
En 1984 , la NASA lanzó al espacio 12.500.000 semillas de tomate con un objetivo inédito: acercar la ciencia y la exploración espacial a las aulas. Lo que iba a ser una misión de un año terminó extendiéndose casi seis, y cuando las semillas regresaron a la Tierra, millones de estudiantes recibieron el material para investigar si el paso por el espacio había modificado su capacidad de germinar y crecer .
Las semillas, de la variedad Rutgers California Supreme , formaron parte del proyecto SEEDS (Space Exposed Experiment Developed for Students), desarrollado junto a la empresa Park Seed. El material se almacenó en la plataforma orbital LDEF (Instalación de Exposición de Larga Duración), donde permaneció sellado durante todo el viaje. La siembra y el seguimiento de las plantas se realizó recién después del regreso, en condiciones terrestres.
El proyecto SEEDS buscó responder una pregunta concreta: ¿las semillas expuestas al espacio germinarían y crecerían igual que las que nunca salieron de la Tierra? Para eso, los estudiantes recibieron dos tipos de semillas: las que viajaron en órbita y otras que se mantuvieron como control en el planeta.
La misión original debía durar un año, pero los retrasos en el programa espacial y la suspensión de vuelos tras el desastre del Challenger en 1986 hicieron que las semillas permanecieran en órbita hasta enero de 1990. El recorrido incluyó el lanzamiento de la misión STS-41C en abril de 1984, la puesta en órbita del LDEF y la recuperación final por el transbordador Columbia casi seis años después.
La iniciativa alcanzó una escala inédita: según la NASA, unos 3,3 millones de estudiantes participaron en el experimento, con más de 132.000 kits enviados a 64.000 docentes en cerca de 40.000 escuelas de Estados Unidos y otros 30 países.
Cada kit incluía semillas espaciales y terrestres, guías y formularios para registrar observaciones. Los alumnos debían sembrar, medir y comparar el desarrollo de ambos grupos : desde la germinación y el tiempo de aparición de los brotes, hasta la altura, la formación de flores y frutos, y las diferencias en hojas y tallos.
El seguimiento permitió a los estudiantes vivir de cerca el método científico, aprendiendo a observar tanto las diferencias como la importancia de los controles y las condiciones de cultivo.
El informe final de la NASA indicó que las semillas que viajaron al espacio tendieron a germinar un poco más rápido y a crecer más en las primeras semanas , aunque esa ventaja se diluyó con el tiempo. Al cabo de un mes, las plantas terrestres igualaron el desarrollo de las espaciales y no se detectaron diferencias generales en los frutos ni en el resto de las características.
Sin embargo, el experimento también mostró que factores como el riego, la luz o el manejo podían influir en los resultados, y que no toda diferencia podía atribuirse al viaje espacial. El valor educativo estuvo en que los estudiantes aprendieron a investigar, medir y sacar conclusiones, acercando la exploración espacial a la vida cotidiana.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
.jpg)
Redes