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Britt Frank, psicoterapeuta: “Perder el miedo a hacer el ridículo puede generar 3 beneficios para tu cerebro”

La psicoterapeuta Britt Frank reveló las ventajas de perder el miedo a hacer el ridículo . Animarse a hablar en público o usar ropa llamativa, por ejemplo, puede generar tres beneficios para el cerebro.

Lo que le ocurre a la mayoría de las personas es que la exposición pública y el miedo a cometer errores produzcan vergüenza y ansiedad. Por eso es común inhibirse y no hacer algo que pueda acaparar todas las miradas.

La situación más frecuente que citó la experta es la de hablar delante de otras personas, ya sea para dar un discurso, brindar una explicación o exponer un trabajo en clase. En estos casos se tiende a pensar que el auditorio será impiadoso y se vivirá una situación desagradable .

Estos temores que invaden a la persona que debe dar un paso al frente para hablar en público hacen que las decisiones se vean condicionadas y se limiten experiencias nuevas. Muchas veces se pierden oportunidades por este miedo al ridículo .

Sin embargo, Britt Frank explicó que hacer un ejercicio para tolerar esas sensaciones trae aparejado un efecto muy positivo para el cerebro. La clave para lograrlo radica en dejar de interpretar cada pequeño error o momento incómodo como una amenaza a evitar.

Hablando en términos técnicos, la psicoterapeuta le puso nombre al miedo que otros se rían de uno: gelotofobia . Así se denomina clínicamente al temor desproporcionado a convertirse en objeto de burla . Pero incluso sin llegar a ese extremo la preocupación por la mirada de otros puede traer serias consecuencias en la vida propia.

Esto se produce por algo muy simple: los seres humanos somos animales sociales y pertenecer a un grupo es muy importante para sobrevivir. Por eso si la imagen que los demás tienen de uno se ve afectada, el cuerpo responde con sensación de estrés y cambios fisiológicos.

Los tres beneficios de perder el miedo a hacer el ridículo son los siguientes:

Frank hizo hincapié en que la primera consecuencia que genera animarse a vivir una nueva experiencia es desbaratar el mito de que hacer el ridículo es una catástrofe . Se trata de convivir pacíficamente con el juicio público, reírse con los demás de algún error propio y sentir que aún así se puede disfrutar del momento. No es tan grave como se creía.

Equivocarse al hablar en una reunión, pronunciar mal una palabra, trabarse o no saber determinada cuestión puede provocar instantes de vergüenza , pero no es la muerte de nadie. Si se toma con naturalidad y humor, la gente se unirá a esa sensación con complicidad y empatía .

Así quedará configurado el primer beneficio de perder el miedo a hacer el ridículo: ampliar la tolerancia a situaciones nuevas y reducir la necesidad de evitarlas.

La segunda ventaja que se consigue está relacionada con la neuroplasticidad , que es la capacidad del cerebro para modificarse a partir de la experiencia y del aprendizaje. La psicoterapeuta lo resumió en una frase: “aprender algo nuevo obliga al cerebro a salir del piloto automático ”.

El tercer beneficio es que incentiva a las personas a jugar . Una actividad que muchas veces queda relegada a la infancia revive en la adultez y permite disfrutar de las experiencias nuevas con espíritu lúdico . Muchas investigaciones demostraron que el juego en adultos genera bienestar psicológico y reduce significativamente el estrés.

Según Britt Frank, aprender a convivir con la exposición y salir de la zona de confort tiene un efecto más amplio y positivo de lo que se cree. Va moldeando la personalidad y hace que se vayan naturalizando conductas. No se trata de buscar el ridículo sino de dejar de tener conductas rígidas y de vivir obsesionados por el miedo a quedar mal.


Fuente: TN


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