
La tapa llevaba su rostro en el centro y en letras rojas un título que decía “El hombre más peligroso de Alemania” . En el tramo final de la campaña, Ulrich Siegmund tomó un ejemplar de Der Spiegel, una de las revistas de investigación más influyentes de Europa, y preguntó frente a 45 mil personas que lo vitoreaban en un estadio: “¿Soy tan peligroso?” Por supuesto, la respuesta fue que no y el candidato, con una sonrisa, llamó a sus fieles a “hacer historia”. No se enojó, no insultó a la prensa, relativizó la crítica y la usó como herramienta de propaganda.
El candidato de Alternativa para Alemania (AfD) arrasó hace una semana con el 43,8% en el estado de Sajonia-Anhalt , lo que dejó a las puertas de gobernar a la extrema derecha por primera vez una región alemana desde 1945. El resultado electoral puso en jaque al canciller Friedrich Merz, que apenas obtuvo el 17,2% con su partido Unión Demócrata Cristiana (CUD), y disparó alertas en el resto del continente por un efecto dominó.
La fuerza en ascenso es nacionalista, conservadora, anti inmigrantes, anti ecología, euroescéptica, y pro Rusia , pero vende su contenido en un packaging particular: a diferencia del manual de estilo que corre, que usa como vector la bronca, el miedo y el odio, Siegmund, la nueva estrella de la AfD, sube videos a Tik Tok en el que se lo ve amable, divertido, fresco y cercano. Apeló cuidadosamente a construir un sentimiento de orgullo e identidad colectiva, reinterpretó la nostalgia de la antigua Alemania Oriental –en contraposición a la elite de Berlín– y se abrazó a la épica del pasado imperial del siglo XIX. “Más Bismarck y menos Hilter”, fue la consigna, en un intento también para despegarse de militantes neonazis que integraron sus filas.
De 35 años y ex vendedor de perfumes y aromatizantes de ambiente, la estrategia del dirigente se basó en un carisma digital positivo que normalizó la agenda (algo impensado hasta hace poco) y se tradujo en un aluvión de votos.
Cada producto electoral exitoso es analizado rápidamente en todos los rincones del planeta, especialmente si escapa en algún punto a la moda del momento. El laboratorio de marketing de la derecha viene siendo eficaz, aunque la experiencia reciente demuestra que es más útil para llegar al poder que para conservarlo, al menos en regímenes de democracias liberales.
Donald Trump prometiendo un “plan platita” de 5 mil dólares a cada estadounidense si lo votan y Javier Milei tomando la causa “malvinera” tras haber sido un confeso fan de Margaret Thatcher son apenas dos ejemplos de un intento de adaptarse a las circunstancias en escenarios adversos. El punto es si quienes escuchan advierten ruido entre el narrador y lo narrado.
El fenómeno libertario se forjó con una identidad muy nítida, a imagen y semejanza de su líder. Y ese fue su plus: representa atributos claros, no necesita ser explicado, es dueño del 100% de un nicho. La motosierra fue un símbolo de exportación. Ahora, esa porción de la que es rey no es mayoritaria per sé. Sólo es sostenida anclada en resultado s, en relación a lo prometido o para lo que fue votado: terminar con la “casta” (esto quedó herido) y la inflación. El bolsillo, como concepto más amplio, es lo que determinará la chance de reelección, reconocen en la Casa Rosada.
La jugada de plantar bandera con Malvinas, que venía formando parte de diálogos más generales con Washington, le sirvió al Gobierno para cambiar drásticamente la conversación pública con un asunto que abarca prácticamente a toda la sociedad. Ser portador de un mensaje más grande que uno mismo ayuda a ampliar, expande a quien lo dice. Eso es lo que, al menos temporalmente, consiguió Milei.
El impacto fue contundente. El 90% dijo estar en conocimiento del contenido de la cadena nacional , según una encuesta de Management & Fit. Aunque ese mismo informe señala que el 61,1% cree que el giro de posición del Presidente es por “conveniencia política” y apenas el 24,7% dice que fue por “convicción”.
