trabajar, porque estaba muy enfocada en el estudio. Hoy creo que hay algo especial en ser parte de la consultora, porque si bien cumplo con todo lo laboral, también está lo familiar; no se trata solo de logros personales, sino de los cuatro”, dice Agustina.
Y agrega: “La mayor parte del tiempo influye ver los pasos de mis papás , la pasión que le ponen a cada cosa que hacen. Los veo cómo se preocupan por todos los que somos parte de la firma”.
Y si alguien sabe de empresas familiares son Silvia Batista y Agostina Ardito Batista, madre e hija. La primera es la fundadora de Batista Duprat & Asociados y también es directora de la sede Bahía Blanca del Instituto Argentino de la Empresa Familiar (IADEF). “Trabajar juntas es gratificante, todo lo que Agostina toca lo mejora” , cuenta esta especialista que preparó su salida del día a día de la firma junto al equipo de RRHH, y fueron ellos los que señalaron a su hija como sucesora.
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Agostina, antes de sumarse a la empresa, ya tenía su propia agencia de marketing digital, y la firma de su madre fue su primer cliente: “Siempre vi a mi mamá hacer todo con pasión y pensar siempre en cómo hacer las cosas más grandes. Entonces el paso natural fue volver a Bahía Blanca, era necesaria la cercanía con las personas”.
“Cuando Agostina vino y me dijo que quería más responsabilidades fue justo cuando ya venía planificando cómo sería mi continuidad laboral y de la consultora. Lo charlé con RRHH, no me hubiera permitido hacerlo si ella no tenía las competencias necesarias . Admiro el sentido del orden que tiene, lo hace con un alto profesionalismo. Su nuevo rol me permitió tener calidad de vida, porque puedo delegar”, dice Silvia sobre el traspaso.
Y Agostina refuerza: “Sabía que ella se estaba corriendo, y sabía que yo podía hacerlo, sobre todo porque todo iba a pasar en un ámbito amoroso”.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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