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Alejandro Flores, adiestrador canino: “El 90% de la gente no debería tener perro; se lo prohibiría a algunas personas”

En los últimos años, la relación entre las personas y sus perros cambió de manera profunda. Para muchas familias, dejaron de ser simplemente animales de compañía y pasaron a ocupar un lugar más cercano al de un integrante de la casa.

La transformación también se refleja en el mercado : alimentos específicos, juguetes, ropa, accesorios, servicios de cuidado y hasta negocios especializados para mascotas forman parte de una industria cada vez más amplia.

Sin embargo, para el adiestrador Alejandro Flores , esa preocupación por el bienestar de los perros no siempre se refleja en uno de los momentos más importantes de su rutina: el paseo.

Flores fue contundente al describir una escena que, según su mirada, se repite con frecuencia: dueños que salen con sus perros tirando de la correa, dan un par de vueltas a la manzana y regresan a sus casas.

“Un paseo no es sacar al perro a mear; un paseo es disfrutar tú del perro y tu perro de ti”, sostuvo en una entrevista para HProject . Para el adiestrador, el problema aparece cuando la salida se convierte únicamente en una tarea que el dueño quiere terminar cuanto antes.

“A toda la gente que sale a la calle con el perro a tirones, harta del perro y dando dos vueltas a la manzana para que mee y cague antes de volver a casa, yo le quitaría el perro ”, afirmó. Su crítica no apunta solamente a la duración del paseo, sino también a la relación que se establece durante esos minutos entre la persona y el animal.

La evolución en la forma de tratar a las mascotas generó un fenómeno que muchas veces se denomina “humanización de los perros” .

Cada vez es más habitual encontrar productos y servicios pensados específicamente para ellos: desde alimentos adaptados a determinadas necesidades hasta juguetes sofisticados, ropa, carritos y establecimientos especializados.

Para algunos especialistas, estos cambios reflejan una mayor preocupación por el bienestar animal. Para otros, pueden llevar a tratar a los perros como si fueran humanos y olvidar cuáles son sus necesidades específicas.

La contradicción aparece cuando un perro recibe todo tipo de comodidades dentro de la casa, pero pasa gran parte del día encerrado y solamente sale unos minutos para hacer sus necesidades. Eso es precisamente lo que cuestiona Flores.

Salir a la calle no implica solamente caminar de un punto a otro. Para un perro, el exterior ofrece una enorme cantidad de estímulos: olores, sonidos, personas, otros animales y diferentes superficies y espacios . Explorar ese entorno forma parte de su experiencia cotidiana.

Por eso, el paseo puede ser también un momento de interacción entre el animal y su dueño. No todos los perros necesitan exactamente la misma cantidad de ejercicio . La edad, el estado físico, el tamaño, la personalidad y las características individuales hacen que sus necesidades sean diferentes.

Un perro joven y activo, por ejemplo, puede requerir una rutina muy distinta de la de un perro adulto con problemas de movilidad.

Flores también puso el foco en una situación habitual: el perro caminando permanentemente con la correa tensa mientras su dueño intenta frenarlo .

Los tirones constantes no son una buena forma de enseñar al animal a caminar. El objetivo del entrenamiento debería ser que pueda desplazarse con una correa relajada y que exista una comunicación adecuada entre el perro y la persona.

Además, la forma de sujetarlo importa. Los tirones bruscos sobre el cuello pueden resultar incómodos y, dependiendo del collar y de la intensidad, generar presión innecesaria sobre esa zona. El aprendizaje debería hacerse de manera progresiva y utilizando métodos adecuados para cada animal.

La afirmación más fuerte de Flores llegó cuando llevó su crítica al extremo. “ El 90% de la gente de esta sociedad no tendría que tener perro . Tu perro es un infeliz y tu perro está todo el día en la casa metido en un sofá para salir dos veces a la calle, dos vueltas”, sostuvo.

Y agregó: “¿Para qué tienes un perro para tenerlo así? Regálalo”. El porcentaje mencionado por el adiestrador no corresponde a una estadística científica , sino a una valoración personal sobre la manera en que muchas personas se relacionan con sus mascotas.

Su planteo, sin embargo, abre un debate sobre una cuestión concreta: tener un perro no implica solamente incorporarlo a la familia, sino también asumir las necesidades que tiene como animal .

La comida, la atención veterinaria y un lugar cómodo para dormir son apenas una parte de esa responsabilidad. También están el movimiento, la exploración, la educación, el juego y el tiempo compartido. En ese sentido, para Flores, la pregunta no debería ser solamente cuánto se quiere a un perro, sino qué calidad de vida se le está ofreciendo todos los días .


Fuente: TN


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