Los robots humanoides de China están corriendo por delante de sus rivales -literalmente- . El 17 de agosto, uno de ellos, llamado Superman, alcanzó una velocidad de 12,66 metros por segundo, superando el récord anterior de Usain Bolt, antes de estrellarse contra una pared. La hazaña no hizo más que aumentar el interés por Unitree, el fabricante de Superman, que debutó en la Bolsa de Shanghái dos días después. El precio de sus acciones se disparó un 460%.
Se esperan demostraciones todavía más impresionantes durante los próximos días, mientras se desarrollan en Pekín los Juegos de Robots Humanoides . Sin embargo, como demuestra el poco glorioso final de la carrera de Superman, la tecnología todavía tiene un largo camino por recorrer. Se espera que las empresas chinas vendan 50.000 humanoides este año, más del triple que el año pasado . En buena medida, ya dominaron el hardware de estas máquinas. El software, en cambio, es otra historia.
Para crear los modelos fundacionales que permitan a los robots realizar de manera fluida una multitud de tareas útiles, ahora es necesario recopilar enormes cantidades de datos. Los modelos que impulsan la actual generación de humanoides tienen unos pocos miles de millones de “parámetros”; para reproducir el funcionamiento del cuerpo humano necesitarán cientos de miles de millones.
Eso los llevaría a un tamaño similar al de los grandes modelos de lenguaje que utilizan los chatbots. La diferencia es que los chatbots pueden entrenarse con las enormes cantidades de texto digital disponibles en Internet. Reunir los datos necesarios para enseñar a un robot a identificar un vaso, levantarlo y llenarlo de café es mucho más difícil. El robot debe comprender desde su posición en el espacio hasta la fragilidad del vidrio y la viscosidad de su contenido. Esa información debe extraerse de experiencias en el mundo real o de recreaciones detalladas de esas experiencias.
Actualmente, los humanoides reciben una mezcla heterogénea de datos, a menudo provenientes de simulaciones de baja calidad. Los datos recopilados en el mundo real son mucho más útiles y ahora son muy buscados. La mejor forma son los datos de “máquinas reales”, generados por las acciones de un robot, ya sea cuando es controlado a distancia o cuando realiza tareas por sí mismo. Otra fuente importante surge de registrar a seres humanos mientras realizan distintas tareas. Conocidos como datos “egocéntricos”, se obtienen equipando a una persona con un visor y guantes con sensores hápticos que registran sus movimientos.
China se está convirtiendo rápidamente en el líder de la carrera por obtener datos de máquinas reales, gracias a centros de entrenamiento como el Hubei Humanoid Innovation Centre. En esta enorme instalación de la ciudad de Wuhan, en el centro de China, hasta 100 robots pasan horas cada día observando e imitando a seres humanos.
En una de las decenas de estaciones de trabajo del centro, un joven detrás de un mostrador mueve su mano, cubierta con sensores digitales, haciendo un movimiento circular como si estuviera vertiendo agua caliente sobre café. A su lado, un robot imita el movimiento mientras vierte agua real desde una pava sobre un filtro de café. La forma en que el robot mueve la muñeca y los dedos resulta inquietantemente humana.
A pocos pasos de ese café improvisado hay algo que parece una farmacia, donde otra pareja de humano y robot repone estantes. Luego hay un supermercado, una línea de producción industrial y distintas otras escenas de la vida laboral. Hasta ahora, a los periodistas extranjeros no se les había permitido visitar estos centros.
El centro de Wuhan es una de las 53 instalaciones construidas especialmente en China para obtener los secretos del movimiento humano , según datos de Interact Analysis, una consultora. La mayoría fue creada en los últimos dos años. Otras 34 están en construcción o proyectadas. Una que se está construyendo en Shanghái tendrá espacio para 1.000 humanoides. Una pequeña ciudad de la provincia costera de Zhejiang ya cuenta con seis centros de entrenamiento.