Por otro carril está lo relevante que es la sustentabilidad de la política que encauce para recuperar la soberanía de las Islas, pero eso deberá evaluarse en un proceso de mayor plazo. Mientras, el Gobierno busca estirar la impronta del tema , con el envío de un proyecto de ley que endurece penas a empresas que operen allí y con otros anuncios.
Milei registra algunos ajustes en sus discursos , como el que dio por el Día del Maestro, aggiornado a su audiencia de estudiantes de primaria, muy diferente al que pronunció en el colegio ORT, con eje ideológico, religioso y promoviendo abucheos al periodismo. Ayer habló de “levantar la mano para pedir la palabra”, “tratar bien al compañero nuevo y al que es distinto”, “no tirar el papel del alfajor al piso” , “devolver el libro que les prestaron”. Un encanto. Hasta dijo “maestras y maestros”.
Todas las piezas escritas están redactadas por Santiago Caputo , no así cuando improvisa o lleva apuntes, que surgen más bien de su cabeza. A pesar de los matices que aparecen, quienes están en la cocina de la estrategia niegan que haya en proceso una modificación identitaria en la figura de Milei que, por otro lado, podría sonar inverosímil.
En paralelo, el Presidente revisa su hoja de ruta, con más presencia en el interior, algo que no suele hacer. Se espera que esta semana viaje a Bahía Blanca y recorra, entre otras, la empresa Mega, una de las que adhirió al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) por una obra para ampliar la producción de líquidos del gas natural. Es lo que tiene para mostrar: un fuerte potencial exportador, algo que ya se plasmó durante este año, batiendo récords sectoriales y mensuales. Esa postal contrasta con la micro , que sigue siendo el capítulo amargo de la receta libertaria, aún cuando haya alcanzado el 1,7% de inflación para agosto, la más baja desde junio de 2025.
La Libertad Avanza deberá dirimir pulseadas semanales en el Congreso hasta que termine el año: la oposición motoriza proyectos vinculados a la morosidad y la emergencia en discapacidad; y el Gobierno promueve la iniciativa por la soberanía de Malvinas, el presupuesto 2027 y la eliminación de las primarias.
En el medio, se vienen dos elecciones parlamentarias de máxima importancia. El 27 de octubre en Israel y el 4 de noviembre en Estados Unidos , los dos aliados clave de Milei, ambas potencias embarcadas en una guerra sin control en Medio Oriente. En la Casa Rosada minimizan las consecuencias de eventuales derrotas de sus socios en el ámbito de la relación y también de la opinión pública. “Será tema en el círculo rojo un rato y nada más”, describe un funcionario.
Hay todo tipo de interpretaciones sobre lo que impliquen estos resultados. En un extremo, Thomas Friedman escribió en The New York Times que “lo que está en juego es el futuro de la democracia”, básicamente, si salen fortalecidos los líderes de esos países a quienes caracteriza con rasgos autocráticos. Plantea, además, que avanza la transformación tecnológica más importante de la historia de la humanidad, la Inteligencia Artificial, en manos de mentes insensatas.
En el Gobierno, en cambio, observan con mucho más interés lo que pasa en Brasi l, que enfrenta elecciones presidenciales el 4 de octubre. Milei viajó a apoyar a Flavio Bolsonaro, lo que le valió un cortocircuito diplomático después de llamar “basura socialista” y “ladrón” a Lula da Silva. Lo hizo en el marco de propagar la “ola azul” de la derecha por la región, de la que es el predicador principal.
No todo es tan lineal como parece. Más allá de los dichos del libertario, cuyo respaldo al candidato fue genuino, en despachos oficiales creen que una victoria de Bolsonaro podría perjudicar a Milei. ¿Por qué? Brasil, con un peso político y económico más significativo, pasaría a alinearse con Estados Unidos y desplazaría del centro de las prioridades a Argentina, en términos geopolíticos y de flujo de recursos. La pelea contra China pasaría a disputarse en una cancha más decisiva: no tanto por la relación comercial, que es estructural y no habría cambios bruscos entre Brasilia y Beijing, sino porque Xi Jinping perderá un partenaire crucial en el Sur Global. Un verdadero quiebre. Dicen que Santiago Caputo, quien atiende especialmente el vínculo con la Casa Blanca, está prendiendo velas por Lula.
Fuente:
Clarín
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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