Adoptar una mascota es una decisión que queda marcada en la memoria de un dueño y de toda una familia. A veces, está meticulosamente planificada, pero otras es mucho más inesperada : un encuentro fortuito, una mirada o un vínculo que aparece sin previo aviso y cambia para siempre la rutina de una casa.
Eso fue lo que le pasó a Santiago Matías , un argentino que vive en Australia, cuando escuchó a una cacatúa en su ventana. Se acercó para verla y el ave se le subió encima y no quiso despegarse de él .
Santiago siempre había amado a las cacatúas australianas de cresta amarilla y soñaba con tener una. Pero nunca imaginó que una de ellas aparecería por sus propios medios. Hoy, Boo-boo forma parte de su hogar y todavía se está adaptando a una nueva vida: no puede volar porque le faltan plumas y Santiago sospecha que fue criada en cautiverio .
En diálogo con TN , Santiago contó cómo Boo-boo llegó a su casa, por qué cree que la cacatúa lo eligió y cómo es la convivencia con este nuevo integrante de la familia: “Él decidió vivir con nosotros y es libre de irse cuando le vuelvan a crecer las plumas”.
Santiago vive en Australia desde hace casi cinco años. Llegó al país después de casarse con una australiana mientras vivía en México y convertirse en papá de su primera hija. Ante la expansión de la familia, decidieron mudarse en busca de un futuro más seguro.
Una tarde, mientras Santiago estaba en su habitación, tuvo una visita inesperada: una cacatúa apareció chillando en la ventana de su pieza y, apenas lo vio, se subió encima de él . “Desde ese momento no lo pude despegar de mí y tuve que hacerlo miembro de mi familia”, recuerda.
Boo-boo es una cacatúa australiana macho de cresta amarilla de aproximadamente cinco años. Cuando apareció en la casa de Santiago, tenía pocas plumas y no podía volar . Por eso, el argentino comenzó a investigar qué había pasado con el animal: buscó a sus posibles dueños, averiguó información sobre la especie y habló con agencias protectoras de animales locales.
Mientras Santiago intentaba descubrir de dónde había salido, la cacatúa comenzaba a ganarse un lugar en la casa : No se despegaba de él, se dejaba acariciar por su hija y hasta compartió una comida con la familia, con su propio lugar en la mesa.
Como no encontró a ninguna persona que reclamara al ave y ya se había encariñado con ella, decidió acogerla. “ Todavía estamos en período de adaptación , pero es muy cariñoso, juguetón y hace muchas cosas graciosas”, describe.
La llegada de Boo-boo también significó un cambio para el resto de la familia. La cacatúa todavía permanece un poco separada de ellos mientras se acostumbran a su presencia y a sus rutinas. Además, tiene una característica difícil de ignorar: grita muchísimo por las mañanas y por las tardes , antes de que anochezca.
Aun así, el cariño por Boo-boo es incondicional: “ Es fácil aceptarlo, él se unió por su propia cuenta a mi casa . A veces rasguña y muerde, pero es muy demandante de tiempo y cariño. No sé si me eligió o cómo pasó, pero aquí está”, cuenta Santiago.
El argentino está al tanto de los cuidados que necesita y tiene una teoría sobre el motivo por el que el ave no puede volar: “Es un animal como todos, necesita dormir, comer y beber. Estoy casi seguro de que se crió en cautiverio como mascota porque no sabe ni volar y le faltan plumas”.
Por ahora, Santiago se ocupa de que tenga un lugar seguro donde descansar y espacio para moverse y jugar. “Claramente necesita una jaula grande suspendida y cubierta para poder dormir, espacio para jugar y romper cosas. Más allá de eso, es un perrito blanco con alas ”, define.
Aunque la estadía de Boo-boo parezca permanente, Santiago reconoce que se trata de un ave y que su naturaleza es volar: “ Siempre tendrá la oportunidad de volar si lo desea . Me gustaría que se quedara con nosotros por siempre, pero las aves tienen que volar. Tal vez soy un amigo provisorio que le ayudará a recuperar sus fuerzas”.
Por ahora, el vínculo recién comienza y todavía queda mucho por descubrir. Santiago no sabe qué va a pasar cuando a Boo-boo le vuelvan a crecer las plumas, pero tiene claro que, si algún día decide irse, va a dejarlo volar. Mientras tanto, la cacatúa que apareció una tarde en su ventana seguirá teniendo un lugar en la casa y, sobre todo, en la familia que eligió .
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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