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ADN del crimen: “Pepita la Pistolera”, un revólver y la pista que la vinculó con el asesinato de Cabezas

 



Margarita Graziana Di Tullio, conocida como “Pepita la Pistolera”, estuvo 77 días detenida y fue investigada por el asesinato del fotógrafo de la revista Noticias, José Luis Cabezas. Fue arrestada el 12 de febrero de 1997 y recuperó la libertad el 30 de abril de ese año por falta de pruebas.

Di Tullio había ganado notoriedad años antes, cuando en 1985 mató a tres sicarios que, según su relato, habían ingresado a su casa de Mar del Plata para asesinar a su pareja, Guillermo Schelling. El episodio le valió el apodo con el que quedó conocida públicamente.

En 1997, doce años después de aquel hecho, su nombre apareció en la investigación por el crimen de Cabezas. La principal acusación surgió a partir de la declaración de un informante de la Policía Bonaerense, conocido como Redruello, quien vinculó a Di Tullio y a personas de su entorno con el homicidio.

La Justicia dictó la prisión preventiva de Di Tullio, Pedro Villegas, Flavio Steck, Luis Martínez Maidana y Juan Domingo Dominichetti. Sin embargo, con el avance de la investigación, varios de ellos fueron liberados por falta de mérito.

El caso tomó especial relevancia por el hallazgo de un revólver Colt calibre 32 largo en la casa de Martínez Maidana, en Mar del Plata. Los peritajes balísticos determinaron que el arma había sido utilizada para disparar contra Cabezas.

En febrero de 1997, el entonces ministro del Interior, Carlos Corach, y el secretario general de la Presidencia, Alberto Kohan, viajaron a Dolores y se reunieron con el juez José Luis Macchi. Tras el encuentro, Corach afirmó que el arma secuestrada era, según los peritajes, la utilizada para asesinar al fotógrafo.




 

Sin embargo, nunca pudo demostrarse cómo había llegado ese revólver hasta la vivienda de Martínez Maidana ni que Di Tullio o su entorno hubieran participado del crimen.

El propio Redruello terminó siendo llevado a juicio, acusado de haber plantado el arma para desviar la investigación hacia la banda vinculada con Di Tullio. La hipótesis no pudo ser probada y fue absuelto.

El rumbo de la causa cambió definitivamente cuando, dos semanas después de la liberación de Di Tullio, la cámara fotográfica de Cabezas fue encontrada en el lecho del Canal 1, cerca del puente de la ruta provincial 11.

El hallazgo permitió avanzar sobre otra hipótesis: que el fotógrafo había sido secuestrado y asesinado por un grupo integrado por policías bonaerenses y delincuentes de la banda de Los Hornos.

El juez Macchi procesó y dictó prisión preventiva para los policías Gustavo Prellezo, Aníbal Luna y Sergio Camaratta, además de los integrantes de la banda de Los Hornos que habían sido reclutados para secuestrar y asesinar a Cabezas.

“A José Luis Cabezas lo mataron por su trabajo”, sostuvo Macchi en una de las resoluciones centrales de la investigación.

El 2 de febrero de 2000, la Cámara Penal de Dolores condenó a prisión perpetua a siete de los acusados. También fueron condenados Gregorio Ríos, jefe de seguridad de Alfredo Yabrán, y el comisario Alberto Pedro Gómez, jefe de la comisaría de Pinamar, acusado de liberar la zona para permitir el crimen.

Para los jueces, Yabrán fue el principal instigador del homicidio, ya que Cabezas había logrado fotografiarlo y publicar su imagen, afectando el anonimato que el empresario buscaba mantener.

Los magistrados consideraron que Prellezo fue el autor material del asesinato y que actuó por orden de Ríos. Los policías Camaratta y Luna, según la sentencia, colaboraron en la preparación del terreno, mientras que los integrantes de Los Hornos fueron contratados para seguir, secuestrar y matar al fotógrafo.

Las calcomanías de Garfield y Mini permitieron confirmar que la cámara recuperada en el canal pertenecía a Cabezas. Ese hallazgo fue una de las pruebas que permitió alejar definitivamente a Di Tullio y a sus colaboradores de la investigación principal por el homicidio.

“Pepita la Pistolera” regresó entonces a Mar del Plata, donde continuó con sus actividades vinculadas a los locales nocturnos. Murió en 2009, sin haber sido condenada por el crimen de José Luis Cabezas.


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