Estos centros requieren mucho espacio y muchas personas para funcionar, además de una legión de humanoides de última generación, cuyo precio puede alcanzar los 100.000 yuanes (unos US$15.000) por unidad. Este tipo de entrenamiento cuesta entre 500 y 700 yuanes por hora , estima Corey Chan, de HSBC. Por cada ocho horas de trabajo en la estación donde se sirve café, el robot genera apenas tres horas de datos útiles. El resto se descarta, principalmente debido a errores que los ingenieros no quieren que los robots aprendan. Según una estimación, serán necesarias 100 millones de horas de entrenamiento para desarrollar un robot capaz de realizar una amplia variedad de tareas cotidianas.
Por suerte para empresas chinas como Unitree, el Gobierno está cubriendo buena parte de los costos de estos centros . Alrededor de cuatro de cada cinco cuentan con respaldo estatal. Muchos son emprendimientos conjuntos entre empresas privadas y gobiernos locales, que compran humanoides y luego venden a las compañías los datos que generan. Según distintas estimaciones, durante la primera mitad de 2026 hasta el 70% de los humanoides fabricados en China podría haber sido destinado a estos centros de entrenamiento, lo que representa unas 13.000 máquinas. Al construir uno, los funcionarios locales pueden apuntalar la demanda de robots fabricados en su propia región.
Al mismo tiempo, los fabricantes chinos de robots están encontrando formas de recopilar datos egocéntricos a partir de la enorme fuerza laboral industrial del país, así como de sus numerosos jóvenes desempleados. Surgió una pequeña industria de proveedores de dispositivos portátiles destinados a ese fin. Algunos esperan que los jóvenes utilicen estos equipos desde sus casas como trabajo de medio tiempo.
JD.com, una empresa de comercio electrónico, anunció a comienzos de este año que lanzó un proyecto para pagar a 100.000 de sus empleados y a otras 500.000 personas para que registren sus propios movimientos . En una instalación de Jiangsu, otra provincia costera que, según se informa, recibió financiación estatal, la compañía les paga a personas para que realicen lentamente tareas en supermercados ficticios y otros entornos. Durante los próximos dos años pretende recopilar 10 millones de horas de datos que capturen situaciones reales del mundo cotidiano.
Los datos egocéntricos generados por seres humanos son mucho menos útiles que los datos de máquinas reales, debido a las diferencias entre la forma en que se mueven las extremidades humanas y las robóticas en el mundo real. E incluso las partes que resultan útiles deben ser etiquetadas: una persona tiene que identificar manualmente cada movimiento para que el robot sepa a qué extremidad o acción corresponde.
Aun así, China logró una ventaja temprana en tecnología de reconocimiento de imágenes gracias al empleo de grandes grupos de personas para etiquetar fotografías. Podría volver a hacer lo mismo, sostiene un ingeniero que trabaja para una empresa de robótica.
La industria china de humanoides es diferente de la mayoría de las otras industrias manufactureras que prosperaron en el país. Durante los próximos años, está previsto que produzca y venda cientos de miles de máquinas costosas pero, en su mayoría, inútiles, con la esperanza de poder fabricar en el futuro robots más baratos y útiles.
Los competidores estadounidenses han recurrido a métodos de entrenamiento menos costosos . Tesla, el mayor fabricante estadounidense de humanoides, estaría entrenando robots en sus propios depósitos, lo que evita construir instalaciones de entrenamiento independientes.
Varias empresas utilizan videos de movimientos humanos para entrenar a sus humanoides. Y como Estados Unidos tiene actualmente pocos trabajadores fabriles a los que se pueda equipar con dispositivos para recopilar datos egocéntricos, varias compañías estarían pagando a trabajadores de países pobres, donde los salarios son más bajos que en China, para que utilicen visores y guantes hápticos mientras trabajan.
Aun así, al igual que ocurrió con la visión artificial, China parece tener prácticamente asegurado el liderazgo en la recopilación de datos. Pero ¿a qué costo?
Dado el estado actual de la tecnología y el tiempo que será necesario para mejorarla, es poco probable que surja un mercado comercial significativo para los humanoides durante esta década . Morgan Stanley estima que China podría estar produciendo unos 450.000 robots humanoides por año para 2030.
Muchos seguirán teniendo una inteligencia bastante limitada y continuarán estrellándose contra las paredes.
Fuente:
La Nación
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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