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A 30 años de la muerte de Gilda: El accidente que la convirtió en un mito popular

 



El 7 de septiembre de 1996, Gilda murió en un brutal accidente de tránsito cuando viajaba junto a su familia y parte de su banda por la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos. Tenía 34 años y llevaba apenas seis años de carrera artística.

La cantante viajaba hacia Chajarí para presentarse con su banda cuando un camión de carga de origen brasileño mordió la banquina, cruzó de carril y chocó de frente contra el micro.

El impacto fue devastador. Murieron Gilda, su madre Isabel “Tita” Scioli, su hija Mariel, el conductor del micro, Elvio Mazzucco, y tres músicos: Enrique “Quique” Tolosa, Gustavo Balbini y Raúl Larrosa.

Entre los sobrevivientes estuvieron su hijo Fabricio, que tenía ocho años, y Juan Carlos “Toti” Giménez, productor de Gilda y su pareja.

El camionero Renato Sant’Ana también sobrevivió al accidente. Según el relato de los sobrevivientes, mientras estaba internado después del choque llegó a pedir a los gritos que le llevaran una pizza. Casi cuatro años después fue condenado a dos años y ocho meses de prisión en suspenso y a siete años de inhabilitación para conducir profesionalmente.


 

Las últimas horas de Gilda

Horas antes de la tragedia, Gilda había participado de un programa de televisión en los estudios de América. Vestida de blanco, interpretó algunos de sus grandes éxitos y anunció presentaciones que tenía previstas en Entre Ríos y Corrientes.

Después subió al micro de gira. A último momento le pidió al conductor que pasara por la casa familiar de Villa Devoto para buscar a su madre y a sus dos hijos.

Durante el viaje, gran parte de los integrantes de la banda aprovechó para dormir. Gilda también descansó y, según quienes compartieron aquellas últimas horas con ella, había quedado en encontrarse después con Toti para tomar mate.


 

Una carrera que crecía

Para 1996, Gilda atravesaba uno de los momentos de mayor crecimiento de su carrera. Su disco “Corazón valiente” había sido un éxito y contenía canciones que terminarían formando parte del imaginario popular argentino, como “Fuiste”, “Paisaje” y “Ámame suavecito”.

La cantante llegó a realizar hasta 15 presentaciones por semana y, en un período particularmente intenso, llegó a participar de 34 shows en apenas tres noches.

A pesar del éxito, las giras eran agotadoras y su situación económica todavía estaba lejos de ser la que esperaba. Uno de sus grandes objetivos era conseguir una casa para vivir junto a sus dos hijos.

De Miriam a Gilda

Antes de convertirse en una de las figuras más reconocidas de la música tropical, Gilda era Miriam Alejandra Bianchi. Nació en 1961 en Villa Devoto y durante su juventud trabajó en la Dirección General de Rentas para ayudar económicamente a su familia.

Más tarde estudió para ser maestra jardinera y tuvo dos hijos. Pero en 1990 decidió apostar por la música después de presentarse a una audición para una banda tropical.


 

Juan Carlos “Toti” Giménez quedó impresionado por su voz y su carisma y la eligió para integrar el grupo. Miriam adoptó el nombre artístico Gilda, inspirado en el personaje interpretado por Rita Hayworth.

Su estilo se diferenciaba de muchas de las figuras femeninas de la movida tropical de aquella época. Era morocha, delgada y tenía una voz mucho más melódica, pero logró construir una identidad propia.

También comenzó a tener un papel cada vez más importante en las letras de sus canciones, muchas de las cuales hablaban de mujeres que decidían alejarse de relaciones que les hacían daño.

La canción que alimentó el mito

Después de su muerte se hizo popular “No es mi despedida”, una canción escrita por Gilda que muchos seguidores interpretaron como una especie de premonición.

La letra comenzó a generar todavía más misterio después de que el representante de la cantante asegurara que había encontrado una grabación de la canción entre los restos del accidente.

Sin embargo, Toti Giménez y varios músicos sobrevivientes desmintieron esa versión. Según ellos, la grabación no había sido encontrada en la ruta, sino que estaba guardada en Buenos Aires y la historia del hallazgo habría sido una estrategia de marketing.

Con el paso de los años, la canción quedó asociada definitivamente con la muerte de Gilda y ayudó a alimentar el mito alrededor de su figura.

Un santuario y una santa popular

En el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12, donde ocurrió la tragedia, se levantó un santuario que todavía recibe a seguidores y visitantes.

Incluso antes de su muerte, algunas personas le atribuían poderes curativos a Gilda. La cantante rechazaba esas creencias y sostenía que las enfermedades debían ser tratadas por la medicina.


 

Después de su muerte, esa imagen se multiplicó y Gilda pasó a ocupar un lugar particular dentro de la cultura popular argentina.

A tres décadas de aquella tragedia, sus canciones continúan sonando y su figura permanece vigente. Gilda murió cuando todavía tenía mucho por recorrer, sin llegar a conocer la dimensión que alcanzaría su legado.


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