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Dejó veterinaria, creó una conocida marca de ropa y ahora invierte en un sueño: “Lo que pretendo es dejar un legado”

En la década de 1980, Gabriel “Gabo” Nazar andaba entre corrales y libros de la carrera de veterinaria . Crecido en Ramallo, aquel joven que provenía de una familia campera se manejaba a través de la tierra firme y las islas del Paraná. Desde chico imaginaba un futuro ligado a los animales. Sin embargo, entre los 17 y los 20 años, una “inquietud artesanal” comenzó a desplazar sus horas de estudio y con ella, sin darse cuenta, también postergó su sueño para abrir el primer local de lo que con el tiempo sería Cardón. Casi cuatro décadas después, al frente de la marca y de Pampero , decidió darle un lugar central a la ganadería en su vida: invirtió entre US$700.000 y US$800.000 en la cabaña El Federal, donde tiene genética Angus y Brangus .

“ El mundo de los trapos es la mitad de mi vida ; la otra mitad tiene que ver con mi amor por las cosas nuestras y por el campo”, resumió en una entrevista con LA NACION en la Semana Angus de Primavera, en Cañuelas.

Ataviado con una boina verde, un chaleco de la marca y un pañuelo de satén al cuello, Nazar refleja la imagen del hombre que hizo de la indumentaria su oficio y la del productor que nunca dejó de sentirse parte del campo y la cultura argentina. “ Siempre fui muy inquieto y curioso; tuve muchas ganas de aprender de nuestros hacedores. Empecé con oficios que fui aprendiendo por hobby , como la soguería, la talabartería, el telar y el manejo de metales”, recordó.

Aquel impulso artesanal fue el germen de Cardón Cosas Nuestras, una marca a la que Nazar le ha dedicado casi 40 años de vida y que luego se expandió con la adquisición, hace más de 15 años, de la emblemática firma Pampero. “ A los 20 años dejé la facultad, volví a mi pueblo y puse el primer local al público. Ahí le encontré todo el sentido de la vida a lo que hacía, porque seguía estando cerca de la cultura del campo, que es la que me inspiró a anotarme en veterinaria”, relató.

Esta cercanía con el campo lo llevaron a crear su propia cabaña. Estima que la inversión que hizo hasta el momento en El Federal podría triplicarse en los próximos dos años. Por ahora, cada decisión —la elección de los animales, las instalaciones y el armado del equipo— apunta a un primer remate que proyecta para 2028 .

El Federal tiene hoy poco más de 100 animales , dentro de un conjunto que, según Nazar, llega a unos 200 ejemplares . Su objetivo es formar una base genética de entre 500 y 600 cabezas . Este año comenzaron a criar los primeros embriones y espera presentar los primeros ejemplares en una pista durante 2027 , posiblemente en Palermo o en la exposición de primavera de la raza. “Todavía la cabaña no produjo un dólar y no lo va a producir hasta que venda el primer reproductor. De modo que por mucho tiempo es una ecuación de ‘sume y sigue’. El negocio del ganadero no es apto para impacientes ”, reconoció sobre los desembolsos que viene haciendo.

Hace tres años comenzó a ampliar el rodeo comercial de cría y, hace dos, tomó las primeras decisiones para producir genética. La primera etapa consistió, en sus palabras, en “agrandar el tamaño de nuestra fábrica de terneros, que no es ni más ni menos que tener más vacas de cría”. Después avanzó con la selección de reproductores y la definición de las razas.

Apuesta al Angus colorado para la pampa húmeda , y al Brangus para el norte del país . En la futura base de entre 500 y 600 cabezas prevé reunir animales Angus puro controlado y puro de pedigree además de Brangus de registro definitivo. Para comenzar recurrió a genética de La Rubeta, Charles de Guerrero, La Esencia y Casamú . “ Nos apoyamos en los que saben. Entendimos que la oportunidad que se venía no solo era para el negocio de la carne en general, sino para la genética en particular”, dijo. Su propósito es desarrollar una línea propia a partir de esa selección: “ No tenemos necesidad de inventar la rueda cuadrada ”.

Según su mirada, el desafío para los criadores es aumentar la eficiencia productiva y obtener animales que también respondan a una demanda de carne de calidad. Fue esa expectativa, añadió, la que lo llevó a invertir antes de que el actual momento de la ganadería se hiciera evidente. “ La decisión la tomamos antes de que este buen momento se percibiera ”, afirmó. El proceso incluye, además de la compra y selección de animales, cambios en infraestructura e instalaciones. “ Había que no solo adaptar la infraestructura, las instalaciones, buscar las mejores combinaciones genéticas, armar el mejor equipo profesional. Y eso es lo que estamos haciendo”, cuenta.

Cuando habla de las dos marcas de indumentaria, distingue el origen de ese vínculo con cada una: Cardón es una creación propia; Pampero, una marca que ya formaba parte de su vida antes de adquirirla. De esta última afirma que vende más de ocho millones de unidades por año y que tiene presencia en todas las provincias.

El campo aparece en las prendas de la marca que creó. Nazar define como fuentes de inspiración para sus colecciones a los paisajes, los oficios vinculados con el agro y las personas del interior. Mencionó producciones realizadas desde Ushuaia hasta la Quebrada de Humahuaca, y también en el litoral y Cuyo. “ ¿Qué es lo nuestro? Es nuestra cultura, nuestra historia, nuestros paisajes, nuestros hacedores, nuestros sabios, hombres y mujeres rurales, gauchos, agricultores y productores de cada rincón del país ”, enumeró.

La colección otoño-invierno de 2027 tendrá un vínculo todavía más directo con su actividad ganadera: estará inspirada en la producción bovina argentina . Según relató, parte de la campaña fotográfica se realizó en un establecimiento de la familia Guerrero, en Areco, y parte en la Rural de Palermo. Participaron miembros de esa familia y de la suya. “ Contamos un poco la historia de una familia de campo, una familia ganadera que visita a otra familia ganadera, que de alguna manera les muestra lo que hace desde hace 150 años”, explicó.

Mientras destina recursos y tiempo a la cabaña, conduce las marcas de indumentaria en un escenario que describe como difícil para la industria textil argentina. Su diagnóstico es que la apertura de las importaciones obligó a revisar con rapidez el abastecimiento . Señaló que trabaja con dueños de fábricas y talleres para mantener parte de la producción industrial y, al mismo tiempo, incorporar insumos, telas, maquinaria y productos terminados obtenidos en el exterior.

“ No es tan sencillo como decir: ‘Desenchufo la fábrica y activo la importación ’ ”, planteó. Como ejemplo mencionó a un socio de Pampero con fábricas en La Rioja y Catamarca , donde trabajan 700 operarios . Para el empresario, “el consumo no cayó necesariamente” y afirmó que el problema central para el sector fue la velocidad del cambio. “ Es imposible sostener un país con una economía cerrada en el largo plazo. Ahora, la velocidad con que la abrís importaciones y los mecanismos para mitigar el impacto negativo de esa apertura tan rápida sí son materia de discusión ”, afirmó.

“Yo soy bastante entusiasta y ansioso muchas veces, pero entiendo que en el caso de la ganadería tiene que primar el trabajar con visión de largo plazo, con estrategia y con paciencia. Mi cabaña va a ser, ojalá, exitosa, pero lo que pretendo es dejar un legado ”, cerró.


Fuente: La Nación


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