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Ni ahorradores ni amarretes: la crematofobia y el cuidado extremo por no gastar dinero que se vuelve trastorno

"Son cosas que no hago más, nunca más esos extremos ", dice Hernán (49). Recuerda esa noche y se arrepiente. Era 2009 y un amigo lo había invitado a un bar caro de la Capital Federal. Pero él no quería gastar plata y decidió consumir alcohol puro en su casa. "Me pasé y terminé internado. Lo que hice fue una tontería, nunca más", repite a Clarín .

Esa botella de alcohol representa hasta dónde puede llegar una persona cuando el miedo a gastar supera cualquier lógica . Una acción tan simple como pagar una factura, usar una tarjeta, hacer una transacción, mirar el resumen bancario o comprar comida pueden convertirse en una amenaza. Y ahí aparece el término crematofobia (también se le dice crometofobia ), una problemática poco frecuente que puede llegar a generar culpa, angustia y hasta ataques de pánico.

"Hablamos de fobia porque es un miedo irracional frente a un estímulo. Un gasto común y corriente puede generar un temor desmedido . Y ahí viene la sintomatología ansiosa y la crisis de angustia", explica a Clarín el psicólogo Jorge Pegoraro.

Y aclara que la crematofobia no está declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una fobia específica. Sin embargo, entra dentro de las patologías de ansiedad . La palabra viene de dos términos de origen griego: chrēma (dinero, riqueza) y phobos (miedo).

Hernán vive en Capital Federal y padece esclerosis múltiple. Convive con dolor en sus piernas y ya no puede trabajar. Durante décadas llevó el ahorro hasta límites que muchos definirían como mezquindad, otros una disciplina olímpica.

Aprovechó promociones, evitó comprar en kioscos, reutilizó máquinas de afeitar, compartió servicios y viajó varias veces en colectivo sin pagar boleto. O cuando iba a un restaurante caro inventaba una excusa para no comer .

"Aparece frente a gastos grandes, pero también hay gente que sufre este trastorno con pequeñas cosas ", señala Pegoraro. Y recuerda el caso del padre de una paciente que tenía propiedades, ahorros, pero comía menudos de pollo para no gastar y no limpiaba su casa para no comprar artículos de limpieza. Es que tener plata no necesariamente elimina el miedo a gastarla.

Hoy, Hernán mira para atrás, con cierto disgusto por algunas ideas irracionales. “Ahora me di cuenta de que viví una vida miserable por nada . Tan al extremo no tiene sentido”, confiesa el hombre que aprendió a ahorrar desde chico y que hoy se mantiene gracias a los ahorros de toda su vida.

“Vengo de una casa que faltó, o sea teníamos plata, pero se usó mal”, recuerda. Su padre malgastaba el dinero y decidió no cometer el mismo error. “No es que derrochaban, pero la gastaban en tonterías. Me volvía loco ”, agrega.

Su mamá tenía un gran sueldo, pero en su casa siempre estaba el fantasma de que se enferme o pierda el trabajo. Ese miedo terminó marcando su forma de ver la plata. “Vivía con la idea de que todo podía fallar en cualquier momento, esa fue la verdadera causa”, dice.

El psiquiatra Ricardo Corral, jefe de Docencia e Investigación del Hospital Borda, explica que la persona sufre una alteración emocional y trata de evitar pagos, compras, incluso las básicas, como comprarse ropa o pagar los servicios. "Hay una angustia que se relaciona con usar efectivo, tarjetas de crédito, que la persona no puede manejar y que excede el ser amarrete ", dice.

Las personas enfrentan decisiones financieras todo el tiempo. Muchas piensan más de una vez si hacer una compra a fin de mes o prefieren ahorrar antes que cambiar el celular. Algunas evitan una cena costosa porque tienen otras prioridades, buscan descuentos o eligen pagar en efectivo para controlar mejor sus gastos. Un ahorrista genuino dispuesto a juntar hasta el último peso, más en un contexto económico complejo como el actual.

Pero cuando el miedo a gastar se convierte en un temor desmedido y la persona organiza su vida alrededor de él, ahí se convierte en una fobia. Porque controla cada decisión, cada salida y hasta los vínculos con los demás.

Según explican los profesionales, puede haber distintas causas que originen la crematofobia. "A veces surge porque la persona tuvo un trauma. Por ejemplo, sufrió una estafa o quiebra, o le pasó a un allegado y le generó un trauma con futuros síntomas", describe Pegoraro. Ante cualquier estímulo vinculado con ese trauma, el sistema psíquico establece una conexión y devienen los síntomas.

