
En 1974, miles de cangrejos rojos americanos fueron liberados en las marismas del Bajo Guadalquivir, en España , como parte de una apuesta que buscaba convertir a esta especie en un negocio rentable.
La idea funcionó desde el punto de vista económico. El problema fue que los animales también encontraron las condiciones perfectas para reproducirse, expandirse y colonizar nuevos ambientes .
Hoy, 52 años después, el cangrejo rojo americano ( Procambarus clarkii ) es una de las especies exóticas invasoras más extendidas y problemáticas de los ecosistemas de agua dulce españoles. Su erradicación, una vez que las poblaciones se establecen, puede llegar a ser prácticamente inviable.
El cangrejo rojo americano es originario del noreste de México y del centro y sur de Estados Unidos . Su llegada a España estuvo vinculada a la acuicultura y a la posibilidad de explotar comercialmente sus poblaciones.
Las fuentes históricas y técnicas sitúan una primera introducción en Badajoz en 1973 y una segunda, realizada en 1974 en las marismas del Bajo Guadalquivir , que contó con autorización y apoyo institucional para convertir a la especie en un recurso económico.
La apuesta parecía tener sentido desde el punto de vista comercial. El problema fue que Procambarus clarkii tenía una característica que terminó jugando un papel decisivo: una enorme capacidad de adaptación y reproducción . En poco tiempo, comenzó a expandirse por canales, arroyos, ríos y humedales.
El éxito de su expansión tiene varias explicaciones. Se trata de una especie capaz de vivir en una gran variedad de ambientes acuáticos , soportar períodos de desecación y desplazarse con facilidad.
Además, tiene una alta capacidad reproductiva. El Ministerio para la Transición Ecológica de España señala que puede tener entre dos y tres generaciones por año y que, incluso, puede recorrer distancias por tierra para llegar a nuevos cuerpos de agua.
A eso se sumaron las introducciones realizadas por personas en distintos lugares. Una vez que el cangrejo empezó a convertirse en un recurso económico, su presencia se extendió mucho más allá de los sitios donde había sido liberado originalmente. Lo que había comenzado como un negocio local terminó convirtiéndose en una expansión a escala nacional .
El principal problema no es solamente que haya muchos cangrejos. Su presencia puede transformar profundamente los ecosistemas donde se instala .
El Procambarus clarkii se alimenta de vegetación, pequeños animales, invertebrados, peces y anfibios. También consume huevos y ejemplares jóvenes de distintas especies.
Su actividad excavadora provoca otro problema: puede degradar las orillas, aumentar la turbidez del agua y alterar las estructuras de los ambientes acuáticos .
Además, compite con los cangrejos autóctonos y puede transmitir enfermedades, entre ellas la afanomicosis, provocada por el hongo Aphanomyces astaci , que tuvo consecuencias devastadoras para las poblaciones de cangrejos de río europeos.
La historia tiene una enorme contradicción. La misma especie que genera problemas ambientales se transformó en una fuente de ingresos para numerosas comunidades del sur de España .
La captura y comercialización del cangrejo rojo impulsó durante décadas una importante actividad económica en las marismas del Guadalquivir.
Por eso, su gestión se convirtió en un desafío complejo: no se trata simplemente de eliminar una especie invasora , porque alrededor de ella también se desarrollaron actividades económicas y cadenas productivas.
La Junta de Andalucía reconoce que el cangrejo rojo produce efectos negativos sobre la flora, la fauna y los cultivos, pero también forma parte de la alimentación de otras especies y representa un recurso económico en las zonas donde es abundante.
Después de décadas de expansión, volver atrás resulta extremadamente difícil.
El Ministerio para la Transición Ecológica advierte que, una vez asentada una población de cangrejo rojo americano, la erradicación y el control pueden resultar generalmente inviables . Por eso, las estrategias actuales apuntan principalmente a limitar su expansión y controlar las poblaciones.
Se utilizan distintos métodos, como trampas y barreras, aunque la especie tiene una capacidad de supervivencia que complica cualquier intento de eliminación definitiva. Además, su facilidad para adaptarse a diferentes ambientes hace que pueda reaparecer en zonas donde parecía haber desaparecido.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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