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Se quedó pelado a los 9 años, vivía pendiente del espejo y una decisión le cambió la vida: “Me saqué una mochila de encima”

Perder el pelo suele estar asociado con el paso del tiempo. Para muchos hombres, la caída comienza recién durante la adultez. Sin embargo, hay casos en los que el proceso aparece mucho antes.

Santiago Marzano tenía apenas nueve años cuando comenzó a quedarse pelado . Durante años probó distintos peinados para disimular la falta de pelo, hasta que a los 15 tomó una decisión que marcaría un antes y un después: se rapó por completo .

Hoy tiene 24 años y lleva más de la mitad de su vida siendo pelado . Lo que alguna vez fue motivo de preguntas, comentarios y miradas terminó convirtiéndose en una característica de su identidad y en una experiencia que ahora lo impulsa a acompañar a amigos y conocidos que atraviesan situaciones similares.

En diálogo con TN , Santiago contó de qué forma descubrió que estaba perdiendo el pelo, cómo vivió ese proceso durante su infancia y de qué manera logró aceptar su apariencia.

Su familia fue la primera en notar que algo era diferente con su pelo. “Desde muy chico, en los primeros años de mi vida, mi familia empezó a notar que algo no andaba bien en mi cabeza , porque siempre tuve muy poco pelo o pelo muy finito”, recuerda Santiago.

Con el paso de los años, él también comenzó a tomar conciencia de la situación. “Cuando empecé a tener uso de razón y empecé a compararme, a verme al espejo y demás, notaba que algo no estaba del todo bien ”, cuenta.

Sus padres decidieron llevarlo a distintos especialistas. “Me llevaron con dermatólogos porque les preocupaba que, a tan temprana edad, me estuviera quedando pelado”, explica Santiago.

Después de realizarse diferentes estudios, llegó el diagnóstico: alopecia androgenética , de origen genético. “Todos los estudios concluyeron que era una alopecia androgenética, 100% genética y heredada , que no tenía ninguna otra complicación más allá de la cuestión estética”, señala.

La noticia fue un golpe para él. “A mí ya me estaba afectando bastante la situación y, cuando me comentaron que la única solución era un trasplante, pero que a mi edad era inviable porque era muy chico, la verdad que fue muy frustrante”, recuerda.

Durante su infancia, Santiago no podía evitar sentirse diferente del resto. “Por mucho tiempo sentí que no era parte de la escuela, de mis compañeros y de los grupos que frecuentaba siendo tan chico. No me veía igual a ellos; notaba que era el único que tenía eso. Me costó mucho tiempo sentirme parte ”, relata.

Aunque se recuerda como un chico sociable, la situación afectaba su manera de relacionarse con los demás: “ Sentía que no encajaba porque era distinto , me veía mayor y era algo muy feo, muy frustrante para ser tan chico”.

Sin embargo, aclara que el sufrimiento no estuvo relacionado con las burlas. “En la escuela no me hicieron bullying; los pensamientos pasaban por mi cabeza y por dentro, no con los demás. Tuve la gran suerte de que nunca me hicieron bullying ”, afirma.

Durante la primaria y la secundaria, Santiago hacía todo lo posible para ocultar su alopecia . “Fue una odisea mental. Era levantarme una hora antes para acomodarme el pelo y que quedara perfecto, para que no se me viera la pelada”, cuenta.

Cualquier situación cotidiana podía convertirse en un problema. “ Si llovía, era el peor día de mi vida porque se me mojaba el pelo y se notaba; si tenía que transpirar en Educación Física o había viento, también”, recuerda.

Los recuerdos que más se le vienen sobre esa época son estar frente a su reflejo buscando el peinado perfecto: “Era todo el tiempo estar con un espejo cerca o reflejándome con el celular para verme si estaba todo en orden”.

Mantuvo ese ritmo hasta que un día no aguantó más: “ Hice de todo hasta que a los 15 años tomé la decisión de que no daba para más y me rapé. Agarré la máquina y me pelé a cero. Fue como sacarme una mochila de encima”, destaca.

Para Santiago, pelarse no solo fue un quiebre, sino también un aprendizaje: “Cuando me pelé, acepté todo y empecé a vivir la mejor etapa de mi vida”.

A día de hoy, Santiago reconoce que su experiencia le trajo mucho conocimiento y cambió su forma de ver las cosas: “Haber atravesado una situación así desde tan chico y no conocer a nadie que lo haya vivido me hizo muy resiliente ”.

Y, al mismo tiempo, transformó su manera de afrontar la vida: “ Siento que puedo enfrentar cualquier tipo de problema , porque el problema más grande que me podría haber puesto la vida fue quedarme sin pelo siendo tan joven”.

“Fortaleció mucho mi carácter, mis convicciones. No me importan los comentarios ajenos, las miradas ajenas, nada ”, destaca Santiago.

No solo lo inspiró, sino que también cambió su percepción sobre los demás: “Cambió mucho mi tacto y mi mirada sobre los demás, sobre todo con las personas que son diferentes o tienen una cualidad distinta al resto. Me dio mucha empatía y siento que falta bastante en la sociedad ”.

Su mensaje hacia su yo del pasado es claro: “Si yo tuviera a ese Santi de nueve años enfrente, le diría que es un bajón, que lo entiendo, que es algo muy triste y difícil de aceptar, pero que cuanto antes se pele y lo acepte, va a ser mucho mejor ”.

A los 24 años, Santiago mira hacia atrás y encuentra una conclusión diferente a la que tenía durante su infancia: “Por más que sea una diferencia estética que te marca, todo está en la mente y con personalidad se llega a todos lados ”.


Fuente: TN


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