Según Corral, este trastorno se relaciona muchas veces con la infancia , ya sea por alguna situación de escasez extrema o por conductas que se aprendieron de la familia. "Se veía mucho en la migración europea que tuvimos, que vinieron escapándose del hambre, de las dificultades que tenían. Entonces, estas personas amarrocaban ", dice el psiquiatra.

Otra causa pueden ser los pensamientos automáticos obsesivos de la mente. "Por ejemplo, cuando hablamos del miedo a gastar dinero, el paciente tiene ideas obsesivas y recurrentes de que se va a quedar sin plata o que si gasta no va a poder parar, que lo lleva a sentir ansiedad, desbordes de angustia o evitar ciertas conductas como ir al banco", explica Pegoraro.

En algún momento, la mente se satura por estos pensamientos. "Hay conciencia del peligro, lo que provoca ansiedad y en ciertos casos ataques de pánico ", agrega.

Hernán recuerda esos años de ahorro voraz y de esas ideas que lo perseguían a cada instante. Se arrepiente de algunas cosas. Después de toda una vida de guardar el mango y de sentirse culpable cada vez que tenía que realizar algún gasto, no deja de preguntarse: ¿cuánto sacrificó a nivel personal?

“Pensá que a lo sumo me daba un gustito cada tanto con un conito de McDonald's, un permitido. Voy a cumplir 50 años y quizás ahora pienso en el hoy. Me di cuenta de que pagué un precio, no fue gratis. Pero no lo hago más porque se me va la vida”, confiesa.

Eduardo (38) siempre tuvo fascinación por el dinero . De chico, coleccionaba monedas de cincuenta centavos y llegó a tener un cuarto repleto. El dinero le daba seguridad. Pero el miedo a perderlo se hizo cada vez más fuerte y empezó a manejar cada decisión en su vida.

Cuando se puso en pareja con Paula, su problema fue más evidente. "Siempre cuidé la plata, no hice gastos que no fueran necesarios. Cuando me mudé con ella, terminábamos discutiendo por la marca del papel higiénico . Ella es más relajada que yo", cuenta a este diario.

Llegó un momento en la que la situación se volvió insostenible . "Cada gasto me hacía sentir mal, lo sufría, me dolía el pecho y no me quedó otra que empezar el psicólogo. Era eso o me separaba ", agrega.

Ahí le puso nombre a lo que sentía. Según explican los especialistas, la mejor terapia para tratar la crematofobia es la cognitivo-conductual. Y en casos muy puntuales se recetan medicamentos para bajar la angustia o la ansiedad.

"Primero, se ve si hay algún trauma o aprendizaje de cuestiones más genéticas y hereditarias de la familia. Luego, se trabaja con llevar lo irracional al plano terrenal . Y, por último, hay un proceso de desensibilización (se reduce la respuesta exagerada del cuerpo o de la mente ante un estímulo) para acercarse por ejemplo a hacer pequeñas compras", explica el psicólogo Pegoraro.

Porque cuando el paciente se acostumbra a actuar con ese estímulo, se relaja y entra en confianza. Se genera un acercamiento al objeto de la fobia y deja de tener la peligrosidad que hace creer la mente.

Patricia sintió mucha angustia cuando se desmoronó su economía. "Se me llegaron a juntar cinco boletas de luz y estuve muy preocupada", dice la trabajadora municipal. Desde entonces, piensa cada gasto y no se compra nada .

"Trato de calcular todo y no compro nada. No salgo a cenar, no me compro ropa. Voy a un boliche cuando la entrada es gratuita y no tomo nada", cuenta.

El psiquiatra Corral advierte que esta fobia puede aparecen de forma transitoria como el caso de Patricia. "Por ejemplo, la crisis de 2001. Frente una situación de derrumbe o hecatombe algunas personas fueron más vulnerables y podían sentir que no querían gastar en nada porque les generaba un estrés financiero terrible ", explica.

Patricia cuenta que realiza ejercicios de relajación para que la rutina y las decisiones vinculadas al dinero no la afecten.

" La mente siempre va a tirar la mala . Puede haber recaídas, siempre existe esa posibilidad. Todos los ejercicios de mindfulness , relajación, son herramientas que cada ser humano tiene para manejar su propia mente y abordar cualquier estímulo", explica Pegoraro. "Además de consultar con un psicólogo entrenado en psicoterapia conductual", agrega Corral.

Hernán quiere dejar de preocuparse por el dinero. " Lo que me queda lo quiero disfrutar . No tengo hijos y si te morís y te sobra guita es porque hiciste mal los cálculos. Esa frase la dicen mucho y ahora pienso que tiene sentido", cierra.

Redactora en la sección Sociedad.


Fuente: Clarín


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