
Hay personas que disfrutan sinceramente de los logros ajenos y no dudan en felicitar a un amigo, familiar o compañero de trabajo. Sin embargo, también existen quienes prefieren mantenerse en silencio cuando alguien de su entorno alcanza una meta , recibe un ascenso o consigue aquello por lo que llevaba mucho tiempo trabajando.
A simple vista, esta actitud puede interpretarse como envidia, egoísmo o falta de empatía . Sin embargo, la psicología plantea que detrás de esa reacción puede existir un mecanismo mucho más complejo: la comparación social y la autoprotección emocional .
El éxito de otra persona puede funcionar como un espejo y hacer visibles aspectos de la propia vida con los que existe insatisfacción. Por eso, cuanto más cercana es la persona que consigue el logro, mayor puede ser el impacto emocional.
Una de las explicaciones está relacionada con la teoría de la comparación social , desarrollada por el psicólogo Leon Festinger. Según este planteo, las personas tienden a evaluar sus capacidades, decisiones y progresos en relación con los demás.
Esto explica por qué el éxito de una celebridad desconocida puede generar una reacción muy diferente al de un hermano, un amigo o un compañero que comenzó desde una situación similar.
Cuando alguien cercano consigue aquello que uno también desea, el logro puede dejar de percibirse únicamente como una buena noticia para convertirse en un recordatorio de lo que todavía no se alcanzó.
En ese contexto, no felicitar puede funcionar como una respuesta defensiva . La persona evita enfrentarse durante unos instantes con sus propias frustraciones, inseguridades o expectativas incumplidas.
El denominado efecto espejo ayuda a comprender esta conducta. Al observar los avances de personas cercanas, algunas personas inevitablemente comparan esas conquistas con su propia situación.
Por ejemplo, el ascenso de un compañero puede hacer que alguien piense que está estancado laboralmente. La compra de una casa por parte de un amigo puede despertar frustración en quien todavía no consiguió independizarse. Incluso un logro aparentemente pequeño puede tocar una inseguridad que ya existía.
Por eso, la reacción no necesariamente significa que la persona quiera que al otro le vaya mal. En determinados casos, simplemente no sabe cómo gestionar lo que ese éxito le provoca internamente .
Otra posibilidad es que el logro ajeno entre en contacto con una herida emocional o una insatisfacción personal .
Una persona que durante años sintió que no cumplió con sus propias expectativas puede experimentar incomodidad cuando alguien de su misma edad alcanza una meta importante. La felicitación, que para otros sería un gesto espontáneo, puede convertirse en una situación emocionalmente difícil.
En esos casos aparece una especie de bloqueo: la persona sabe que debería alegrarse por el otro, pero al mismo tiempo experimenta sentimientos desagradables relacionados con su propia situación.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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